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La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 401


Estaba lloviendo tan fuerte que, incluso con un paraguas, uno aún se mojaba.

Pocas personas se aventuraron a salir bajo la lluvia, especialmente los nobles, quienes preferían quedarse en sus grandes mansiones, calentándose frente a la chimenea y bebiendo sopa caliente.

Sin embargo, dos nobles y un bebé se aventuraron ese día.

—Para ser honesta, no entiendo por qué quiere ayudar a la Princesa.

—El Emperador Sovieshu podría matar al bebé por venganza.

Era el Duque Elgy, la Vizcondesa Verdi, y Glorym, envuelta en una manta, dormida en los brazos de la Vizcondesa.

—Su Majestad no sería tan cruel.

—Bueno, es solo una suposición de mi parte. Pero aunque no la mate, sus padres son criminales, así que la niña se convertirá en esclava. ¿No sería una pena?

La Vizcondesa Verdi lo miró, preocupada.

Se dice que el enemigo de tu enemigo es tu amigo, pero el Duque Elgy, quien traicionó a Rashta, no podía considerarse un amigo de la Vizcondesa Verdi.

Aunque ambos compartían el hecho de haber traicionado a Rashta, la Vizcondesa Verdi aún desconfiaba del Duque Elgy.

Sin embargo, no tuvo más remedio que aceptar la propuesta del Duque Elgy de huir con Glorym, porque en ese momento nadie prestaba demasiada atención a los hijos de Rashta. No había cambiado su opinión sobre él, pero no podía pedirle ayuda a nadie más.

Había pasado unos días desde que aceptó su ayuda, así que ahora ya estaban a cierta distancia de la capital.

Pero la desconfianza no desaparecía.

¿Por qué el Duque Elgy se molestaría en ayudar a la Princesa?

El Duque Elgy, que notó su desconfianza, sonrió levemente.

—Esta será la primera y última vez que ayudo, después de esto, no nos volveremos a ver.

—Eso no responde la pregunta de por qué ofreció ayudarnos.

El Duque Elgy respondió fríamente.

—No la forcé a aceptar mi ayuda. Si no la quiere, puede rechazarla e irse. No necesito convencerla.

Sus palabras eran desagradables, pero era cierto. La Vizcondesa Verdi tenía que decidir si arriesgarse o dejar a Glorym en manos de Sovieshu.

Fue su decisión venir hasta aquí bajo la sugerencia del Duque Elgy. Lo hizo para proteger a esta adorable bebé, a quien había cuidado desde su nacimiento.

—Parece que no va a echarse atrás.

—Ahora no es el momento de quedarse quieta.

La Vizcondesa Verdi, quien habló con firmeza, abrazó al bebé más fuerte, como si estuviera dispuesta a sacrificarse para protegerla.

El Duque Elgy murmuró mientras observaba al bebé dormir plácidamente bajo la fuerte lluvia.

—El bebé se parece tanto a Rashta que me preocupa.

La Vizcondesa Verdi cubrió apresuradamente la cabeza de Glorym con la manta.

Eso también era lo que más la preocupaba.

El bebé se parecía demasiado a Rashta. Cualquiera que conociera el rostro de Rashta lo vería reflejado en Glorym.

El Duque Elgy suspiró y salió de la carreta. Su sirviente, que lo esperaba afuera, abrió rápidamente el paraguas y lo levantó sobre su cabeza.

Dio una última mirada a la Princesa y a la Vizcondesa Verdi, y les aconsejó:

—El Emperador Sovieshu podría estar tras de ustedes, así que más vale que se apuren. No será agradable si él las encuentra.

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Mientras Sovieshu miraba las cartas de varios países cercanos sobre su escritorio, suspiró y se recostó contra el respaldo de la silla.

Habían pasado unos días desde que la posición de Emperatriz se había vaciado, y ya los nobles estaban aconsejando que Sovieshu aceptara a una nueva Emperatriz.

Eso era todo por el momento, pero Sovieshu sabía que las diversas facciones se harían más ruidosas a medida que pasara el tiempo.

Sovieshu suspiró nuevamente. No quería que nadie estuviera a su lado en ese momento. No solo porque había pasado por dos divorcios en rápida sucesión, sino también por la maldición de Rashta.

En el Alto Tribunal, Rashta gritó que Sovieshu era un hombre castrado y que no tenía semillas.

Pocas personas creyeron sus palabras maliciosas. La mayoría pensó que era el último movimiento desesperado de Rashta, mientras que algunos solo lo consideraron una posibilidad.

Pero si Sovieshu se casaba por tercera vez, sería una historia diferente. Todos esperarían atentamente a que la tercera Emperatriz quedara embarazada de Sovieshu. Solo pensar en ello era agotador.

Cuanto más lo pensaba, más sentía un dolor agudo en el costado del estómago. Al final, Sovieshu llamó al médico del palacio.

—¿Está bien, Su Majestad?

—Siento un dolor agudo alrededor del estómago.

