La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 336
—Debería haber prestado atención a Heinley cuando mostró interés en mí.
Rashta esperó a que los nobles se alejaran antes de salir de los arbustos y dirigirse a la habitación del Duque Elgy.
Cada vez que escuchaba el crujir de la hierba al caminar, su ira aumentaba.
—¿No te ves bien? —preguntó el Duque Elgy, dándose cuenta de inmediato de la profunda ira de Rashta.
—Escuché malas noticias.
Una vez que Rashta se aseguró de que no había nadie cerca, cerró la puerta.
—¿Malas noticias?
—¿Cómo se sentiría el Duque si alguien con quien tiene una mala relación se volviera feliz?
—No muy bien. Sería un poco desagradable.
—Es lo mismo para Rashta. Una mujer que Rashta odia está viviendo feliz. A Rashta no le gusta eso. Esa mujer echó todas sus desgracias a Rashta y se fue a ser feliz.
—¿De quién hablas?
—...hay una mujer así.
Rashta habló vagamente y señaló la gran maleta detrás del Duque Elgy.
—Por cierto, ¿A dónde va?
—Ah. Voy a visitar el Imperio Occidental por un tiempo.
—¿El Imperio Occidental? ¿Por qué?
Rashta se acercó preocupada al Duque Elgy. Sujetó suavemente una esquina de su traje con ambas manos.
—¿Va a abandonar a Rashta?
—Solo estaré fuera un tiempo. Quiero ver a Heinley.
—¿Por qué a él...?
—Lo felicitaré por su primer hijo.
La expresión de Rashta se oscureció. Estaba de mal humor por eso. Su interior parecía retorcerse al escuchar que el Duque Elgy iría a felicitarlo.
—Oh, cierto. El Duque es un amigo cercano de Su Majestad Heinley.
—¿Su Majestad Rashta no va?
—¿Por qué Rashta iría allá?
—Deberías haber recibido una invitación formal. ¿No quieres ir?
—Deberías haber recibido una invitación formal, ¿No quieres ir? —susurró Rashta con voz deprimida—. No es que no quiera. Rashta últimamente ni siquiera ha sido tratada como una Emperatriz en el Imperio Oriental. ¿Cree que Rashta sería tratada bien en otro país?
—Cada país debe tratar a sus huéspedes distinguidos con la mayor cortesía. Eres la Emperatriz del Imperio Oriental, así que ciertamente te tratarán bien.
La verdad, Rashta no quería ver a Navier presumir de su felicidad. No quería ver a la mujer que la empujó a un pozo y se fue a ser feliz.
Sin embargo, quería ver al Emperador Heinley una vez más.
Rashta creía que Heinley había mostrado interés en ella en ese entonces, pero ella estaba tan obsesionada con el Emperador Sovieshu que fingió no notar nada. Al final, Heinley se casó con Navier.
Ahora que su situación había cambiado, pensaba que el resultado podría ser diferente.
Ya sea que él aún estuviera interesado en ella o no, quería tantear el terreno. Además, el Duque Elgy también iría al Imperio Occidental...
—Pensándolo bien, no hay una razón especial para no ir.
—¿Vamos juntos?
—Me gustaría, pero no creo que Su Majestad lo permita...
Rashta suspiró con pesar.
Aunque inesperadamente quería visitar el Imperio Occidental, Sovieshu le dio permiso inmediatamente cuando se lo pidió.
Rashta estaba contenta, ni siquiera tuvo que intentar convencerlo.
—¿Puedo ir realmente?
—Parece que estás deprimida últimamente. Te hará bien ir de viaje.
—¡Gracias, Su Majestad!
—Observa a Navier mientras estés allí y aprende cómo se comporta una Emperatriz.
Aunque su actitud ingenua parecía sospechosa, como era una petición de ella, Rashta finalmente confirmó su visita al Imperio Occidental y comenzó a prepararse para el viaje.
Después de unos días, Rashta partió hacia el Imperio Occidental, acompañada por el Gran Duque Lilteang. El Duque Elgy partió por separado, por una ruta diferente al resto del grupo.
Al día siguiente, el Marqués Farang partió para encontrarse con su amigo Koshar, y Sovieshu envió a Evely, a quien había pensado enviar para el cumpleaños de Heinley.
Muchos otros nobles también viajaron al Imperio Occidental por su cuenta, por lo que el bullicioso palacio imperial de repente pareció caer en silencio.
En ese momento, la atención de la gente estaba centrada en el Imperio Occidental. Sovieshu aprovechó la oportunidad para enviar a sus caballeros cercanos a las sirvientas de Rashta.
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Mientras tanto, el viejo Duque Zemensia llamó a sus nietos para contarles sobre su tía Christa.
—Tu tía se suicidó por el bien de la familia, por el bien de su futuro. Así que deben estudiar mucho y ser grandes personas, para fortalecer a nuestra familia y vengar a su tía. ¿Entienden?
Aunque Christa no se sacrificó voluntariamente por estos niños, fue por ellos que el viejo Duque Zemensia abandonó a Christa.
A pesar de haber tenido que renunciar a su hija, quería que sus nietos honraran y recordaran el sacrificio de Christa con dignidad.
O más bien, lo hizo porque su hija había sido demasiado lamentable al final.
Sin embargo, los dos niños mostraron una expresión molesta.
