La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 405
—Su Majestad. Se ha encontrado a la Vizcondesa Verdi, pero no había rastro del bebé.
El caballero que daba el informe hablaba con seriedad.
Sovieshu no había dormido durante varios días. Como resultado, tenía ojeras bajo los ojos y parecía tan débil que si alguien lo empujara apenas un poco, se derrumbaría de inmediato y no podría levantarse.
Había sido entrenado desde niño y estaba acostumbrado a trabajar como siempre, sin importar cuán agotado estuviera, pero en estos días su mente no funcionaba del todo.
Sovieshu miró al caballero con ojos hundidos. El caballero bajó la cabeza, incapaz de soportar la mirada del Emperador. Parecía que la vida se había extinguido de los ojos de Sovieshu.
—Se llevó a cabo una búsqueda exhaustiva, pero no fue encontrada. Además, cuando encontramos a la Vizcondesa...
—¿Dónde la encontraron?
—Fue más allá de las fronteras, en un camino rodeado por bosque, lejos del pueblo más cercano. El carruaje se había volcado y la Vizcondesa estaba herida.
El Marqués Karl, que estaba al lado de Sovieshu, se llevó la mano a la frente. Glorym era un bebé, y si había sido dejada sola en el bosque...
Sovieshu cerró los ojos. Tenía dolor de cabeza y sintió una punzada en el estómago que era difícil de soportar. El hilo de esperanza al que se había aferrado durante los últimos días parecía haberse roto.
Sovieshu parecía terriblemente agotado, así que el Marqués Karl preguntó.
—¿Por qué se volcó el carruaje? ¿Fue un accidente?
El caballero recordó el momento en que encontraron a la Vizcondesa Verdi inconsciente. No quedaban objetos de valor en el carruaje.
—Los bandidos ya habían saqueado el carruaje. Cuando este se volcó, el cochero murió y la Vizcondesa Verdi resultó herida.
—¿Le preguntaron a la Vizcondesa Verdi por el bebé?
—Le pregunté mientras trataban sus heridas. Lo último que escuchó fue a un bandido, que dijo que se llevaran solo los objetos de valor.
El Marqués Karl miró a Sovieshu. Su rostro se había vuelto terriblemente pálido, como una figura de cera sin color. El Marqués Karl dio la orden:
—Envíen hombres a buscar en todas las aldeas y bosques cercanos. Averigüen si alguien recogió un bebé, si un bebé apareció de repente en alguna casa, si pasó un viajero con un bebé, y cosas por el estilo.
Una vez que el caballero se fue, el Marqués Karl preguntó a Sovieshu.
—¿Qué hará con la Vizcondesa Verdi, Su Majestad?
Si el bebé aún ostentaba el título de Princesa y se había perdido mientras estaba bajo el cuidado de la Vizcondesa, se consideraría un crimen grave. Sin embargo, la posición de Glorym aún no había sido restaurada, por lo que no se había cometido tal crimen.
Por otro lado, Glorym era hija de criminales y debía estar encerrada en una torre, por lo tanto, escapar en secreto con ella sí era un crimen.
Pero Sovieshu había pasado por alto la fuga de la Vizcondesa Verdi, e incluso había relajado las inspecciones en los puntos de control, así que este asunto no podía ser tratado conforme a la ley.
—Lo pensaré en otro momento.
Sovieshu murmuró con voz pesada.
Su mente estaba absorta en la nota que había dejado el Duque Elgy sobre la verdadera identidad de Glorym. No podía pensar en nada más.
Después de que el Marqués Karl se retiró, Sovieshu permaneció sentado en silencio, con la mirada fija en la alfombra. Se cubrió el rostro con las manos y suspiró con dolor.
¿Dónde está? ¿Gateó sola? No podía gatear cuando la tenía a mi lado. Pero ahora... ahora no sé nada de ella.
¿Glorym sabe que está perdida?
Estaba muy preocupado.
¿Quizás los bandidos también se llevaron al bebé? ¿Qué pueden hacer con un bebé? ¿La venderán como esclava?
Legalmente, solo los criminales y sus descendientes podían convertirse en esclavos, pero había muchas personas esclavizadas de forma ilegal. Rivetti fue rescatada de tal destino por los propios caballeros de Sovieshu.
