La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 332
Después de la muerte de la antigua Reina, quien ejercía una fuerte influencia en el país, el mundo volvió a la calma.
El clima se volvió más cálido, y el aroma de acianos impregnó cada rincón.
Las ropas de los nobles se volvieron gradualmente más ligeras y coloridas, como las flores que florecían en los jardines.
Heinley pasó días aprendiendo de Kapmen cómo ayudarme a sentir el flujo de maná. Mientras tanto, yo me sentaba cerca leyendo libros infantiles, libros relacionados con la crianza, y a veces tocaba el piano. Últimamente también iba al baño más seguido.
Mi madre comenzó discusiones serias con mi padre sobre la posibilidad de extender su estancia en el Imperio Occidental. También les conté que Rashta había contratado a un mercenario para quitarles la vida, pero gracias a Heinley, solo se redujo a un intento. Sin embargo, ellos se rieron a carcajadas diciendo que un solo mercenario no sería suficiente para derrotar a la Familia Troby.
En cualquier caso, eran días generalmente tranquilos, salvo por los pensamientos ocasionales sobre Christa que surgían en mi mente.
Fue una tarde, tras una visita a la capital, cuando Heinley habló sobre el banquete.
—Creo que deberíamos organizar un banquete para celebrar el embarazo. ¿Qué opinas, Mi Reina?
Cuando estaba quedándome dormida en el sofá, lo miré sorprendida por su pregunta inesperada.
¿Un banquete?
Naturalmente, me trajo recuerdos del banquete que Sovieshu organizó para Rashta. Y de los sentimientos desagradables de entonces.
Me opuse de manera instintiva.
—Heinley, no falta mucho para tu fiesta de cumpleaños. No sería bueno organizar un banquete ahora porque sería una carga para los asistentes.
Aunque era una excusa, también era cierto.
De hecho, cuando estaba en el Imperio Oriental, no celebraba mi cumpleaños porque caía cerca de las celebraciones de Año Nuevo.
Pero en lugar de darse por vencido, Heinley me masajeó los hombros e insistió.
—Entonces mejor organicemos un banquete sencillo.
—...
—Para celebrar también que el comercio con Rwibt va por buen camino.
Heinley realmente parecía querer organizar el banquete, así que asentí a regañadientes. Si lo deseaba tanto, no podía negarme.
—Está bien.
¿Por qué estaba tan feliz? Heinley abrió la boca emocionado y me preguntó en voz baja,
—Mi Reina. Yo escribiré las invitaciones.
—Ese es mi deber…
—Mi Reina, no puedes pasar demasiado tiempo sentada en tu escritorio. Ahora es el momento de mayor riesgo.
En las primeras etapas, una mujer era más propensa a un aborto espontáneo. Incluso con un pequeño esfuerzo, mis damas de compañía se ponían nerviosas.
Pero eso no significaba que no pudiera sentarme a escribir algunas invitaciones.
—Entonces dividamos el trabajo.
Aunque intenté negociar, Heinley también se negó de inmediato.
—No, yo lo haré solo.
—¿?
—Mi Reina, solo relájate. Escucha música y ve al teatro.
Bueno, está bien, no me importaba si él lo hacía. Sin embargo, ¿Por qué tenía esa expresión de felicidad que no podía ocultar?
Viéndolo así, definitivamente tramaba algo...
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—Ese bastardo...
Sovieshu escupió un fuerte insulto, aplastó la invitación en sus manos, enviada por el propio Emperador del Imperio Occidental, y la arrojó.
La invitación, hecha una bola, rebotó en la pared y rodó por el suelo. Sovieshu cerró los ojos, resoplando con fuerza.
Estaba tan enojado que su visión se volvió borrosa.
¿Quería que fuera a felicitar a su esposa por su embarazo? ¿Realmente me pidió que hiciera eso dado nuestro pasado? Además, ¿Se atrevió a pedirme consejo como un padre que ha pasado por el embarazo y parto de su esposa?
—Maldito lunático.
Heinley escribió la invitación como si hubiera sido amigo de toda la vida de Sovieshu. Sin embargo, solo se estaba burlando de él.
Sovieshu pateó la invitación que rodaba en el suelo mientras rechinaba los dientes.
Todos sabían lo que pasaría si Sovieshu asistía al evento.
Mientras asistir a una boda nacional podía considerarse un asunto de Estado, era bastante inusual que un Emperador asistiera a un banquete en honor al futuro hijo de otros gobernantes.
Aun así, ¿Heinley quería que asistiera? ¿Menos de un año después del divorcio? ¿Quién vería que asistí al banquete y pensaría, ‘¡El Imperio Oriental y el Imperio Occidental se llevan de maravilla!’?
