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La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 374


—¿En qué piensas, Mi Reina?

Estaba sentada en una cómoda silla del jardín admirando el rojizo atardecer cuando escuché la dulce voz de Heinley a mi lado.

Al girarme, lo vi mirarme con ojos cálidos. Una de sus manos descansaba sobre el respaldo de mi silla. Sus ojos violetas, mezclados con el resplandor rojizo del atardecer, creaban una atmósfera aún más misteriosa de lo habitual.

—No pareces muy contenta. ¿Es porque aún estás molesta por las historias de guerra?

—No.

Sonreí y acaricié su mejilla con la mano.

—Te dije que está bien leerle historias de guerra al bebé, mientras omitas las partes violentas que no son apropiadas para un bebé.

Heinley se inclinó un poco y frotó su mejilla contra mi mano. Luego besó ligeramente mi palma y habló con preocupación.

—Pero, Mi Reina, no pareces muy alegre.

—Estoy confundida… por las noticias del Imperio del Este.

—¿No estás feliz?

—Tengo sentimientos encontrados. No son noticias felices, pero sí satisfactorias.

Sovieshu había alardeado de su amor con Rashta, y yo había presenciado cómo alguien cambia cuando surge el amor. Ahora, estaba presenciando cómo alguien cambia cuando el amor termina.

Claro, si el artículo era cierto, Rashta había hecho tantas cosas malas que ni el amor podía cubrirlas.

Pero ahora que Sovieshu se alejaba de Rashta… el hombre que acusó falsamente a mi hermano por ella, y que la creía sin importar lo que yo dijera… me hacía sentir algo extraño.

Me pregunto si mi amor con Heinley podría terminar así.

Pero rápidamente descarté ese pensamiento. Nuestro amor apenas comenzaba, no había razón para hablar del final.

Además, nuestro amor no tenía por qué acabar, como el de Sovieshu. Nuestro amor podía ser duradero, como el de mis padres.

Sacudí la cabeza, luego tiré del cuello de Heinley y besé sus labios.

Fue placentero escucharlo gemir por el beso.

—Reina. ¿No es esto una mala educación prenatal? El pajarito lo escuchará.

—No creo que el pajarito haya escuchado tus gemidos.

—Pero no creo que pueda detenerme.

—No te preocupes. El bebé está dormido ahora mismo.

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La pareja Isqua estaba sentada contra la pared de su celda en estado de shock. Se veían demacrados, como si su alma los hubiera abandonado.

El Vizconde Isqua arañaba el frío suelo de piedra con las uñas, mientras su esposa se tiraba del cabello.

Ambos tenían los ojos hundidos y el rostro pálido, al punto de parecer vagabundos en lugar de una pareja noble.

—¿Se habrán vuelto locos estos dos?

Un guardia hizo el comentario al verlos, pero la pareja Isqua ni siquiera se inmutó ante sus palabras. La verdad que les había revelado el Vizconde Roteschu les dolía más que las burlas de un guardia. Sin embargo, todavía tenían dudas.

—¿Podría ser cierto?

Después de mucho tiempo, la Vizcondesa Isqua preguntó con dificultad.

—¿Esa maga es realmente… nuestra hija?

—No lo sé. Fue el Vizconde Roteschu, de entre todos, quien nos lo dijo.

—Pero nunca hemos tenido contacto directo con el Vizconde Roteschu. ¿Por qué nos mentiría?

—Eso es cierto.

—Aunque sé que las pruebas que presentó el Vizconde Roteschu no son concluyentes…

La Vizcondesa Isqua suspiró. Cuanto más hablaba del tema, más le dolía y más se arrepentía. El Vizconde Isqua también dejó escapar un profundo suspiro y se cubrió la cabeza con ambas manos.

—Ahora que lo pienso, se parece un poco a nosotros.

—Sí, su cabello es del mismo color que el tuyo, y sus ojos del mismo color que los míos.

—No es una mala chica. Pensábamos que lo era porque estábamos del lado de Rashta en ese entonces.

—Así es. Es todo lo contrario. Es una chica muy inteligente y valiente…

Cuanto más hablaban, más parecían darse cuenta de las virtudes de Evely. Cuando la veían como enemiga de Rashta, las acciones de Evely parecían maliciosas y arrogantes. Pero el prejuicio que los cegaba ya había desaparecido, y ahora les costaba entender cómo alguna vez pudieron verla con tan malos ojos.

Ahora les dolía darse cuenta, aunque tarde, de que Evely era una buena chica.

—¿No deberíamos hablar con ella primero?

—¿Qué vas a decirle?

—Nosotros

—¿Crees que le gustaría saberlo?

—No podemos dejar la relación como está.

Aunque la pareja fuera condenada por intentar asesinar a una plebeya, pronto saldrían de prisión, ya que los nobles rara vez recibían un castigo severo por ese tipo de crimen.

Si Evely realmente era su hija, debían reparar la relación de alguna manera.

En ese momento, se escucharon pasos bajando por las escaleras de la prisión. La pareja dejó de hablar y esperó a ver quién venía.

Inesperadamente, apareció Evely.

La pareja miró a Evely con sorpresa, mientras ella los observaba fríamente. Sus miradas se entrelazaron con intensidad.

—Señorita Evely, ¿Por qué ha venido?

La Vizcondesa Isqua forzó una sonrisa. La frialdad de su hija le partía el corazón. Quería tocarla, mirarla más de cerca, saber cómo había estado todos estos años. Aunque trató de mostrarse serena, su voz temblaba.

—Parece que tienen miedo…

Evely murmuró mientras miraba a la Vizcondesa Isqua con una expresión pétrea. Su tono era indiferente y su mirada aguda. Sentía un desprecio total por la pareja, y eso les dolía.

—Señorita Evely…

Esta vez fue el Vizconde Isqua quien llamó cuidadosamente a Evely, pero ella preguntó con frialdad,

—¿Hoy no me tratarán como a una sucia plebeya?

La pareja se sobresaltó al recordar todo lo que le habían dicho a Evely. Sus palabras del pasado ahora eran como dagas que les atravesaban el pecho.

Evely sonrió despreocupadamente,

—Tenían una actitud altiva cuando eran libres, ahora dan lástima encerrados aquí.

—Señorita Evely, tenemos algo que decirle.

—¿Qué es?

—Queremos disculparnos… por lo mal que la hemos tratado…

La Vizcondesa Isqua habló nuevamente con voz temblorosa. Sin embargo, Evely frunció el ceño y levantó la mano para que se detuviera.

—Oh, no hace falta que se disculpen. No es una disculpa sincera de todos modos.

Antes de que cualquiera pudiera responder, Evely añadió:

—¿No es cierto?

Los rostros de la pareja palidecieron.

—Si se están disculpando ahora, es porque temen que testifique contra ustedes en el tribunal. Y eso es precisamente lo que haré.

—Esa no es la razón, señorita Evely.

—Me molesta que ahora quieran fingir respeto. Preferiría que actuaran como lo hacen normalmente, aunque sea con grosería.

Evely dio un paso atrás, como si no pudiera soportar el hedor que emanaba de la celda.

Sus acciones volvieron a herir a la pareja.

—Y preguntaron por qué vine. Ustedes solían acercarse a mí para burlarse. Ahora, yo vine a hacer lo mismo.

Cada palabra de Evely los desgarraba.

Traducido por: Valiz

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