La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 387
Arian intentó disuadirla una vez más, pero Rashta respondió entre lágrimas,
—Lo dice porque no estuvo en el Alto Tribunal. ¡No sabe lo furiosos que están todos! ¡Nadie quiere escucharme! ¡Tengo miedo!
Arian la miró en silencio durante un momento, luego suspiró y dio un paso atrás.
—Entonces márchese rápido, Su Majestad. Fingiré que no la vi.
Rashta se secó las lágrimas mientras miraba a Arian con asombro.
—¿Qué quiere decir?
—Fingiré que no vi a Su Majestad huir… márchese, rápido.
Rashta la miró atónita.
¿De verdad? ¿De verdad lo dice en serio?
Le parecía extraño que Arian, quien le acababa de decir que no huyera, de pronto cambiara de opinión. No apartó la vista de ella, que mantenía la mirada baja hacia el suelo.
—Gracias. Gracias.
Murmuró Rashta y se dirigió a la puerta.
No.
Sin embargo, se detuvo al tomar el pomo y entrecerró los ojos.
Arian solo actúa así para salvarse ella misma.
Rashta recordó a todos los que la habían traicionado. Cada persona en quien confió creyendo que sería diferente la había decepcionado. Desde Alan, a quien consideraba amable, hasta Sovieshu, su salvador.
¿Y ahora Arian quería ayudarla? ¿Una sirvienta con la que ni siquiera tenía una relación cercana?
Por supuesto que no. En cuanto me vaya, irá directo a Su Majestad a decirle que huí. Por eso parece tan sumisa.
Tras pensarlo, Rashta se dio la vuelta, sacó con cuidado la daga que tenía escondida en la manga y la sostuvo firmemente detrás de la espalda.
—Arian… muchas gracias.
Luego se acercó lentamente a Arian con lágrimas en los ojos.
༻✦༺ ༻✧༺ ༻✦༺
Cuando Rashta llegó a la entrada del Palacio Occidental a la hora indicada por el Barón Lant, no vio a ningún caballero.
Por el bullicio cercano, parecía que el Barón había usado algún truco para obligarlos a perseguir a otra persona.
En cuanto salió del Palacio Occidental, Rashta se puso una capa holgada y ocultó su rostro con la capucha.
Cruzó los jardines y llegó al pasillo cercano que le había indicado el Barón Lant. La luz del sol estaba bloqueada y todo estaba en silencio.
Mientras caminaba en línea recta, vio un carruaje listo para partir al final del pasillo.
—Por aquí.
El Barón Lant le habló en voz baja desde dentro del carruaje. Rashta corrió rápidamente, abrió la puerta y se desplomó en el asiento, tratando de recuperar el aliento.
Le temblaban las manos. Aún sentía la espantosa sensación de haber atravesado carne en las yemas de los dedos.
—¿Su Majestad?
—¿Sí? ¿Sí?
—Huelo sangre… ¿Se encuentra bien?
—Me descubrieron en el camino, así que tuve un pequeño altercado…
Cuando Rashta habló con los labios temblorosos, el Barón Lant no hizo más preguntas. En su lugar, retiró la cubierta del asiento frente a él.
Rashta lo observó mientras abrazaba su cuerpo tembloroso. Sintió una leve curiosidad por el motivo de haber quitado la cubierta.
—Su Majestad. Por favor, entre aquí.
—¿Aquí?
Cuando Rashta preguntó sorprendida, el Barón Lant respondió rápidamente que sí.
—Navier debió usar este método para escapar. Parece simple, pero nadie piensa en buscar aquí a menos que se haga una inspección exhaustiva del carruaje. La mayoría de los carruajes no tienen interiores huecos en los asientos porque los bandidos podrían atacarlos desde abajo.
—Entiendo.
El espacio dentro del asiento parecía estrecho e incómodo, pero Rashta entró rápido y se acurrucó.
El Barón Lant volvió a colocar la cubierta. Al poco tiempo, el carruaje empezó a moverse lentamente.
No era fácil permanecer encerrada sola en un espacio oscuro. Cada vez que el carruaje se sacudía, el corazón de Rashta se encogía y apretaba más sus rodillas.
Para ahuyentar sus miedos, se obligó a pensar en cosas esperanzadoras.
Si salgo de aquí… al menos no volveré a ser esclava. Venderé las joyas que traje para comprarme una casita. ¿Qué más puedo hacer…? Puedo hacer cualquier cosa. Eso sí, no volveré a enamorarme. Tampoco confiaré en nadie… ¿Cuánto tiempo llevo en este carruaje así?
