La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 368
Cuando el Vizconde Roteschu llegó al Palacio Imperial, dos Caballeros Imperiales apostados en la entrada trasera se le acercaron.
—¿En qué puedo ayudarles?
Preguntó el Vizconde Roteschu, asustado, y uno de los caballeros respondió con severidad,
—Síganos.
El Vizconde Roteschu se estremeció, pero no se resistió.
Por mucho que quisiera darse la vuelta y huir, el pensamiento de lo que podría pasarle a Rivetti y Alan si escapaba lo hizo recuperar el sentido. Así que los siguió, aunque cada paso que daba le resultaba difícil.
Poco después, llegaron frente al despacho del Emperador.
—Está aquí, Su Majestad.
Se oyó una pequeña campanilla en el interior. El caballero abrió la puerta e hizo un gesto al Vizconde Roteschu. Este tragó saliva con fuerza antes de entrar.
—Me dijeron que me buscaba, Su Majestad.
El Vizconde Roteschu hizo una profunda reverencia.
Sentado en su escritorio, el Emperador Sovieshu fulminó con la mirada al Vizconde Roteschu. Tenía una expresión muy fría y, si el Vizconde hubiera podido leerle la mente, habría sabido que por dentro se sentía aún peor.
Sovieshu estaba enfurecido al pensar que la Princesa tenía la sangre del Vizconde Roteschu. Verle la cara le resultaba indignante. Rashta había sido nuera de ese hombre, y su familia parecía empeñada en arruinar a la Familia Imperial.
—Levante la cabeza.
Sin embargo, la voz que salió de la boca de Sovieshu fue tranquila.
El Vizconde Roteschu no había hecho contacto visual con Sovieshu aún, ya que estaba profundamente inclinado.
Cuando sus miradas se cruzaron, Roteschu se estremeció ante la expresión fría del Emperador. Fuera lo que fuera a decirle, sin duda no sería algo bueno.
—Le diré dónde está su hija.
Inesperadamente, Sovieshu mencionó a Rivetti.
—¿Qué?
Mientras el Vizconde Roteschu lo miraba desconcertado, Sovieshu explicó fríamente,
—Rashta la secuestró y la vendió como esclava. Pude rescatarla y protegerla de Rashta, ya que podría intentar hacerle daño otra vez si supiera que está a salvo.
El Vizconde Roteschu parpadeó aturdido varias veces. No esperaba averiguar el paradero de Rivetti durante una audiencia con el Emperador.
Además... ¿Fue Rashta quien gastó una enorme suma de dinero para hacerle daño a mi hija?
El Vizconde Roteschu recordó que ambas se llevaban mal desde que estaban en su finca. Claro, en aquel entonces Rashta no estaba en condiciones de enfrentarse a Rivetti, así que su odio era unilateral.
Rashta debía guardar rencor contra Rivetti. Y como era chantajeada por el Vizconde Roteschu, quizás descargó todo ese resentimiento contra ella.
El Vizconde Roteschu frunció el ceño.
Pensé que esa sucia esclava cooperaría obedientemente, pero incluso se atrevió a atacar a mi hija.
Le horrorizaba y enfurecía que hubiera llegado tan lejos para herir a alguien que odiaba.
En medio de su indignación, el Vizconde Roteschu notó rápidamente un punto extraño.
—Su Majestad... ¿Por qué me dice esto?
No lo entendía, ya que Sovieshu estaba furioso por lo de Alan.
—Usted y su hijo morirán de todos modos por engañar a la Familia Imperial.
Los ojos del Vizconde Roteschu se agrandaron. Una sonrisa despiadada se extendió por los labios de Sovieshu.
—¿Quiere salvar a los otros dos?
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El Vizconde Roteschu caminaba ansiosamente por un pasillo del palacio imperial.
Sin duda, cuando el Emperador Sovieshu le preguntó si quería salvar a los ‘otros dos’, Rivetti debía de ser uno de ellos, ya que le dijo dónde estaba.
Pero no sabía quién era el otro.
Esperaba que Rivetti y su esposa fueran las ‘dos personas’ que el Emperador le permitiría salvar.
También quería salvar a Alan, incluso si debía dar su vida a cambio, pero Alan estaba demasiado implicado en todo esto. No podía hacer nada por él. Al menos quería que Rivetti y su esposa vivieran.
Ni la Princesa ni Ahn eran importantes para Roteschu.
El Vizconde Roteschu tenía tanto miedo de morir que las piernas le flaquearon, y se acuclilló en el pasillo.
—Oh, es curioso que nos encontremos aquí.
En ese momento, escuchó una voz que parecía amable por encima de su cabeza. Sin embargo, ocultaba un matiz burlón.
Cuando levantó la vista, vio al Marqués Farang mirándolo desde arriba.
Roteschu sabía que el Marqués Farang era amigo de la Emperatriz Navier y de su hermano. Como Rashta y la Emperatriz Navier eran enemigas, el hermano de Navier atacó al Vizconde Roteschu, quien apoyaba a Rashta desde las sombras.
Así que, aunque nunca habían interactuado mucho, su relación no era buena.
El Vizconde Roteschu se obligó a ponerse de pie y preguntó con mal humor,
—¿Qué quiere?
El Marqués Farang respondió con una risita.
—Nada. Es solo que la vida me parece divertida.
—¿Divertida...?
La voz del Vizconde Roteschu se distorsionó por un momento. Él y su hijo estaban a punto de morir. Le enfurecía que este hombre llamara a eso ‘diversión’.
Mientras el Vizconde Roteschu lo fulminaba con la mirada, el Marqués Farang habló con calma,
—No se enoje tanto. Fue lo bastante listo como para ayudar a Rashta a derribar a la Emperatriz Navier, así que también superará este obstáculo.
Estaba claro por las palabras del Marqués Farang que conocía bien la situación del Vizconde Roteschu, lo que hizo que este se enfadara aún más.
—¡¿Cómo pude haber derribado a Navier?! ¡¿Qué hice yo?!
—Usted y yo no somos cercanos, así que, por supuesto, no sé exactamente qué hizo.
—¡!
—Pero espero con interés ver lo que hará.
Una sonrisa misteriosa apareció en los labios del Marqués Farang.
El Vizconde Roteschu tragó saliva con fuerza.
—¿De qué está hablando?
Traducido por: Valiz
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