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La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 339


—La Emperatriz del Imperio Oriental dice cosas muy extrañas. Ninguna habría pasado.

—Aunque Su Majestad Heinley no quiera admitirlo. En realidad, es la verdad.

—Oh. ¿Desde cuándo una suposición es la verdad?

—Porque siempre tiene un sentido del humor tan malvado con Rashta.

—Emperatriz Rashta.

—Rashta solo habla de los viejos tiempos, ¿Qué hay de malo en eso?

¿Por qué Heinley no estaba tan directo como de costumbre? ¿Por qué le permitía seguir hablando tonterías?

—¿No recuerda las cartas, Su Majestad?

Ah. Es por las cartas.

Parece que no le hablaba con firmeza a Rashta por miedo a que hablara de las cartas que habíamos intercambiado en el pasado.

Si se llegara a saber que había intercambiado cartas con Heinley antes del divorcio, mis enemigos serían los más felices.

Me acusarían de haber tenido un romance con Heinley y enfatizarían que el divorcio no fue culpa de Sovieshu, sino mía.

Después de la muerte de Christa, la posición de los que la seguían cayó drásticamente. Aunque en el Imperio Occidental no me haría mucho daño escuchar un rumor sobre que tuve un romance con Heinley, podrían aferrarse a eso.

—Su Majestad Heinley, lo que dice la Emperatriz Rashta no es mentira. Aunque ahora Su Majestad solo tiene ojos para la Emperatriz Navier, antes parecía que le gustaba la Emperatriz Rashta.

Heinley se llevó las manos a las sienes al escuchar sobre las cartas. Esta vez, el Gran Duque Lilteang intervino y dijo que Heinley realmente le gustaba Rashta.

Heinley suspiró mientras miraba a Rashta. Tenía la cara de una persona sin plan y parecía estar pensando qué decir en esta situación.

—Emperatriz Rashta, está obsesionada con mis esposos. —Terminé hablando porque no soportaba verlo así—. ¿O es que está obsesionada conmigo?

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—¿Cuándo comenzaste a interesarte en esto?

—...

—Al principio no te interesaba en absoluto la nobleza, los chismes, etc.

—...

—¿Eh? ¿Realmente no vas a decirlo? Qué cruel, pensaba que éramos amigos, ¿Eh?

Ante la insistencia de su compañero, Joanson finalmente respondió,

—Siempre me interesó, pero no lo suficiente como para escribir artículos sobre ello.

A pesar de la clara molestia en su voz, su compañero no se apartó de su lado y hizo otra pregunta,

—¿Pero cómo un interés que mantuviste en silencio de repente se volvió tan definido? ¿Cómo?

—¿Por qué tienes tanta curiosidad?

—¡Todos la tienen, no solo yo!

Su compañero exclamó con un brillo en los ojos.

—Es sorprendente que de repente hayas revelado tal interés por la nobleza, las fiestas de alta sociedad, los chismes, etc… pero lo más sorprendente es que hayas difundido todo tipo de rumores tan pronto como revelaste ese interés. Ahora eres el periodista más famoso del Imperio Oriental. ¿No lo sabías?

Las palabras de su compañero eran ciertas.

Cuando Joanson comenzó a difamar a la Emperatriz Rashta, no muchos estuvieron de acuerdo con él. Lo mismo ocurrió cuando comenzó a levantar sospechas sobre ella.

Sin embargo, la situación había cambiado. Los periódicos en los que Joanson escribía sobre la Emperatriz Rashta ahora se vendían como pan caliente.

Se había convertido en uno de los periodistas más populares. La ira de la gente hacia la Emperatriz Rashta aumentaba con cada uno de sus artículos.

—¿Realmente no me vas a decir cómo lo conseguiste?

Joanson finalmente respondió indiferente a las quejas de su compañero.

—Un noble de alto estatus me proporciona la información.

Los ojos de su compañero se agrandaron.

—¿Un noble de alto estatus? ¿De verdad? ¿Un noble de alto estatus te cuenta los chismes de la alta sociedad?

—Sí.

—¿Confías en esa persona? —preguntó su compañero amargamente—. ¿Sabes que muchos de los nobles no son de fiar? ¿Es ese noble diferente?

Joanson levantó una esquina de la boca.

—Tampoco confío en esa persona.

La expresión de su compañero se volvió más confusa.

—¿Cómo puedes escribir artículos tan delicados si no confías en esa persona?

Para los periodistas comunes que no podían asistir a las fiestas de alta sociedad en persona, los chismes de los nobles eran un tema arriesgado de abordar.

—Además, ¿Cómo consiguió información tan valiosa de un noble de alto estatus en el que no confiaba…?

La confusión en el rostro de su compañero hizo que Joanson se riera.

—No te preocupes. No confío en el noble de alto estatus que me proporciona la información, pero estoy seguro de que ese noble detesta a la misma persona que yo.

—¿Quién es ese noble?

En lugar de responder, Joanson se levantó y preguntó,

—¿La Emperatriz Rashta regresará al imperio esta tarde?

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Era alrededor de las 3 de la tarde cuando Rashta regresó al Imperio Oriental.

