La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 390
Sovieshu se levantó con un suspiro.
—Nunca he dicho que convertirte en Emperatriz fuera tu culpa. Sé que fue culpa mía. Soy el único culpable de que mi matrimonio con Navier haya terminado. Soy el único culpable por haber creído en ti.
—...
—Serás castigada por todos los crímenes que has cometido, Rashta. ¿Cuándo lo vas a reconocer?
—¿Qué he hecho yo?
—¿De verdad no lo sabes?
—No.
—Bueno, no importa si no lo sabes. A donde vas, no necesitas una respuesta.
Sovieshu habló con frialdad y caminó hacia la puerta.
Rashta, que se quejaba con indignación, se bajó de la cama asustada por las palabras de Sovieshu.
—Su Majestad, Su Majestad. Espere un momento.
Corrió apresuradamente, se arrodilló y lo abrazó por la cintura.
—No me opondré a la destitución. Aceptaré el divorcio de inmediato. Pero por favor, permítanos a Glorym y a mí vivir tranquilamente, en algún lugar apartado del campo. Por favor, no quiero ir a juicio. Me dan miedo las personas.
Sovieshu miró hacia abajo. Sus manos blancas temblaban de forma lastimosa. Sin embargo, la apartó.
—Es absurdo pedir un trato después de todo lo que has hecho, Rashta.
Ella se desplomó sin fuerzas en el suelo, gritando, con el rostro completamente enrojecido.
—¡Soy inocente! ¡Es injusto que me castiguen! ¡Es Su Majestad quien debería ser castigado por sus crímenes!
—El Alto Tribunal enumerará cada uno de tus crímenes.
—¡Yo revelaré los suyos!
—¿Qué?
—¡Su Majestad engañó a todos porque siempre supo que yo era una esclava fugitiva! ¡Lo diré todo! ¿Por qué no hablar si voy a morir de todos modos? ¡Lo diré todo!
Rashta gritó con todas sus fuerzas, pero Sovieshu ni siquiera se inmutó.
—Dilo.
—¡…!
—No importa si lo dices porque no hay pruebas. Si la gente te cree, me verán como un Emperador necio que fue cegado por el amor. Pero eso es todo. Con el tiempo, se olvidará.
—...
—En cambio, ¿No deberías pensar en tus hijos?
—¿Qué…?
—En realidad, tu hijo se convertirá en esclavo, sin importar lo que reveles sobre mí.
Rashta se quedó desconcertada y preguntó, asustada,
—¿Qué quiere decir? ¿Por qué Ahn se convertirá en esclavo? ¿Qué hizo Ahn?
—El niño tendrá que pagar por los crímenes de sus padres.
Rashta no tenía afecto por Ahn. Al menos, eso era lo que pensaba antes.
Pero ahora, la desesperación llenó su corazón y sintió un dolor insoportable.
Aunque Rashta no amaba a Ahn tanto como a Glorym, no quería que Ahn sufriera.
—¡No sé quién es usted! ¡No lo reconozco! ¡Es peor que el Duque Elgy! ¡Es un maldito bastardo! ¡¿Cómo puede hacer esto?!
Sovieshu esquivó fácilmente a Rashta, que se lanzó sobre él con el rostro deformado por el dolor y la rabia. Abrió la puerta y salió.
Detrás de la puerta cerrada se oían gritos impotentes, como los de un animal atrapado.
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Finalmente llegó el día del juicio de la Emperatriz Rashta. El cielo estaba de un gris opaco y la gente acudía en masa al Alto Tribunal para presenciar el histórico juicio con un ánimo inquieto, sus mentes estaban en un torbellino.
Una mujer de belleza incomparable que logró cautivar al Emperador y destronar a una Emperatriz digna. La Emperatriz que intentó engañar al Emperador para que su hija, nacida de su amante, se convirtiera en Princesa. La Emperatriz que trató de matar a una mujer inocente por miedo a que el Emperador se fijara en ella. La Emperatriz que entregó un puerto por un apuesto Duque extranjero del que se enamoró. La Emperatriz que fue capturada intentando escapar.
Aunque se alegraban de que la Emperatriz Rashta fuera finalmente castigada, era la misma Emperatriz Rashta que una vez fue elogiada y amada como la esperanza de los plebeyos. Por un breve tiempo, había sido la luz que anhelaban.
Resultó ser una falsa esperanza.
El Conde Pirnu, que odiaba a Rashta, tampoco estaba muy animado. Sin embargo, no era por la caída de Rashta. Era porque dos Emperatrices habían tenido que dejar el trono en poco tiempo.
Dado el panorama actual, la próxima Emperatriz definitivamente no sería una plebeya.
La posición más alta a la que alguien sin sangre imperial podía aspirar era la de Emperatriz del Imperio Oriental. Solo pensar en la cantidad de familias nobles que competirían ferozmente para elevar a sus hijas a esa honorable posición ya era un dolor de cabeza.
El Conde Pirnu tenía papel y pluma para registrar los resultados del juicio de hoy. Por supuesto, había personas encargadas de eso, pero él pensaba registrar los acontecimientos a su manera.
—Conde Pirnu.
La mano ocupada del Conde se detuvo cuando Sovieshu habló.
—Sí, Su Majestad.
—¿Dónde está Navier? ¿Ha llegado?
El Conde Pirnu no tenía respuesta. Afortunadamente, el Marqués Karl, que acababa de entrar, respondió en su lugar.
—Su Majestad. La Emperatriz Navier llegó anoche a la Mansión Troby.
—¿A la Mansión Troby?
—La Duquesa Troby, la Emperatriz Navier y el Emperador Heinley llegaron directamente a la mansión.
La expresión de Sovieshu se tornó ansiosa.
—¿Asistirá al juicio?
—Su Majestad, como le informé anteriormente, la Emperatriz Navier pretende observar discretamente, así que es mejor no buscarla.
—¿Eso significa que la veré entre el público general? ¿O se sentará entre la nobleza?
—Sobre eso…
El Marqués Karl intentó no hablar de forma inapropiada. Sin embargo, ¿Cuánto tiempo podría evadir educadamente lo que en realidad el Emperador Sovieshu quería saber? Finalmente, no pudo contenerse por más tiempo.
—Su Majestad. La Emperatriz Navier no vino aquí como representante del Imperio Occidental, sino como su exesposa. Por favor, absténgase de preguntar por los detalles.
La expresión de Sovieshu se endureció.
Traducido por: Valiz
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