Si los bandidos quieren vender al bebé como esclava...
—Glorym... Glorym...
Todo tipo de pensamientos terribles pasaron por su mente. Tenía miedo de que un animal salvaje atacara al bebé, que un pájaro la dejara caer mientras la llevaba en sus garras, que los bandidos la mataran por hacer ruido, o que la vendieran como esclava.
Sus manos temblaban y su estómago volvió a doler. Sovieshu tocó la pequeña campana y pidió alcohol. No podía soportar esta situación estando sobrio.
En cuanto el sirviente trajo una botella de alcohol, Sovieshu bebió directamente de ella.
Cuando pidió la quinta botella, el Marqués Karl ya no pudo quedarse de brazos cruzados y entró para detenerlo.
—Su Majestad.
—¿Quién le dijo que entrara?
—Perdóneme, Su Majestad. Pero sería perjudicial para su salud beber más.
—Lo sé. Es solo que... no lo soporto.
Sovieshu no estaba enojado. Ni siquiera parecía tener fuerzas para enojarse.
El Marqués Karl se acercó con cuidado, le quitó la botella de las manos y la colocó en la bandeja. El vaso vacío que había traído el sirviente seguía en la bandeja, intacto.
—Su Majestad.
—Ya no voy a beber, así que váyase.
—Su Majestad.
—He dicho que ya no voy a beber.
Sovieshu ordenó con la mano en la frente, pero el Marqués Karl no se marchó.
—Las pruebas de paternidad se realizaron frente a muchas personas. Los resultados no pudieron ser manipulados delante de tantos testigos. Todos vimos el momento en que el sacerdote extrajo sangre de la niña para las pruebas.
—...
—Incluso si el Duque Elgy logró alterar los resultados de las pruebas de paternidad en el templo, aún no podemos saber la verdad. El propio Duque Elgy no sabría los verdaderos resultados.
—...
—Además, aunque Glorym sea encontrada, la prueba de paternidad no puede repetirse porque Rashta está muerta.
Sovieshu retiró lentamente la mano de su frente. Su mirada era helada, pero el Marqués Karl no se detuvo.
—El Duque Elgy se atrevió a decir eso, no porque esté convencido de que Glorym es hija de Su Majestad, sino para atormentar a Su Majestad con la duda. El hecho de que haya dejado un mensaje confirmando la paternidad de Glorym, cuando el mismo Duque Elgy desconoce la verdad, es prueba de sus malas intenciones. Él guarda rencor contra Su Majestad, así que no debe caer en su trampa.
El Duque Elgy solo le entregó las llaves y dejó la caja fuerte en la posada para retrasar a Sovieshu y ganar tiempo para salir de la capital rumbo a un puerto cercano.
Cuando Sovieshu ordenó capturar a la Vizcondesa Verdi y al Duque Elgy, el Duque ya había subido a un barco.
El Marqués Karl tenía razón. El Duque Elgy hizo numerosos preparativos. Era muy probable que su presencia en el templo no fuera para manipular los resultados, sino para sembrar dudas más adelante sobre la posibilidad de que estos hubieran sido manipulados.
Aunque Sovieshu comprendía lo que quería decir el Marqués Karl, no podía aceptarlo.
—Si los resultados fueron manipulados, ¿Eso no significa que existe la posibilidad de que sea mi hija?
—Su Majestad...
—Si esa bebé es mi hija, entonces yo habría causado la muerte de mi propia hija con mis acciones. ¿Cómo me pide que me calme?
—No está muerta, Su Majestad. La encontraremos.
El Marqués Karl trató de tranquilizarlo, pero Sovieshu ya no podía escucharlo.
La idea de no volver a ver nunca más a la niña que tanto había deseado lo llenaba de un miedo terrible.
El Marqués Karl miró a Sovieshu con pesar, pero luego tomó la botella y se marchó.
Podía escuchar los gritos angustiados de Sovieshu a través de la puerta cerrada.
La bebé debe ser encontrada.
El Marqués Karl creía que el Duque Elgy había mentido, pero aún así esperaba que encontraran al bebé. De lo contrario, temía que Sovieshu no pudiera superar este impacto.
Traducido por: Valiz
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