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La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 404


Los ojos de la Vizcondesa Verdi estaban llenos de amor mientras observaba al bebé profundamente dormido. Sostenía a Glorym en sus brazos para mantenerla caliente.

Aunque no había sido fácil, la huida había sido más fluida de lo que esperaba. Las inspecciones de los caballeros en los puestos de control no eran estrictas, y la gente con la que se cruzaban era amable. A este ritmo, parecía que podrían cruzar la frontera en unas pocas horas.

Es una suerte que Lord Koshar haya expulsado a los bandidos del Eterno de esta zona.

Los bandidos del Eterno solían merodear con frecuencia por esa región, pero cuando Koshar fue exiliado allí por el Duque Troby, hizo de combatirlos su pasatiempo. Gracias a Koshar, creía la Vizcondesa Verdi, no había actualmente rastros de los bandidos del Eterno. Incluso había escuchado que ahora estaban aterrorizando a la gente en el Imperio Occidental.

Cuando por fin llegaron a Palme, la Vizcondesa Verdi bajó del carruaje con el bebé en brazos y fue al baño. Podía dormir y comer en el carruaje, pero no le quedaba más remedio que dejar su seguridad para usar el baño.

Entró en una posada cercana y pidió comida. Mientras esperaba, escuchó a unas personas susurrar.

—¿Una mujer con un bebé?

—Sí. Los caballeros parecen tener prisa por encontrarla.

—¿Es una criminal?

—No lo sé. Hay tanto apuro por hallarla que debe estar en serios problemas.

Eran viajeros que venían de lejos y se habían topado con controles más estrictos de lo habitual.

La Vizcondesa Verdi regresó rápidamente al carruaje sin esperar la comida.

—¡Vamos, rápido!

La Vizcondesa apuró al cochero. Aunque no estaba segura de que la mujer con un bebé de la que hablaban los viajeros fuera ella y Glorym, sería mejor evitar cualquier posible riesgo.

El cochero había sido dispuesto por el Duque Elgy, quien le había informado de la situación, por lo que puso en marcha el carruaje sin hacer preguntas, y partieron de Palme justo antes de que los caballeros reforzaran la inspección en los puestos de control.

El corazón de la Vizcondesa latía con fuerza y abrazó al bebé con fuerza.

De hecho, los puestos de control parecían más flexibles de lo usual, hasta ahora. ¿Acaso el Emperador Sovieshu nos dejó escapar? ¿Es porque aún le queda algo de amor por la bebé?

Sovieshu había enviado al médico del palacio cuando Glorym enfermó y la había mantenido protegida dentro del Palacio Imperial mientras estallaba el escándalo, así que la Vizcondesa Verdi creía que aún le tenía cierto afecto a Glorym.

Pero si ese es el caso, ¿Por qué intenta atraparnos ahora?

Después de oír a la gente en la posada, la Vizcondesa Verdi comenzó a dudar.

Afortunadamente, tanto el carruaje como los caballos eran excelentes, y el cochero era muy competente, así que el carruaje aceleró al recibir la orden de la Vizcondesa.

—La bebé se parece tanto a Rashta que me preocupa.

Las palabras del Duque Elgy vinieron a su mente e incrementaron su nerviosismo.

De repente, el cochero perdió el control de los caballos y el carruaje empezó a girar.

—¡Aaaahh!

La Vizcondesa Verdi protegió al bebé con los brazos. El carruaje, que giró varias veces, se detuvo al chocar contra una enorme roca y volcarse.

La Vizcondesa recibió un fuerte golpe, pero no soltó al bebé, ni siquiera cuando sintió que estaba por perder el conocimiento. No podía oír bien, pero era consciente de que el bebé lloraba desconsoladamente.

Alguien abrió la puerta del carruaje bruscamente. Los ruidos no cesaban y unas manos rudas arrancaron a la Princesa de sus brazos.

—¡No!

Con gran esfuerzo, la Vizcondesa Verdi se arrastró hacia la puerta, extendiendo las manos hacia el bebé.

Un hombre alto y de aspecto despiadado sostenía al bebé con una sola mano, mirando sin piedad a la frágil Vizcondesa.

—Mi señor, ¿Qué desea hacer?

—Desháganse de todo lo inútil.

Al oír esas palabras, la Vizcondesa Verdi perdió el conocimiento.

El hombre que tomó a Glorym era Kelderek, el Señor Celestial de los bandidos del Eterno Mil. Sostenía al bebé como si fuera un saco mientras daba instrucciones a sus subordinados.

—¡Revisen el carruaje! ¡Debe haber mucho dinero y joyas! Parece que pertenece a un noble que escapó a toda prisa, así que deberíamos encontrar muchos objetos valiosos.

Sus subordinados rieron y comenzaron a registrar el carruaje. Tal como había deducido su líder, encontraron muchas joyas y dinero en el interior.

Kelderek rió con buen humor. Hacía tiempo que no lograban resultados tan buenos, así que sus subordinados lo elogiaron.

—Tuvimos mucha suerte en nuestro primer día de regreso. Nuestra suerte seguirá mejorando a partir de ahora.

—¡Nuestro Señor Celestial tenía razón sobre ese bastardo Koshar!

—Sí, ese bastardo logró deshacerse de su mala reputación cuando dejó el Imperio Oriental.

Habían partido hacia el Imperio Occidental para escapar de Koshar, pero se toparon con él de nuevo apenas llegaron. Luego se enteraron de que la hermana de Koshar se había convertido en la Emperatriz del Imperio Occidental.

Los bandidos no creían que fuera una simple coincidencia. Sentían que los hermanos de esa familia tenían algún tipo de rencor contra ellos, ya que dondequiera que iban, Koshar los enfrentaba y su hermana se volvía Emperatriz.

Tuvieron que mudarse otra vez, así que Kelderek se exprimió el cerebro y decidió regresar al Imperio Oriental.

El resultado ya estaba dando frutos.

—¡Soy un genio! Koshar, eres un maldito bastardo. ¡Que nunca nos volvamos a encontrar!

Kelderek rió y le entregó el bebé al subordinado que estaba a su lado.

—Déjala en cualquier parte. Vámonos.

Sin embargo, antes de que los bandidos se marcharan, un hombre llamado Bucheon se acercó de pronto al bebé, lo tomó en brazos y murmuró:

—¿Acaso… acaso esta bebé no se parece a mi hija?

Al oír esas palabras, Kelderek tembló y gritó furioso.

—¡¿Qué estás diciendo, imbécil?! ¡¿Cómo puedes comparar tu cara fea con una bebé como esta?! ¡Pídele disculpas por la ofensa!

Bucheon cambió rápidamente sus palabras.

—¡Se parece a mi esposa! Eso quise decir.

—¡¿Piensas antes de hablar?!

Kelderek volvió a temblar, pero Bucheon lo ignoró e hizo una petición.

—Mi señor, ¿No dijo que dejáramos a esta niña en cualquier parte? Por favor, déjenme llevarla a mi casa.

—¡¿Qué?! ¿Por qué?

—Llevo diez años casado con mi esposa, pero no hemos podido tener hijos. Esta niña es idéntica a mi esposa, así que debe ser mi hija.

—Imbécil… no tienes ni una pizca de inteligencia.

—¿Eh? Tiene dos ojos, una nariz y una boca, igual que mi esposa, ¿No es cierto?

—Imbécil. Haz lo que quieras.

Kelderek lo insultó una vez más, pero Bucheon estaba encantado. Sostuvo al bebé con ternura y le susurró:

—Mi hija, mi hija.

Traducido por: Valiz

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