Estaba bastante satisfecha con su visita al Imperio Occidental, así que tarareaba felizmente en la carreta. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan bien.

Aunque pasó por algunos problemas, no era nada comparado con lo que había sufrido en el Imperio Oriental. Hasta el punto de que no le importaba.

Puedo entender que el Emperador Heinley ya no esté enamorado de mí.

No era una sorpresa tan grande como para perturbar su alegría.

Lo merezco porque fui yo quien lo rechazó primero.

Rashta incluso consideraba la confrontación con la Emperatriz como algo insignificante.

Le resultaba desagradable discutir cara a cara con ella y odiaba ver a Navier ser felicitada por todos, pero esos sentimientos eran solo momentáneos.

La actitud educada de la gente del Imperio Occidental hacia la Emperatriz del Imperio Oriental la hacía tan feliz que opacaba esos disgustos.

El Duque Elgy tenía razón. A pesar de su situación en el Imperio Oriental, la gente del Imperio Occidental trataba a Rashta como la Emperatriz del Imperio Oriental.

Desde que se descubrió que había usado los pagarés de Navier en su nombre, desde que un periodista llamado Joanson comenzó a empañar su reputación, y desde que su hija fue arrebatada por Sovieshu, no se había sentido tan respetada.

Intenté ver a Glorym un par de veces más. Aun así, Su Majestad se negó a mostrarme a mi hija. ¿No sería mejor quedarme en el Imperio Occidental?

Cuando la carreta entró en el sofocante Palacio Imperial, Rashta pensó con arrepentimiento.

Pensándolo bien, podría ser una buena idea. ¿No sería mejor ser tratada como una invitada distinguida que ser una Emperatriz olvidada aquí?

Finalmente, la carreta entró en el jardín del Palacio Occidental.

Pero, ¿Eso significaría que Su Majestad Sovieshu sería libre de ver a otras mujeres? No me gusta eso.

Su emoción se desvaneció al ver el jardín familiar. Sus mejillas sonrosadas volvieron a su color original y la sensación de hormigueo en su interior desapareció por completo.

Su deseo de vivir en el Imperio Occidental como la Emperatriz del Imperio Oriental era irrealista…

Rashta rápidamente se deprimió y agarró las cortinas de la carreta. Este sentimiento se intensificó cuando vio a Alan en la entrada del Palacio Occidental. Sostenía a Ahn en sus brazos como si fuera un arma.

¿Por qué está aquí? ¿Vino nuevamente a hacer la absurda demanda de que su hijo sea tratado como un casi príncipe?

Ya le había dado una severa advertencia por escrito.

¿Se olvidó de mis palabras?pensó Rashta con rabia.

La carreta se detuvo cerca de la entrada mientras Rashta observaba a Ahn y Alan a través de la ventana.

—Su Majestad.

Alan, que había fijado los ojos en la carreta, sujetó a su hijo más firmemente como si se hubiera dado cuenta de quién estaba dentro.

Desde el primer momento en que Rashta vio su rostro, se sintió realmente incómoda. En cambio, la expresión de Alan se iluminó al pensar que Rashta estaba dentro de esa carreta.

Rashta se forzó a bajar de la carreta mientras luchaba contra el impulso de ordenar al cochero que diera la vuelta.

Si se alejaba después de verlos, causaría rumores extraños. Tenía que continuar con dignidad.

Una vez que Rashta salió de la carreta, se acercó a Alan y le preguntó en voz baja.

—¿Qué hace aquí?

—Yo… solo vine…

Alan no terminó sus palabras y abrazó a su hijo contra su pecho. Afortunadamente, esta vez el niño no lloraba, por lo que no atrajo tanta atención de las personas a su alrededor.

—Hablemos adentro.

Rashta no pudo echarlo, así que caminó rápidamente hacia adelante. Sin embargo, se detuvo después de unos pasos cuando escuchó un sonido estridente desde arriba.

Cuando miró hacia arriba, vio un gran pájaro que parecía ser usado como paloma mensajera. Tenía una carta atada a su pierna, pero Rashta volvió a bajar la cabeza. Ella no tenía relación con ese gran pájaro.

Ahora lo importante es mandar a Alan de vuelta lo antes posible.

Rashta caminó nuevamente para entrar al Palacio Occidental primero. Justo cuando Alan estaba a punto de seguirla con el niño en sus brazos, el largo pájaro, que parecía manso al rascarse el pelaje, de repente se lanzó hacia abajo.

—¡Fuera!

Sobresaltado, Alan agitó su mano libre. Pero el pájaro no se asustó, extendió sus alas y descendió más rápido.

Ahn estaba asustado, así que se aferró a su padre. El gran pájaro pasó rozando al pequeño niño. Tras un momento de alboroto, el pájaro voló inmediatamente hacia otro lugar.

Rashta se sorprendió cuando giró la cabeza,

—¡Nooo!

El sombrero que cubría la cabeza del niño rodó por el suelo como si hubiera sido golpeado por las alas o patas del pájaro.

Rashta corrió rápidamente hacia el sombrero. Para cuando extendió la mano para agarrarlo, la atención de las personas alrededor ya se había centrado en el pequeño Ahn.

Traducido por: Valiz

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