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La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 406


A pesar del profundo deseo de Sovieshu y del Marqués Karl, no se encontró a Glorym.

Se realizó una búsqueda exhaustiva en las aldeas y en el bosque cercano, e incluso, con el consentimiento de los países vecinos, en todas las aldeas fronterizas, pero no se encontró a la bebé de cabello plateado.

La posibilidad de que la bebé sobreviviera sola en el bosque era nula o casi nula, por lo que los caballeros lamentaron tener que informar que lo más probable era que Glorym hubiera muerto.

Sovieshu volvió a dormir. Podía ver a las personas que quería ver, aunque solo fuera en sueños.

Sovieshu realizaba su trabajo diario a la perfección y actuaba con normalidad en las audiencias con el pueblo, por lo que muchos creían que había olvidado la devastadora noticia y había vuelto a desempeñar su papel original como Emperador.

Sin embargo, bebía cinco o seis botellas de licor fuerte cada noche. Incluso con la puerta cerrada, se podían oír los sollozos que salían de su dormitorio.

—Su Majestad está dañando su estómago, así que no debe beber más alcohol. Por favor, deténgalo.

El médico del palacio, que no podía soportar ver a Sovieshu bebiendo hasta enfermar, le rogó al Marqués Karl. Pero Sovieshu era el Emperador del país, y no había forma de que su secretario pudiera detenerlo.

—Lo mejor sería que llegaran noticias de que la Emperatriz Navier ha despertado…

Los secretarios de Sovieshu estaban muy preocupados.

Pero antes de que llegaran noticias sobre Navier, llegó otra terrible noticia sobre Glorym.

Uno de los caballeros encargados de la búsqueda en el bosque había encontrado la ropa ensangrentada de Glorym en una cueva.

Como los bandidos creían que la bebé podría pertenecer a una familia noble importante, el Señor Celestial de los Eternos bandidos ordenó fingir su muerte por si acaso, y sus subordinados usaron deliberadamente la ropa de la bebé para lograrlo.

Los caballeros no sabían que los bandido habían tomado a la bebé y estaban seguros de que Glorym había muerto.

Sovieshu perdió completamente el sentido cuando sostuvo la ropa de la bebé.

—Glorym… mi hija.

Mientras sostenía la ropa con ambas manos, no podía cerrar la boca y sus ojos se abrieron de par en par. Había visto esa ropa en la bebé antes.

—Mi hija. Mi pequeña. Mi bebé.

Los ojos de Sovieshu se llenaron de lágrimas.

Con un nudo en la garganta, cayó de rodillas y presionó la ropa contra su pecho. Las lágrimas le corrían por el rostro.

—¡Glorym!

Sovieshu entró en su dormitorio y se acercó al retrato de Glorym.

Abrazando la ropa ensangrentada, dejó escapar un profundo suspiro mientras miraba el retrato de Glorym, pintado en los días en que estaba sana y feliz.

Recordó sus pequeñas extremidades, su amplia sonrisa, sus labios adorables y la primera vez que la oyó deciraba, aba.

Sovieshu suspiró y se retorció de dolor.

La eché, una bebé tan adorable, mi propia hija. Es como si la hubiera matado.

—¡Por favor, créame!

La voz llena de rencor de Rashta resonó en sus oídos.

—¡Es la hija de Su Majestad!

Recordó cómo se movía la bebé en sus brazos. Era muy pequeña y frágil. Una bebé que debía ser protegida. Era la más preciosa, la más dulce del mundo.

—¡Hija, llévate a tu padre! ¡Hija, llévate a tu padre contigo!

Sovieshu no podía soportarlo. Lloró y golpeó su cabeza contra la pared.

Navier murió. Mi hija murió. Todo fue en vano.

La pérdida, la ira y la frustración que crecían dentro de él eran insoportables.

El dolor que sentía cada vez que golpeaba su cabeza contra la pared suprimía momentáneamente el dolor en su corazón.

—¡Su Majestad! ¡Cálmese, Su Majestad!

Sus secretarios irrumpieron para contenerlo, pero Sovieshu los apartó y siguió golpeándose la cabeza contra la pared.

No dejó de hacerse daño hasta que su frente empezó a sangrar.

Sovieshu sintió que el corazón se le salía del pecho cuando la bebé, a quien había abandonado, apareció ante sus ojos, asustada, como si estuviera esperando ser encontrada antes de morir.

—¡Glorym! ¡Glorym! ¡Mi bebé! ¡Traigan a mi bebé! ¡Marqués Karl, encuentre a mi bebé!

Un caballero de la Guardia Imperial, que no podía soportar ver el estado actual de Sovieshu, se acercó y lo dejó inconsciente con un golpe en la nuca. Estaba preparado para recibir un castigo severo, pero lo hizo de todos modos.