—¿Por qué tienen esa cara?
Cuando el Duque Zemensia preguntó severamente, con algo de sospecha, su nieto respondió con tono apagado.
—Mis amigos se burlan de mí por mi tía, dicen que era una mentirosa.
—¡¿Qué?!
—Escuché que mi tía estaba tan loca por el Emperador que intentó deshonrar a la Emperatriz, esa es la razón por la que terminó en Compshire. ¿Qué sacrificio hizo por nosotros?
—¿Crees en semejante tontería?
—Sí. ¿Qué nos importa si mi tía se suicidó? Mi tía es hermana de mi padre, no de nosotros.
—¡Niño... niño grosero!
Enfurecido por las palabras de su nieto, el viejo Duque Zemensia le dio una bofetada en la mejilla.
Tan pronto como el niño rompió a llorar, su hermana, que estaba a su lado, gritó enojada.
—¡Abuelo, ¿Por qué lo golpeaste?! ¡Mi hermano no dijo nada malo! ¡Aunque sea cierto que mi tía murió por nosotros, fue su elección, no le pedimos que lo hiciera!
—¡Eres insensible!
El viejo Duque Zemensia gritó horrorizado.
—¡Tu tía celebraba fiestas de cumpleaños para ustedes en el palacio imperial, invitaba a sus amigos a jugar, organizaba eventos solo para niños y les daba todo tipo de regalos! ¿Qué necesidad tenía tu tía de hacer todo eso? ¡¿Cómo pueden ser tan crueles?!
Justo entonces, un agudo grito se escuchó a través de la puerta abierta.
—¡Oh, Dios! ¡Padre!
Cuando se dio vuelta, vio a la Duquesa Zemensia acercándose con disgusto.
La Duquesa, que pronto estuvo al lado de sus hijos, exclamó mientras abrazaba a su hijo llorando.
—¡¿Le pegaste solo porque no te gustó lo que dijo?!
—¡Nirhia!
—¡Tiene razón! ¡Por culpa de Christa estamos en una posición terrible! ¡Habrá un banquete para celebrar el primer hijo de la familia imperial y ni mi esposo ni yo fuimos invitados! ¡Los demás nobles se burlan de nosotros cada vez que nos ven! ¡Todo es por culpa de Christa!
—¡Eso es una tontería! ¡Gracias a mi hija, mantuviste la cabeza en alto con orgullo durante años, pero ahora que ella está muerta no estás de su lado solo porque otros se burlan de ti?
—¿No es natural estar del lado de alguien solo cuando es útil?
—¡Nirhia!
El viejo Duque Zemensia gritó con ira, sus ojos inyectados en sangre.
El mayordomo, que se acercó a la habitación después de escuchar las voces elevadas, caminó de un lado a otro pensando que los vasos sanguíneos de su amo podrían reventar en cualquier momento, así que finalmente entró para ayudar al viejo Duque.
La Duquesa Zemensia miró fríamente al viejo Duque y salió con los dos niños.
—Esos niños... esos niños, ¿Cómo pueden ser así?
Ciertamente, Christa definitivamente no se sacrificó voluntariamente. Sin embargo, él sacrificó a su hija por el bien de sus nietos, y su hija murió desolada por el abandono.
Su cuerpo traído de Compshire ni siquiera pudo cerrar los ojos por el resentimiento que llevaba dentro.
—¿Cómo pude haber elegido salvarlos en lugar de a mi hija?
El viejo Duque jadeó y se agarró el pecho.
—¡Maestro!
El mayordomo se apresuró a sentar al viejo Duque en una silla cercana. El viejo Duque se aferró con fuerza a los descansabrazos de la silla y respiró con dificultad.
—Mayordomo... mayordomo.
—Sí, maestro. Aquí estoy.
—Si no hubiera cedido a las demandas de ese maldito Emperador por el bien de esos dos niños, habría logrado mantener a mi hija aquí. ¡Aunque la familia se hubiera desplomado, habría podido protegerla!
Lágrimas rodaron por las mejillas del viejo Duque.
—Pero esos niños insensibles... cuando Christa era la Reina, esos niños siempre la seguían y decían que su tía era la mejor...
El viejo Duque, que recordó a sus dos nietos, a su hijo y a su nuera, yendo a ver a Christa cada vez que necesitaban algo, especialmente dinero, sintió que su corazón iba a estallar y siguió golpeando los descansabrazos.
—¡Maestro!
El mayordomo, que había visto a Christa crecer desde que nació, también tenía lágrimas en los ojos y las secó con sus mangas.
—Mi hija. Mi Christa. Mi bebé.
El viejo Duque rompió en llanto y se cubrió la cara con ambas manos.
Al pensar que su hija había muerto sin poder cerrar los ojos por lo que él mismo le había hecho, su corazón dolía como si estuviera siendo aplastado.
Lo peor de todo es que no podía echarlos fuera a pesar de su furia. Si los echaba, la muerte de su hija sería en vano.
Además, quedaría sin familia.
No había tenido noticias de su sobrino, el Marqués Ketron, estos días, y el Duque Liberty, por alguna razón, intentaba acercarse a la Emperatriz a través de sus dos hijos.
—¡Maestro!
Los sollozos del viejo Duque y el mayordomo llenaron la sombría mansión.
Traducido por: Valiz
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