—¿Ya salimos de la capital?
El Barón Lant respondió en voz baja,
—Sí, hemos salido de la capital. Estamos a medio camino de nuestro destino. Puede estar tranquila.
Rashta suspiró aliviada y las lágrimas resbalaron por sus mejillas.
—Cuando lleguemos al siguiente pueblo, buscaré un cochero que lleve a Su Majestad a otro país y regresaré de inmediato. Si me ausento mucho tiempo de mi puesto, levantaré sospechas.
Rashta se acurrucó aún más en el oscuro espacio y agradeció varias veces al Barón Lant.
Pero… ¿De verdad puedo confiar en el Barón Lant? Es secretario de Su Majestad Sovieshu. ¿No sentirá remordimientos y me delatará?
Aunque la situación se volvió un poco más segura, volvió a sentirse en peligro.
Si Sovieshu confía en el Barón Lant, ¿Podría yo confiar en él también?
En ese momento, se escuchó un fuerte estruendo y el carruaje se detuvo de golpe.
¿Qué está pasando?
Rashta permaneció en silencio con los ojos muy abiertos. Su corazón latía tan fuerte que no podía oír los ruidos del exterior.
Poco a poco, las voces del exterior se hicieron más claras. Rashta escuchó al Barón Lant discutiendo con otro hombre.
¿Esa no es… la voz del Duque Tuania?
No tuvo tiempo de sorprenderse por la voz inesperada cuando de pronto sintió que el carruaje se inclinaba. Sobresaltada, Rashta quitó las manos de sus rodillas y trató de sostenerse dentro del asiento.
El carruaje, que se había inclinado por completo hacia un lado, cayó con un fuerte golpe. Rashta no logró mantenerse firme y cayó de lado.
Luchó por usar ambas manos para quitar la cubierta del asiento. Sin embargo, estaba en una posición muy incómoda y no podía moverse bien, ya que el interior del asiento era tan estrecho que no tenía espacio.
No obstante, sabía que quedarse en el carruaje no era seguro en medio del alboroto exterior.
—¡Dije que no hay nadie dentro!
—¿No hay nadie? ¿Significa que mis caballeros pueden atravesar el carruaje con sus lanzas sin problemas?
—¡Duque Tuania, no puede tocar el carruaje de otro sin permiso!
—¿Eh? ¿Cuándo se volvió tan ingenuo, Barón Lant?
—¡No puede hacerlo! ¡No puede hacerlo!
—¡Yo pagaré los daños! ¡Caballeros, atraviesen el carruaje con sus lanzas!
—¡Como ordene, señor!
Sin revisar primero el interior del carruaje, el Duque Tuania ordenó a sus caballeros que lo atacaran.
Rashta entró en pánico y trató desesperadamente de salir del espacio estrecho, pero resbaló. Le temblaban las manos.
En ese momento, la punta afilada de una lanza atravesó la parte superior del asiento, justo sobre la cabeza de Rashta.
—¡Aaaahh!
Rashta gritó de terror. Mientras gritaba, muchas lanzas más atravesaron el carruaje desde distintas direcciones con enorme fuerza.
No había la menor misericordia en los hombres que perforaban el carruaje. En cuanto uno de ellos apuntara hacia la parte inferior, estaba segura de que la matarían.
—¡Sáquenme! ¡Sáquenme! ¡Hay alguien dentro! ¡Sáquenme!
En cuanto Rashta gritó, el ataque al carruaje se detuvo.
Rashta sollozó.
Poco después, la puerta se abrió de golpe y varias manos grandes la sacaron del asiento.
Cuando Rashta vio la situación afuera, todo su cuerpo se estremeció.
Los caballeros la rodeaban por todos lados.
El Barón Lant estaba en el suelo. Parecía haber sido golpeado al intentar detener a los caballeros.
Pero pronto, la atención de Rashta se centró en el Duque Tuania, quien tenía una sonrisa cruel en el rostro.
—Perdí a mi esposa por tu culpa. He estado esperando el día en que pudiera vengarme desde que supe lo que hiciste, Rashta.
Rashta palideció y retrocedió tambaleándose.
—¡Déjenme… por favor, déjenme ir!
Traducido por: Valiz
◈❖◈
Si te gustó, Puedes apoyarnos aquí ~ [http://www.paypal.com/paypalme/MangoNovelas]
Tambien contamos con página de facebook ~ [https://www.facebook.com/MangoNovelas]
Tambien visítanos en TikTok ~ [https://www.tiktok.com/@mangonovelas]
Comentarios