El médico del palacio dijo después de examinarlo:

—Tome esto. Necesita aclarar su mente, Su Majestad.

El médico del palacio le entregó la medicina y se fue. Sovieshu salió de su oficina poco después.

Deambuló lentamente por el palacio principal mientras intentaba calmar su mente abrumada. Pero, sin importar adónde fuera, la tristeza era insoportable porque seguía recordando los viejos tiempos.

Fue muy difícil para Sovieshu ver a Navier casarse con otro hombre frente a sus propios ojos, pero pudo soportarlo por el bebé que estaba por nacer.

Sin embargo, ahora que el bebé se había ido, también se había ido su paz mental. Sentía que estaba solo en medio de una pesada tormenta de nieve.

—La Vizcondesa Verdi debe haberse escapado con seguridad.

Lo que se sabía por fuera era que Glorym estaba encerrada en la torre opuesta a la de Rashta. Sovieshu se quedó atónito por un momento mientras recordaba a la niña que nunca volvería a ver, luego sacudió la cabeza y se alejó por el pasillo.

Deambular sin rumbo lo abrumaba aún más, así que decidió regresar a su oficina.

Sin embargo, encontró al Marqués Karl parado frente a su oficina con una expresión muy incómoda. A su lado estaba un hombre de cabello negro que Sovieshu nunca había visto antes.

—¿Qué está pasando?

Cuando Sovieshu preguntó mientras se acercaba, el Marqués Karl hizo una reverencia cortés y señaló al hombre de cabello negro.

—Su Majestad, este es un enviado del Imperio Occidental. Ha venido con un mensaje urgente.

Sovieshu frunció el ceño.

—¿Un enviado?

—Mi nombre es Crow, Su Majestad. Es la primera vez que le saludo.

El hombre de cabello negro parecía demasiado común como para haber venido como enviado. Ni siquiera tenía escolta ni sirvientes.

Pero si no fuera un enviado oficial, el Marqués Karl no lo habría traído.

—¿Para qué ha venido?

Sovieshu preguntó un poco ansioso. Como ya había recibido cartas y delegaciones de otros países, no sería extraño que llegara un enviado del Imperio Occidental en ese momento.

¿Entonces por qué me siento tan incómodo?Si fuera un simple enviado que viniera a expresar el apoyo del Imperio Occidental, no habría llegado con un mensaje urgente.

—Su Majestad, la Emperatriz Navier del Imperio Occidental ha sido atacada.

Sus palabras lo golpearon como un rayo. Sovieshu no pudo decir nada por un momento.

¿Atacada...? ¿Atacada...? ¿Atacada?

—¿Qué quiere decir con atacada?

Cuando Sovieshu, que tardó en asimilarlo, preguntó con miedo, el enviado de cabello negro respondió con dificultad.

—Exactamente lo que dije. Un hombre que guardaba rencor contra el Emperador Heinley se lanzó deliberadamente sobre la Emperatriz Navier desde el techo del Palacio Imperial.

El Marqués Karl miró al enviado con la boca abierta mientras Sovieshu, por reflejo, sacudía la cabeza.

No puede ser. No puede ser.

Entonces le vino a la mente Evely. Evely era una maga extremadamente rara y valiosa, ya que tenía poderes curativos.

Si es Evely... espera, ¿En qué estado está Navier? No me digas que...

—¿Murió?

La voz de Sovieshu temblaba como la de una oveja.

—No.

El enviado de cabello negro respondió rápidamente.

—Está viva. Pero está en coma...

Antes de que el enviado pudiera solicitar oficialmente la ayuda de una maga que el Emperador Heinley conocía, Sovieshu dio un paso adelante y dijo:

—Hay una maga en nuestro país que puede usar magia curativa. La Emperatriz Navier la apoyó en el pasado. Esta maga puede ir al Imperio Occidental para ayudarla.

Sovieshu se giró hacia el Marqués Karl y emitió la orden.

—Marqués Karl. Encuentre a Evely y cuéntele la situación por el camino.

Luego, Sovieshu ordenó al Conde Pirnu que preparara la carreta y los caballos más rápidos.

Dentro de tres horas, la delegación estaba lista para partir hacia el Imperio Occidental. Incluía a Evely, quien se encargaría del tratamiento de la Emperatriz Navier, caballeros anticipando posibles ataques, funcionarios para entender el contexto del incidente y una persona que regresaría al Imperio Oriental con un informe de la situación.

Debido a la necesidad de velocidad, solo una carreta haría el viaje. Todos los involucrados tenían una relación cercana con la Emperatriz Navier, por lo que terminaron rápidamente sus preparativos y subieron a la carreta.

—Navier...

Sovieshu mencionó su nombre dolorosamente mientras miraba por la ventana la carreta a lo lejos.

—Navier, ¿Qué te ha pasado...?

Todo sucedió tan rápido que en realidad era difícil de asimilar. De repente, Sovieshu sintió un dolor agudo en su pecho, así que apretó su puño y apoyó su cabeza en el marco de la ventana.

Traducido por: Valiz

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