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La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 317


El silencio reinaba en el carruaje que se sacudía.

Aunque todavía no tenía apetito, no me sentía mareada por el movimiento del carruaje y el viento era fresco. Con este cielo despejado, el clima era perfecto para un viaje.

Realmente quería que viniéramos juntos.

Mientras me apoyaba contra la ventana del carruaje viendo cómo el paisaje verde se transformaba en magníficos edificios, no pude evitar sentirme un poco triste. La imagen de Heinley charlando a mi lado seguía viniendo a mi mente.

¿Desde cuándo invadía tan naturalmente mi pensamiento?

—Parece que ya casi llegamos, Su Majestad.

Estaba sumida en mis pensamientos cuando escuché la voz animada de la Condesa Jubel. En ese momento, recordé lo que había sucedido antes de partir y me reí.

El hecho de que pudiera convertirme en maga también era un secreto, pero solo lo mantendría como un as bajo la manga.

No necesitaba ocultarlo de todos como hice con mi embarazo, así que les conté a mis damas de compañía el propósito de este viaje.

Mis damas de compañía estaban tan emocionadas que todas querían acompañarme.

Al ver a Rose y Laura quejarse juntas, la Condesa Jubel no pudo evitar reír.

—Parece que está alegre, Su Majestad.

—Bueno, estaba pensando que la próxima vez debería venir con la señorita Rose y la señorita Laura…

Justo cuando Mastas estaba por hablar, el carruaje se detuvo y el Vizconde Langdel abrió la puerta.

—Hemos llegado, Su Majestad.

El Vizconde Langdel me ofreció su mano y bajé del carruaje.

—Gracias.

Por cierto… ¿Estaba bien? Tenía una expresión sombría bajo la luz del sol.

¿Sería porque estaba lejos de la Duquesa Tuania?

—Lamento que haya tenido que escoltarme en este viaje tan largo.

Me disculpé, pensando que podría ser culpa mía, pero el Vizconde Langdel respondió de inmediato.

—¿Qué? No, no. Usted es mi salvadora, mi señora aunque sea temporal.

Aunque lo negó, no tenía buena cara…

Mientras pensaba si sería descortés preguntar, el Vizconde Langdel murmuró mientras extendía su mano para que la Condesa Jubel también bajara del carruaje.

—En realidad es por Nian.

La Condesa Jubel preguntó apresuradamente antes de bajar del carruaje.

—¿Qué pasó con Nian?

En el Imperio Oriental, Nian era el centro de los chismes de la alta sociedad.

Desde que llegué aquí, los rumores sobre mí no habían dejado de circular, así que ella había quedado un poco relegada. La Condesa parecía curiosa porque no había escuchado nada de Nian en mucho tiempo.

El Vizconde Langdel respondió con desaliento.

—Todo es por culpa del Marqués Liberty.

¿Por él? El Marqués Liberty era el hijo mayor del Duque Liberty. No ostentaba oficialmente el título de Marqués, pero todos lo llamaban así por ser el sucesor. También era el hermano mayor de Wihan, el hermano adoptivo de Mullaney.

Después de que la Condesa Jubel bajó del carruaje, Mastas rechazó la mano del Vizconde Langdel y preguntó,

—¿Se refiere a la comadreja tímida?

—Sí, esa comadreja.

¿Comadreja?

Los ojos de la Condesa Jubel brillaron como si hubiera escuchado que un hombre se había interpuesto entre el Vizconde Langdel y Nian, así que preguntó,

—¿Por qué comadreja?

El Vizconde Langdel respondió con expresión seria:

—Creo que se enamoró de Nian. Aparece en cualquier fiesta que Nian organice o a la que asista, sin importar si es grande o pequeña.

La Condesa Jubel soltó una risa y agitó las manos como si él hubiera exagerado.

—Pensé que era algo serio. No es el primer hombre ni el segundo que va tras ella, ¿Por qué le importa tanto?

—Tiene un estatus más alto, más estabilidad… y una apariencia apacible.

Mastas intervino rápidamente y consoló al Vizconde Langdel.

—El Vizconde también tiene una apariencia apacible.

—¿Eso es un cumplido?

—¡Por supuesto! El Vizconde también es una gran comadreja.

—¿Eso realmente es un cumplido?

En momentos como este, el Vizconde Langdel no parecía un temible comandante de los caballeros transnacionales. Al ver al Vizconde Langdel asentir ante el aparente cumplido de Mastas, me mordí los labios para contener la risa.

Pero el Vizconde Langdel, que caminaba tranquilamente, de repente se detuvo y su expresión se volvió rígida. Su rostro inocente desapareció y la expresión fiera del comandante de caballeros emergió al instante.

¿Qué pasa?

Volteé la cabeza en la dirección hacia la que él miraba.

La razón fue fácil de entender.

Sovieshu…

Allí estaba Sovieshu.

Él también tenía una expresión seria, como si no esperara verme aquí. Los caballeros detrás de Sovieshu se veían incómodos. El ambiente alegre de repente se volvió tenso.

Nos miramos incómodamente por un momento, luego nos acercamos con cautela, como si alguien nos empujara.

Ambos ocupábamos una posición demasiado alta como para fingir que no nos habíamos visto. Como Emperador y Emperatriz de países poderosos, teníamos que mostrar respeto mutuo.

Además, esta era una carretera recta. Si quería evitarlo, tendría que pasar entre los arbustos a ambos lados. Parecería que estaba huyendo.

A unos tres pasos de distancia, nos detuvimos nuevamente. Lo saludé cortésmente con la sonrisa de una Emperatriz.

—Escuché sobre el nacimiento del bebé. Felicitaciones.

—…gracias.

Sovieshu respondió con torpeza.

Levanté las comisuras de los labios y asentí sin decir una palabra. Luego añadí,

—¿Le dió al bebé el regalo que le envié, o lo tiró?

Cuando Rashta quedó embarazada, elegí una espada como regalo para su hijo. Una pieza espléndida y hermosa, pero decorativa. Una espada que significaba vivir sin trabajar, o vivir sin esfuerzo.

La expresión de Sovieshu se congeló rápidamente.

—Bueno. Ese regalo se lo dió a Rashta, así que no sé dónde está.

—Entiendo.

Asentí y miré en la dirección en la que debía continuar. Era la dirección desde la que había aparecido Sovieshu.

Estaba indecisa. ¿Podía despedirme e irme? ¿Podía decirle que me dejara pasar, que tenía asuntos pendientes?

—Retírense.

Supongo que no.

Sovieshu ordenó a sus caballeros que se apartaran. Entonces, dirigí una mirada que expresaba lo mismo a los caballeros que me acompañaban.

El Vizconde Langdel frunció el ceño, pero no dijo nada. Aunque Wirwol funcionaba como una región autónoma, seguía siendo territorio del Imperio Oriental, así que Sovieshu podría preguntar:

—¿Qué hace una persona exiliada aquí? —Sin embargo, por alguna razón, parecía querer evitarlo.

Finalmente, también pedí a la Condesa Jubel y a Mastas que se retiraran.

No podía ignorar su solicitud a la ligera, seguía siendo el Emperador del Imperio Oriental.

Tan pronto como todos se alejaron, Sovieshu preguntó:

—Pensé que vivirías bien. ¿Por qué has adelgazado tanto?

Sorprendentemente, sonaba bastante molesto.

Era cierto que había perdido peso, no había comido mucho últimamente.

Pero no podía decir que había perdido el apetito por estar embarazada. Mientras guardaba silencio tratando de encontrar una respuesta, Sovieshu volvió a preguntar.

—¿Es por tu esposo?

Traducido por: Valiz

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