La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 329
Una vez que mis padres y mis damas de compañía se calmaron un poco después del impacto de la noticia de mi embarazo, tomé un día libre y fui a visitar al Gran Duque Kapmen para ocuparme del problema de la magia.
Usé magia dos veces de manera inconsciente. Ambas veces con malos resultados. La primera vez congelé el cabello de Heinley, lo cual fue peligroso, y la segunda vez estropeé el picaporte congelándolo.
Hasta ahora no había tenido mayores problemas porque rara vez tocaba directamente a otras personas, pero una vez que naciera mi hijo querría acariciarlo. En el peor de los casos, podría congelar al bebé, así que tenía que resolverlo cuanto antes.
—¿Usó magia?
El Gran Duque Kapmen preguntó con una expresión desconcertada al oír mis palabras.
—¿Su Majestad?
Parecía no poder creerlo.
Ciertamente, era raro que alguien que nunca había tenido talento para la magia de repente se convirtiera en mago. Aunque había casos de personas que se manifestaban como magos después de la adultez, no era común.
—Sí. Era como hielo. Tal vez sea magia de agua.
—De congelar mi corazón a congelar todo a su alrededor, ¿Qué no puede hacer?
—Hmm.
—...ignore la primera mitad... también la segunda.
—Sé que es difícil para el Gran Duque.
—Sólo espero que algún día los efectos de la poción desaparezcan.
—Estoy segura de que así será.
—¿Rezará por mí, mi ángel?
—Hmm...
—Ignora eso también.
—Lo haré.
Afortunadamente, la atmósfera incómoda se disipó lentamente cuando comenzamos a hablar sobre magia.
Aunque el Gran Duque Kapmen se desviaba del tema a veces, fue uno de los mejores graduados de la academia mágica. Cuando le conté sobre mis experiencias pasadas, de inmediato me explicó con calma.
—No es tan difícil. No es que Su Majestad haya cometido un error.
—¿Entonces podré manejarlo?
—Por supuesto. De hecho, podrá controlarlo naturalmente con el tiempo. Así sucede en la mayoría de los casos.
—No puedo esperar a que ocurra de forma natural.
—Lo entiendo. Mencionó que en ambas ocasiones la magia surgió de repente, ¿Verdad?
—Sí.
—Incluso cuando no se puede controlar el maná, la magia no surge de la nada. Debió haber sido impulsada por algo que deseaba obtener o saber.
Recordé la adorable cabeza de Heinley y el picaporte cerrado.
Me preguntaba qué pasaba por la cabeza de Heinley, y qué hablaban al otro lado de la puerta... ahh.
El Gran Duque Kapmen movió ligeramente los labios como si hubiera leído mis pensamientos. Sin embargo, parecía abstenerse de decir “Ya lo ve” porque sería demasiado obvio lo que había hecho.
—Entiendo lo que quiere decir. Pero si la magia surge cada vez que me interesa algo, ¿No es un problema más grave...?
—Primero, permítame enseñarle cómo distinguir el flujo de maná. La magia no tiene reglas, está relacionada con el instinto, así que no tiene más opción que sentir el maná y controlarlo por sí misma.
Una vez que terminó de hablar, el Gran Duque Kapmen se acercó a mí y levantó la mano. Como si quisiera agarrar mi brazo. Sin embargo, no lo hizo y bajó la mano con vacilación.
Cuando levanté la mirada preguntándome qué le pasaba, murmuró con una expresión incómoda.
—Tengo que sujetar su brazo.
¿Qué?
—¿Está bien?
Su pregunta no era fácil de responder. No me molestaría si fuera otra persona enseñándome. Pero tratándose del Gran Duque Kapmen, era un poco incómodo...
Mientras dudaba, el Gran Duque Kapmen suspiró y dijo:
—Pregunte al Emperador, tal vez él pueda hacerlo también.
—¿No pueden hacerlo todos los magos?
—No. En mi caso, lo aprendí trabajando como asistente de profesor en la academia mágica, usualmente nadie presta atención al maná de otros.
La explicación del Gran Duque Kapmen no era una presunción, sino un hecho.
Esperé hasta la hora del almuerzo para ir a explicarle la situación a Heinley. Pensé que tal vez podría hacerlo, pero agitó la mano de manera sorprendentemente tensa.
—Mi Reina. No creo que sea una buena idea.
—¿No puedes?
