La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 315
Capítulo 315 - Advertencia de Joanson (2)
—Papi. Dilo. Papi.
El bebé hizo:
—Bubu. —Y rió. Sovieshu sonrió tan felizmente como si el bebé realmente lo hubiera llamado papá, le dio un beso en la pancita y repitió.
—Papi. Dilo. Papi.
Cuando el bebé volvió a hacer:
—Bubu. —Sovieshu se conmovió y murmuró:
—Mi princesa, mi princesa es muy inteligente.
El bebé estalló en carcajadas nuevamente.
La Vizcondesa Verdi sonrió con tristeza ante la escena mientras traía un biberón de leche tibia para el bebé.
Aunque Sovieshu se veía bien con el bebé en brazos, ¿Cuántas personas había tenido que sacrificar para esto? Solo pensar en ello le hacía sentir mal.
La Princesa se veía realmente adorable al agitar sus manitas. La Vizcondesa se había equivocado al pensar que no podría amarla solo porque era hija de Rashta.
Desde que se convirtió en la niñera de la princesa, la Vizcondesa Verdi se encariñó más y más con la encantadora niña con cada día que pasaba.
Cuando la Vizcondesa Verdi se acercó, Sovieshu le entregó el bebé en brazos.
La Vizcondesa Verdi recibió y sostuvo a la Princesa con destreza.
Pero en medio de aquel momento agradable, alguien llamó a la puerta.
—Su Majestad, es el Marqués Karl.
Al ver a la Princesa reír en brazos de la Vizcondesa Verdi, Sovieshu salió de la habitación del bebé a regañadientes.
—¿De qué se trata?
—Su Majestad. Hay algo que debe ver.
El Marqués Karl hablaba con seriedad. Solo con ver su expresión, se podía notar que no venía con buenas noticias.
—Se lo mostraré en un lugar tranquilo.
Sovieshu condujo al Marqués Karl hasta su salón y preguntó:
—¿Qué ocurre?
El Marqués Karl sacó un periódico doblado que tenía dentro de su traje.
—Hay un artículo sobre la Emperatriz.
Aunque el Marqués no se atrevía a decirlo directamente, Sovieshu tomó el periódico y lo abrió. Sus ojos recorrieron rápidamente el contenido.
Poco después, Sovieshu entendió qué era lo que el Marqués Karl quería mostrarle.
—¿Qué significa esto?
Su expresión también se oscureció.
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El artículo en sí no era muy relevante dentro del periódico. Estaba en una pequeña sección al final.
Sin embargo, el contenido era impactante.
El periodista relataba que se había reunido con un hombre que afirmaba ser el verdadero padre de Rashta y, aunque dejaba claro que no podía asegurarlo, detallaba cada una de sus declaraciones.
El hombre que afirmaba ser el verdadero padre de Rashta hizo tres declaraciones principales. Trabajó tan duro para mantener a su hija que ni siquiera supo que se había convertido en Emperatriz. Su hija parecía haber buscado falsos padres entre la nobleza porque le avergonzaba ser plebeya. Visitó a su hija, pero fue rechazado y expulsado.
Este era un resumen del extenso artículo, pero algunas personas podrían confundirse por las declaraciones enrevesadas.
Sovieshu se frotó la sien. Estos artículos sobre figuras de alto estatus solían ser escritos de forma anónima por los periodistas. Sin embargo, este periodista reveló su nombre con orgullo.
Incluso eso era desfavorable para Rashta. Al revelar su nombre en un artículo así, le daba más credibilidad, lo que llevaría a la formación de una opinión pública.
Aunque por ahora solo era una acusación sin fundamento…
—¿Y el certificado de esclavitud? ¿Aún no lo han encontrado?
—Es difícil hallarlo porque hay que buscarlo en secreto.
Un nudo ardiente se formó en su garganta. Sovieshu suspiró, intentando calmar su ira. Sin embargo, en lugar de apaciguarse, su enojo solo aumentó.
Aunque Rashta pronto dejaría el puesto de Emperatriz, ese no era el caso de su hija. Su hija se vería en una situación difícil si se confirmaba que Rashta había sido esclava.
Incluso una Princesa común lo estaría. Pero para Glorym, que se convertiría en la primera Emperatriz gobernante del Imperio Oriental, la situación era aún más delicada.
—¿Dónde está ese periodista ahora? ¿Quién es ese hombre que dice ser el verdadero padre de Rashta?
