La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 386
En el Palacio Occidental, las manos de Rashta temblaban mientras se jalaba el cabello.
Jamás esperó que el matrimonio Isqua la traicionara.
El intento de engañar al Emperador era un crimen extremadamente grave, que no podía compararse con el intento de asesinar a Evely. Por esa razón, el Juez Supremo los sentenció a muerte en el acto.
La sentencia solo podría ser revocada más adelante si una prueba de paternidad mostraba que Rashta era su hija, después de todo.
No será revocada.
Rashta negó con la cabeza. Sabía que no era su hija real, así que tenía claro el resultado si se hacía una prueba de paternidad. La sentencia definitivamente no se revocaría.
Ahora, solo había un escenario posible. Los Isqua morirían como nobles caídos, malvados y miserables, que conspiraron con la concubina del Emperador para engañarlo, y Rashta…
—¡No! ¡No!
Rashta gritó y volcó el juego de té. Este se hizo añicos con un fuerte estruendo, pero no le prestó atención.
A Rashta le costaba respirar. No podía creerlo. Sus cargos se verían agravados por las escandalosas confesiones del Vizconde y la Vizcondesa Isqua.
Por las mentiras que contó esa escoria.
Engañar al Emperador al afirmar que la hija de Rashta era su hija biológica ya era un crimen grave, pero ahora su matrimonio era visto como una artimaña planeada por Rashta. Parte de su vida había sido expuesta rápidamente como una farsa.
—¡No! ¡No! ¡No es verdad! ¡Ese bastardo de Sovieshu fue quien me pidió que me casara con él!
Rashta gritó, empujó la mesa y pateó la silla.
—¡El Duque Elgy fue quien trajo al matrimonio Isqua!
Apretó el puño, pateó la cama furiosa, mordió una almohada y la arrojó al suelo.
—¡El Vizconde Roteschu es un maldito bastardo! ¡Ni siquiera estaría satisfecha si lo torturara hasta la muerte con mis propias manos! ¡Debí matarlo! ¡Debí matarlo!
Su ira no disminuía por más que gritara, se revolviera, se jalara el cabello y sollozara.
El Vizconde Roteschu siempre fue una basura repugnante. Pero yo realmente amaba al matrimonio Isqua. Incluso llegué a desear que fueran mis verdaderos padres.
Su traición se convirtió en una lanza clavada en su corazón.
Rashta cayó de rodillas y sollozó.
¿Por qué todos me traicionan? ¿Por qué todos son tan crueles conmigo? ¿Por qué nadie me apoya?
Rashta recordó cómo la gente maldecía mientras arrojaba huevos y frutas en el juicio del Vizconde Roteschu y Alan. Y luego recordó las voces horribles que clamaban porque la Emperatriz Rashta fuera sentenciada junto a ellos de inmediato…
Eventualmente, su miedo se hizo más fuerte que su rabia.
—Debo huir. La sugerencia del Barón Lant de escapar tiene sentido ahora. No puedo quedarme más tiempo aquí. ¡Todos culpan a Rashta!
Rashta llamó desesperadamente a Arian, su doncella más experimentada. Aunque no confiaba en ella, no podía abandonar el Palacio Occidental por su cuenta.
Solo el Barón Lant podía ayudarla a huir, así que tenía que llamarlo.
—¿Su Majestad?
Arian se sobresaltó al ver la habitación dada vuelta.
Rashta, con los ojos llenos de lágrimas, le hizo una súplica.
—El Barón Lant… Llama al Barón Lant. ¡Por favor, rápido!
Arian vaciló un momento, pero luego se fue.
Rashta no estaba segura de si Arian haría eso por ella, pero después de un rato el Barón Lant llegó.
Tan pronto como Rashta quedó sola con él, lo sujetó de la ropa entre lágrimas y le rogó.
—Tengo miedo. Tengo miedo, Barón Lant. Todos me culpan por sus propios errores. Todos intentan hundirme para salvarse. A este paso, sin duda me sentenciarán a muerte. No quiero morir. ¡No quiero morir! ¡Por favor ayúdeme a huir! ¡Sáqueme de aquí! ¡Por favor!