Nadie. Todos se burlarían y señalarían a sus espaldas. Pensarían que el Emperador Sovieshu todavía tenía sentimientos por su exesposa.
Lo que más lo enfurecía era que era cierto.
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—Su Majestad.
En ese momento, el Marqués Karl lo llamó desde el otro lado de la puerta.
—Entra. ¿Qué sucede?
Después de entrar en el dormitorio, el Marqués Karl cerró firmemente la puerta e informó en voz baja.
—Escuché que Rashta estaba llorando en los brazos del Duque Elgy.
Las cejas de Sovieshu se alzaron.
—¿Ahora?
—No, no ahora. Lo supe porque el rumor se extendió. Debe haber sido ayer.
Ayer fue el día en que Sovieshu ordenó traer al primer hijo de Rashta para compararlo con la Princesa.
Sovieshu soltó una carcajada.
—Si el rumor se esparció, significa que todo el palacio imperial habla de ello.
El Marqués Karl hizo una cara incómoda. Eso parecía ser cierto.
Rashta se reunió con el Duque Elgy de nuevo a pesar del vergonzoso rumor que ya circulaba sobre ellos.
Además, Sovieshu comenzaba a temer que la infertilidad fuera de él después de saber del embarazo de Navier.
La Princesa era idéntica a su hermano mayor. Solo se parecía a Sovieshu en el número de dedos de las manos y los pies.
Por desagradable que fuera escuchar que Rashta buscó consuelo en los brazos del Duque Elgy, lo que realmente le preocupaba era que la Princesa no fuera su hija.
—Ayer me dijo que Alan fue a ver a Rashta justo después de reunirse conmigo.
—Sí, Su Majestad.
—...
—Su Majestad, ¿Qué ocurre?
¿Si el padre del primer hijo de Rashta era Alan... eso significaría que Rashta rompió en llanto en los brazos de su amante actual porque ver al padre de su primer hijo le trajo recuerdos? ¿Le confesó al Duque Elgy lo que pasaba para que la consolara? ¿Es posible que su amante actual sea también el verdadero padre de la Princesa?
Sovieshu sacudió con fuerza la creciente ansiedad que le provocaba la historia de Rashta.
No, los tiempos no cuadran. Es absurdo. Lo mismo pasa con el hijo del Vizconde Roteschu. Por las fechas, es imposible que sea el verdadero padre de la Princesa.
Sin embargo, la desconfianza seguía empujando su mente de un lado a otro.
¿Existe la posibilidad de que haya un tercer hombre?
Se sintió tardíamente molesto de que Rashta hubiera organizado una fiesta de té solo con nobles varones.
—Realmente no me gusta nada de esto.
—Su Majestad, ¿Se encuentra bien?
—Nunca pensé que un año pudiera ser tan largo.
—¿Desea que le pida a Rashta que cuide su comportamiento?
—¿Alguna vez ha oído hablar a un pez dorado?
—El maestro que enseñó a Rashta dijo una vez, ‘aunque su capacidad de aprendizaje es lenta, no es tonta’.
—Sé que Rashta no es tonta, lo que me enoja aún más. Puede parecer que no entiende las implicaciones de su comportamiento, pero en realidad no le importa.
Después de estas últimas palabras, Sovieshu ordenó al Marqués que se retirara. Luego recogió la invitación que había hecho una bola.
Alisó la invitación, la leyó de nuevo con el ceño fruncido y la aplastó otra vez.
Era muy desagradable. Sin embargo...
Creo que debería enviar un regalo. Navier podría sentirse abrumada si envío un obsequio, pero ¿No se sentiría decepcionada si no lo hago?
Además, era costumbre enviar regalos entre familias gobernantes del mismo continente por el primer hijo no nacido. A menos que la relación fuera particularmente mala o estuviera en camino de serlo.
¿Qué regalo debería enviar? ¿Qué tipo de regalo debería enviar al hijo de Navier?
Los ojos de Sovieshu cayeron de repente sobre el cuadro alterado.
Su expresión se distorsionó. Un hijo nacido entre él y Navier. La imagen de ese niño, que había surgido en su mente cientos de veces desde su juventud, apareció una vez más ante sus ojos.
El hijo de Navier. El hijo que podría... haber sido mío.
Se sintió sofocado, como si le presionaran con fuerza los pulmones. Sovieshu se obligó a sacudir la cabeza.
Fuera Príncipe o Princesa, algún día lo vería. Solo pensar en ese momento ya le cortaba la respiración.
Sovieshu apoyó la frente contra el cuadro y apretó los labios.
Espero que el niño solo se parezca al Emperador Heinley. Espero que el niño no se parezca a Navier.
Traducido por: Valiz
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