Sovieshu sacudió la cabeza.
—No. Primero debo verificar si lo que ese hombre dice es cierto. ¿Dónde está Rashta?
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Rashta estaba en el Palacio Occidental con el periodista.
Al principio, había dudado en llamarlo porque Sovieshu había reducido mucho su poder, exigiendo que se le informara antes de que ejerciera su autoridad como Emperatriz.
Pero en cuanto vio el nombre de la persona que escribió el artículo sobre su supuesto padre, cambió de opinión, convencida de que no podía quedarse de brazos cruzados.
El periodista era Joanson. El mismo que había ido a la sala de audiencias a pedir ayuda para encontrar a su hermana. Antes de eso, el mismo que la había descrito como la esperanza de los plebeyos tras entrevistarla.
Cada vez que ese periodista la encontraba, su expresión cambiaba. En la primera reunión, la miró con ojos brillantes; en la segunda, con desesperación; y ahora, la miraba más fríamente que nunca.
Rashta preguntó a Joanson con una expresión triste.
—¿Me guarda rencor?
—Para nada, Su Majestad.
Joanson respondió de inmediato. Pero a pesar de sus palabras, su expresión seguía siendo sombría.
—Rashta ha visto todos los artículos absurdos que ha publicado, pero ha hecho la vista gorda porque debería ser libre de escribir lo que quiera. Aun así, esta vez, ¿No ha ido demasiado lejos?
Rashta miró a Joanson con lágrimas en los ojos.
—Me entrevistó antes de la boda, así que sabe cuánto sufrió Rashta por sus padres. ¿No cree que es cruel hacer esto?
Rashta no podía dormir después de haber arrojado al bebé al suelo. Por eso, tenía ojeras y su rostro estaba pálido, su apariencia era realmente lastimera. Incluso el corazón más frío se ablandaría al verla así.
Pero este no era el caso de Joanson. Se sentía profundamente traicionado por la Emperatriz. Además, estaba convencido de que Rashta había lastimado a su hermana. Por lo tanto, no le importaba nada de lo que ella dijera, no se dejaría conmover.
Joanson cruzó las piernas y respondió con calma,
—Como periodista, era mi deber dar a conocer la declaración de ese hombre, Su Majestad.
Mientras tanto, observaba atentamente la actitud de Rashta.
Los nobles odiaban que los plebeyos cruzaran las piernas frente a ellos. En el mejor de los casos, simplemente fruncían el ceño, y en el peor, algunos ordenaban a sus subordinados que les rompieran las piernas.
Sabiendo esto, Joanson cruzó las piernas para ver la reacción de Rashta.
Por supuesto, la Emperatriz Rashta había crecido entre plebeyos, así que podía ser diferente en este aspecto. Pero aun así, él pensó que si realmente tenía sangre noble, reaccionaría ante esa postura.
Así que Joanson continuó hablando con naturalidad.
—¿No lo escribí claramente en el artículo?‘Hay un hombre que hace tal afirmación’.
No era solo una excusa. En realidad, en el artículo que publicó sobre el supuesto padre de Rashta, el periodista nunca afirmó que lo fuera.
Como sus palabras eran coherentes y su rostro tenía cierto parecido con el de la Emperatriz, Joanson escribió el artículo, pero agregó la frase,‘hay tal afirmación’.
El rostro de Rashta se enrojeció de ira.
—¿Publica cualquier tontería que le dicen? ¿Incluso si un niño dice ser hijo ilegítimo de la Emperatriz?
—Las palabras del hombre que afirmaba ser su padre eran coherentes.
¡Porque es un estafador!Rashta se tragó las palabras que estaba a punto de decir.
Joanson entrecerró los ojos mientras examinaba a Rashta. No había reaccionado al hecho de que él estuviera sentado con las piernas cruzadas…
—¿Recuerda mi visita a la sala de audiencias, Su Majestad?
—La recuerdo.
—Mi petición no ha cambiado. Devuélvame a mi hermana. Eso es suficiente.
—Rashta no tiene nada que ver con la desaparición de su hermana. ¡¿Por qué no me deja en paz?!
—Nada de lo que he escrito ha sido inventado. Cada artículo publicado ha sido investigado.
Joanson descruzó las piernas y se levantó.
—Hasta que mi hermana regrese, no dejaré a Su Majestad en paz.
Traducido por: Valiz
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