La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 342
La Princesa movió sus manitas mientras decía:
—Bubu, bubu.
Sovieshu sonrió ampliamente y presionó las mejillas del bebé con sus dedos.
—Mi bebé. ¿Quién es tu papá? ¿Quién es tu papá?
—¡Bubu!
—¿Quién es tu papá?
—¡Abubu!
La Vizcondesa Verdi miró a Sovieshu. El Emperador era evidentemente un padre cariñoso. Incluso en esta situación, visitaba frecuentemente a la Princesa para cuidarla.
No tan atento como antes, cuando solía llevarla a su oficina, pero mucho más que un Emperador común.
En los ojos de la vizcondesa Verdi, el Emperador y la Princesa eran como una copa de vidrio justo antes de romperse.
En ocasiones, Sovieshu sostenía al bebé en sus brazos y la acariciaba en la espalda con expresión sombría. En otras, las lágrimas se acumulaban en sus ojos aunque mantenía una sonrisa.
La risa del bebé sacó a la Vizcondesa Verdi de sus pensamientos. Justo entonces, Sovieshu estalló en llanto mientras sostenía al bebé.
La Vizcondesa Verdi desvió la mirada y salió apresuradamente. Sovieshu sollozó en silencio durante un rato, con las lágrimas cayendo por sus mejillas y sus anchos hombros temblando.
El bebé no sabía lo que ocurría, así que solo miraba alrededor de la habitación con los ojos muy abiertos. Estaba llena de curiosidad por el mundo, y todo le parecía divertido.
Finalmente, Sovieshu levantó la cabeza para examinar al bebé. Hoy también intentó encontrar el parecido que tenía con la Princesa, como lo hacía últimamente.
Una vez más, no había ningún parecido.
Sovieshu extendió la mano y arregló cuidadosamente el suave cabello del bebé, que se había despeinado.
—Mi bebé. Princesa.
—Bubu…
—Princesa.
Después de que Sovieshu llamó a la bebé con ternura unas cuantas veces, la colocó cuidadosamente en la espléndida cuna.
Mientras comenzaba a mecer la cuna suavemente, los ojos de la Princesa se cerraron lentamente.
Era una bebé muy dulce, ni siquiera su personalidad se parecía a la suya. La mirada de Sovieshu se oscureció, apartó la mano de la cuna y se alejó.
Sovieshu siempre se preguntaba si la Princesa tenía su sangre, aunque temía saber la respuesta. Sería una humillación para el Emperador tomar la iniciativa de hacerse la prueba de paternidad.
Afortunadamente, ese tonto joven noble llamado Alan había creado esta situación con sus propias manos.
La prueba de paternidad, que él quería hacer pero no pudo, había sido planteada por la gente.
En este escenario, Sovieshu solo tenía que decir que fue forzado a hacer la prueba de paternidad «por el bien de la Princesa y la Emperatriz».
Si resultaba ser cierto que la Princesa no era su hija, podría ser visto como un tonto enamorado en el Imperio del Este, pero pensaba que más gente se solidarizaría con él.
Sin embargo…
Quería creer en Rashta una vez más.
Sovieshu observó a la bebé dormir plácidamente, luego sacudió la cabeza y salió de su habitación.
No en la actual Rashta, sino en la Rashta que él había querido proteger.
No sabía qué había hecho que ella cambiara de esa manera, pero la Rashta de antes definitivamente no tenía contacto con otros hombres.
A menos que la hubiera juzgado mal, Glorym sería su hija.
Definitivamente.
Definitivamente.
Definitivamente.
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Cuando abrí la tapa de la caja abollada en una esquina, vi una joya de color azul claro. Dentro, brillaba un color blanco como el de un hada.
Suspiré inconscientemente.
Según la leyenda, esta joya, llamada «lágrima de hada», provenía de un hada que perdió a su esposo y cayó en un sueño eterno.
Era muy, muy preciosa.
Hay muchas joyas preciosas, pero pocas con una historia tan misteriosa como esta.
La joya fue enviada por Sovieshu. Mi exesposo.
¿De qué servía esto? Ahora que lo recuerdo, le pedí esta joya para mi cumpleaños hace unos años. Sovieshu estuvo de acuerdo al principio, pero luego cambió de opinión.
—Te la daré cuando tengamos nuestro primer hijo.
¿Recordaba esa promesa? Una emoción desconocida surgió dentro de mí, apreté el puño y volví a meter la joya en la caja.
Él no había aceptado que yo fuera feliz al lado de Heinley. ¿Por qué envió esto? ¿Por qué envió una joya que me recordaba nuestros días felices?
Además, este objeto precioso no fue enviado como un regalo oficial, sino como un regalo personal.
Habría sido mejor si lo hubiera enviado a través de la delegación, junto con los otros regalos que aún no había visto.
Después de cerrar la caja, finalmente llamé a Evely para devolverlo.
—¿Puedes devolver esto al Emperador Sovieshu?
Sin embargo, Evely rápidamente negó con la cabeza y dijo en voz baja,
—Ah… lo siento, Su Majestad. Pero… me pone en una posición incómoda.
—No puedo quedármelo. Es un regalo de mi exesposo.
—Su Majestad Sovieshu me ordenó dárselo. Si yo lo devolviera…
Evely habló en voz baja, con las manos fuertemente entrelazadas. Solo después de escuchar esas palabras entendí la incómoda posición en la que se encontraba Evely.
Siendo la Emperatriz del Imperio del Oeste, no me importaba devolver el regalo de mi exesposo. Sin embargo, Evely seguía siendo ciudadana del Imperio del Este.
Al final, no tuve más opción que dejarla ir. Luego coloqué la caja sobre una mesa pequeña mientras reflexionaba.
Sovieshu me lo había dado en secreto a través de Evely.
Si lo daba a alguien de la delegación del Imperio del Este… aunque especificara que debía ser «devuelto» al Emperador, parecería un regalo de mi parte a Sovieshu.
La única alternativa era devolverlo en secreto con alguien del Imperio del Oeste. Para eso, tendría que conseguir a alguien que creyera completamente en mí hasta el punto de que esa persona ni siquiera considerara extraño que yo enviara algo a Sovieshu en secreto.
¿Había alguien que cumpliera con eso y quisiera ir al Imperio del Este para ver a Sovieshu?
¿Debería hablar primero con Heinley? Pero, ¿No se ofendería?
Cada vez que me oía hablar bien de Sovieshu, se entristecía.
Si le dijera que Sovieshu me había enviado un regalo muy precioso, ¿No se sentiría triste y preocupado?
Aun así, tenía que decírselo. Pero debía hacerlo con las palabras correctas y en el momento adecuado.
Mientras estaba profundamente pensativa, inesperadamente, el gran Duque Kapmen vino a visitarme y me hizo una extraña pregunta.
—Su Majestad, ¿Está usted cerca de la señorita Evely del Imperio del Este?
Traducido por: Valiz
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