El Barón Lant alzó las manos con torpeza y una expresión preocupada.
Su sugerencia de hace unos días había sido impulsiva, cuando pensaba en la inocente Rashta de sus días como concubina, pero ahora había recobrado la razón.
Aún sentía compasión por ella, pero había demasiados factores a considerar y no podía actuar solo por lástima. Además, la situación actual era peor que la de hace unos días, cuando le sugirió que escapara.
—Su Majestad…
—Por favor, Barón Lant. Por favor.
Mientras el Barón Lant dudaba, Rashta lo miró con ojos suplicantes, como los de un cachorro.
Lucía tan desamparada que cualquiera se habría estremecido. Sus ojos negros parecían los de un animal atrapado.
—No puedo ayudarla del todo, pero… la ayudaré a salir de la capital.
Al final, el Barón Lant accedió. Aunque pudo haber hecho oídos sordos a la súplica de Rashta, sintió que tendría pesadillas el resto de su vida si no la ayudaba.
—¡Gracias! ¡Muchas gracias!
—Debemos salir de aquí ahora mismo.
—Pero los caballeros me impedirán salir del Palacio Occidental.
—Puedo distraer a los caballeros por un tiempo. No es fácil, pero basta con lograrlo una vez, así que dese prisa y tome todo su dinero.
A Rashta no le quedaba mucho dinero. Cuando pidió a los Isqua que se fueran, les ofreció la mayor parte de las joyas que tenía. Rashta nunca tuvo acceso directo a fondos como Emperatriz, así que no podía usarlos.
—Espere unos minutos.
Aun así, Rashta comenzó a registrar cada rincón de la habitación. En un lugar donde no tendría conexiones, identidad ni parientes, solo el dinero podría ayudarla. Así que decidió llevarse todo lo que pudiera usarse como tal.
—Iré primero a hacer los preparativos necesarios…
El Barón Lant ya había preparado un carruaje para Rashta hace unos días. Miró su reloj.
—En 30 minutos, lograré que los caballeros abandonen sus puestos en la puerta del Palacio Occidental. Salga por ahí, vaya al pasillo y siga derecho.
—De acuerdo.
—Vístase como siempre hasta llegar a la puerta. Una vez afuera, pongase una capa que cubra su ropa y su rostro.
El Barón Lant salió de la habitación. Ella aún se movía afanosamente, recolectando joyas y objetos valiosos. Al mismo tiempo, mantenía un ojo en el reloj.
Rashta salió de la habitación 15 minutos después. Calculó que sería mejor salir ya, aunque no hubiera recogido todos sus objetos valiosos, a arriesgarse a quedarse sin tiempo.
Sin embargo, se sorprendió al entrar al salón de visitas. Arian parecía estar esperándola.
—¿No dijo… que iba a lavar la ropa?
Rashta tartamudeó y examinó a Arian, cuyo rostro lucía rígido, no su expresión obediente y tranquila de siempre.
En cuanto la vio, Rashta supo que Arian había tomado una decisión importante.
Claramente va a delatarme.
El rostro de Rashta palideció mientras miraba a Arian con furia.
Arian le aconsejó, preocupada:
—Su Majestad, si huye, solo empeorará su situación. Será mejor que enfrente las acusaciones.
Pero Rashta creía que Arian tenía motivos ocultos.
¿Desde cuándo le importa lo que me pase?
Arian ni siquiera disuadió a las doncellas cuando dejaron de obedecer a Rashta.
Si no fuera por el artículo sobre cuántas veces Rashta reemplazaba a sus doncellas, la habría reasignado o despedido inmediatamente.
Rashta se sorprendía de que ahora le hablara así.
—Su Majestad, debe defenderse si no hizo nada malo. De lo contrario, debe asumir las consecuencias. No es buena idea huir.
Traducido por: Valiz
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