—No te habría dejado ir sola a la academia si pudiera... si lo intentara podría hacerlo, pero siento que es peligroso.
—¿Por qué?
Cuando nuestras miradas se encontraron, Heinley desvió la vista y murmuró,
—Hubo una vez que intenté hacer algo así y no salió como esperaba...
¿Qué le pasaba? Parecía tener algún trauma relacionado con esto.
Al final, decidí que el Gran Duque Kapmen me ayudara a sentir el maná frente a Heinley.
—Emperatriz Navier, extienda su mano.
Aunque Heinley no sabía que el Gran Duque se había enamorado de mí tras beber una poción, no pudo ocultar su incomodidad cuando el Gran Duque Kapmen tomó mi mano.
Mientras me esforzaba por aparentar no notar su expresión, dirigí mi atención a mi mano sostenida por el Gran Duque Kapmen.
—Concéntrese en la sensación que sube a lo largo de su brazo.
—Está bien.
Al principio me costaba concentrarme porque estaba preocupada por Heinley. Pero una vez que cerré completamente los ojos, sentí un cosquilleo alrededor de la palma de mi mano.
—Huh.
—¿Puede sentirlo?
—Un poco...
Después de un rato, lo sentí de nuevo. Esta vez alrededor de mi muñeca.
Era una sensación extraña. Como una descarga eléctrica muy leve. No era doloroso, pero definitivamente se sentía.
—Puedo sentirlo. Es un cosquilleo.
—Es por la naturaleza de mi maná. Ahora pondré un poco más.
Justo cuando iba a asentir para concentrarme en mi brazo, alguien de repente tiró de mi mano apartándola del Gran Duque Kapmen.
Tan pronto como abrí los ojos sorprendida, vi a Heinley en medio del Gran Duque y yo con el rostro enrojecido.
Con una mano sujetando la mía y con la otra agarrando el antebrazo del Gran Duque Kapmen.
—¿Heinley?
Mirándolo con una expresión de desconcierto, Heinley dijo con una sonrisa tensa:
—Mi Reina. Yo mismo aprenderé del Gran Duque y lo haré.
—Eso podría revivir tu trauma...
—Parece que los celos suprimen el trauma.
El Gran Duque Kapmen soltó una risa como si hubiera leído sus pensamientos.
De todos modos, para mí era conveniente. Prefería que Heinley lo hiciera, así que me aparté silenciosamente.
Heinley se colocó donde yo estaba antes, ambos dudaron y se tomaron de las manos.
Espera... ¿Qué demonios estaban haciendo? Inconscientemente mordí mi labio inferior mientras miraba la escena.
Era muy gracioso. ¿Por qué ambos tenían esa expresión? Era una cara de absoluto disgusto.
Pero no podía reírme porque ambos se sentirían avergonzados, así que los observé con rostro inexpresivo.
Justo entonces, la puerta se abrió de golpe y McKenna entró corriendo.
—¡Su Majestad, Su Majestad!
Tenía una expresión muy seria.
McKenna tenía permiso para entrar y salir libremente de la oficina de Heinley. Parecía haber irrumpido por un asunto urgente...
Tan pronto como vio a Heinley y al Gran Duque Kapmen tomados de las manos, McKenna quedó perplejo.
—Esperen, ¿Qué están haciendo ustedes?
Su expresión empeoró aún más cuando me vio parada a un lado.
—Emperatriz, ¿Qué está mirando?
Las pupilas de McKenna temblaban rápidamente.
—¿Por qué, por qué nuestro Emperador y el Gran Duque se toman de la mano tan amigablemente, y por qué Su Majestad los mira tan felizmente...?
Tarde, Heinley y el Gran Duque Kapmen soltaron las manos. Retrocedieron unos cinco pasos.
—Es por mí.
Cuando di un paso adelante para intentar arreglar la situación, McKenna dijo con los ojos entrecerrados,
—Ah, claro, es por la Emperatriz. Bueno, lo básico es pan y café, pero si es café con leche mucho mejor.
Habló en un tono muy solemne. Sin embargo, ¿Qué clase de metáfora era esa?
—No me importa lo que hagan los tres por mutuo acuerdo. Pero no me pidan que haga de mermelada.
¿Mermelada?
—Ah, ese no es el punto importante.
McKenna se dio una palmada en la cabeza antes de exclamar con gravedad,
—¡Christa ha cometido suicidio!
Traducido por: Valiz
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