Sin embargo, el Marqués Karl le indicó al caballero que había hecho lo correcto.

El mismo caballero llevó a Sovieshu a su cama.

—¿No sería mejor atar a Su Majestad… hasta que se calme un poco?

El Emperador parecía completamente fuera de control, tanto que no le importaba hacerse daño frente a otras personas. El caballero estaba preocupado por lo que pudiera hacer impulsivamente.

El Marqués Karl lo pensó por un momento, pero negó con la cabeza.

—No podemos hacerlo sin una buena razón.

El Marqués Karl también creía que Sovieshu estaba en una condición grave, pero no se atrevía a atar al Emperador.

—¿Qué hay del enviado que viajó con Evely al Imperio del Este? ¿Aún no ha regresado?

—No.

—Bueno, todavía es muy pronto para esperar su regreso, pero… espero que vuelva pronto. Creo que eso calmaría un poco a Su Majestad.

El Marqués Karl dudó sobre si debía quitarle la ropa de la bebé a Sovieshu. Al final, la escondió cuidadosamente y salió de la habitación.

Dejar solo a Sovieshu fue un error.

Cuando despertó, Sovieshu vio los dos retratos en su dormitorio y lloró desconsoladamente. Las dos mujeres en los cuadros se fusionaron en su visión nublada por las lágrimas.

Navier y Glorym. Su amada esposa y su amada hija. La familia perfecta que siempre había soñado apareció ante sus ojos.

Sovieshu se golpeó el pecho mientras lloraba y gritaba sus nombres. Extendió las manos hacia la esposa que siempre había estado a su lado y la llamó.

—Navier… ayúdame, Navier. Duele. Navier. Por favor, ayúdame.

Sin embargo, al recordar las noticias del Imperio Occidental sobre el ataque que dejó a Navier en coma, sus hombros temblaron y soltó una risa extraña. No era una risa verdadera. La risa era producto del pico de su tristeza.

Debí haber impedido que Navier fuera a ese maldito país.

Sus decisiones tontas y egoístas ahora le causaban un enorme dolor y arrepentimiento.

Le pareció que Navier se veía inusualmente pálida en el retrato ese día. Como un cadáver.

Sovieshu creyó que Navier había muerto, al igual que su hija.

Sovieshu se desplomó ante el retrato de Glorym.

—Bebé. Mi bebé. Glorym, ¿Dónde estás?

Las lágrimas, que fluían sin cesar, nublaban aún más su vista.

—Glorym. Papá está aquí. Mi bebé, ¿Dónde estás?

Mientras sollozaba, de repente sintió miedo.

¿Qué tan asustada estará mi hija sin su padre a su lado? Debe tener mucho miedo.

Le aterraba pensar que si no le tomaba la mano con fuerza, no podría avanzar. Incluso ahora, estaba separada de la Vizcondesa Verdi, quien la cuidaba.

Una bebé tan angelical merece ir al cielo. Pero no podrá encontrar ese camino mientras llora y llama a su padre.

Sovieshu ordenó a un sirviente que le llevara alcohol y volvió a beber.

Después de beber mucho, una ilusión de Navier apareció ante sus ojos. La ilusión aparecía cada vez que bebía.

Sovieshu habló con Navier entre lágrimas.

—No sé si podré hacerlo bien.

—Lo harás bien. El único que cometió un error fui yo.

—Deja de beber.

—Navier… Navier… por favor, vive. Dime que estás viva. Dime que eres feliz. Por favor.

Entonces, Navier desapareció.

¿Será porque empecé a hablar de la realidad?

Sovieshu se levantó y miró a su alrededor.

En ese momento, vio a Navier alejarse por la ventana. Llevaba el mismo vestido que usó el día en que pelearon por Rashta.

Al igual que entonces, las manos de Sovieshu descansaban firmemente en el alféizar. La diferencia era que ahora lloraba y negaba con la cabeza.

Lo siento, lo siento, lo siento…

Se disculpó varias veces, pero luego vio a una persona de pie en el techo.

Era Rashta. Observaba cómo Navier pasaba mientras su cabello plateado, empapado en sangre, ondeaba.

Los ojos de Sovieshu se abrieron de par en par.

Es una ilusión, solo una ilusión…

Mientras repetía estas palabras en su mente, Rashta giró la cabeza hacia él.

Sonrió ampliamente, la sangre se acumulaba en su boca, y señaló hacia abajo con el dedo.

Sovieshu negó con la cabeza.

¡No lo hagas! ¡No lo hagas! ¡Por favor, no!

Pero Rashta saltó del techo hacia Navier.

—¡Nooo!

Sovieshu gritó y saltó por la ventana.

Traducido por: Valiz

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