La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 308
Una vez que la Vizcondesa Verdi también se marchó, Sovieshu preguntó con ansiedad al médico del palacio,
—¿Cómo está la Princesa?
—Estaba muy asustada, pero por suerte no le pasó nada grave. Si hubiera caído directamente al suelo desnudo, habría sido terrible, Su Majestad. Un bebé es frágil, puede sufrir lesiones graves si se le lanza con un poco de fuerza sobre una superficie dura.
Fue un alivio que el bebé estuviera envuelto en mantas gruesas y que el lugar donde cayó fuera una alfombra suave. De lo contrario, la bebé podría haber acabado con heridas irreversibles.
Cuando el impacto pasó, la ira se apoderó de Sovieshu.
Pensaba que Rashta estaba siendo astuta para protegerse, pero había ido demasiado lejos al lanzar al bebé al suelo.
Solo de pensarlo, quería deponerla en ese mismo instante.
Sin embargo, imaginó los comentarios que recibiría si echaba a la mujer con la que se había casado hacía menos de un año, además del hecho de que era la madre de su hija recién nacida.
Incluso las personas que despreciaban a Rashta sentirían lástima por ella. La gente cambia de opinión constantemente. Podían despreciar a Rashta y al mismo tiempo compadecerla.
Si hacía público lo que Rashta había hecho con el bebé, no solo podría echarla, sino también encarcelarla de por vida, pero le preocupaba que la Princesa adulta quedara impactada al enterarse de eso.
—Si se hubiera quedado callada, podría haber vivido rodeada de lujos como una ex Emperatriz por el resto de su vida. Qué tonta.
Hasta ahora, Sovieshu había documentado cada uno de los crímenes de Rashta.
Los ignoró todos para armar en silencio una lista de delitos, al punto que otros podrían pensar que no le importaba lo que ella hiciera.
Sin embargo, esos documentos eran leña.
Leña que aún no sabía si usaría, pero que si lo hacía, ardería intensamente. Era el tipo de leña que, cuanto más se acumulaba, más intenso era el fuego. Al final, esa leña se convertiría en una gran bola de fuego.
Lo que Rashta le hizo al bebé iba más allá de lo que Sovieshu podía ignorar.
Sovieshu mecía a la inquieta bebé, tratando de controlar su ira.
Pero sus ojos se hundieron sombríamente.
Definitivamente no será un simple divorcio, Rashta.
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Mientras tanto.
Rashta se sintió traicionada por la Vizcondesa Verdi y le dolía mucho haber arrojado al bebé al suelo. Al regresar al Palacio Occidental, Rashta gritó y comenzó a romper todas las cosas de su habitación.
—¡Ahhh… ahhhh! ¡Hija! ¡Mami no quiso hacer eso!
Mientras sollozaba, lo que más la afectaba no era la traición, sino lo que le había hecho al bebé.
Luego, Rashta se arrodilló sobre la alfombra donde había caído la bebé, y gimoteó con las manos en las mejillas.
—Hija, mami de verdad no quiso hacer eso…
Aunque estaba devastada por haber lanzado al suelo a su preciosa hija, la escalofriante sensación de sostener a un bebé muerto en brazos seguía tan viva en su memoria que no estaba segura de que no lo volvería a hacer.
—Ah… ah… bebé… mi bebé. Mi hija.
Qué dolor habrá sentido. Qué miedo habrá tenido.
Rashta parecía medio enloquecida mientras se golpeaba el pecho con desesperación.
En ese momento, alguien llamó a la puerta.
—¡Lárguense! ¡No quiero que nadie entre! ¡Que nadie entre!
Rashta gritó con furia, levantando solo la parte superior de su cuerpo.
Pero la persona del otro lado de la puerta entró de inmediato sin darle importancia a los gritos de Rashta.
Esa persona era el Vizconde Roteschu.
—¿Por qué está aquí? ¡¿Por qué?! ¡Salga! ¡Eso es una orden! ¡Dije que es una orden!
A pesar de los gritos de Rashta, el Vizconde Roteschu se le acercó y dijo:
—Este no es momento para esto. Levántate. ¡Tu verdadero padre ha venido a la capital!
El Vizconde Roteschu pudo entrar gracias a los guardias. Rashta se había encerrado en su habitación gritando, así que los guardias, asustados, permitieron deliberadamente que el Vizconde Roteschu entrara.
Los guardias, que creían que el Vizconde Roteschu y Rashta tenían una buena relación, pensaron que el Vizconde podría calmarla.
Las doncellas pensaron lo mismo. Sin mencionar que eran plebeyas. Aunque el Vizconde Roteschu entrara sin permiso, ni se les pasaría por la cabeza detenerlo.
Sin embargo, contrario a lo que esperaban, el Vizconde Roteschu no tenía idea de lo que había pasado con Rashta.
Él pensaba que el asunto del verdadero padre de Rashta era más importante que cualquier otra cosa, así que no solo no la consoló, ni siquiera le importó.
Rashta se tambaleó débilmente y su expresión se volvió vacía. Luego agarró al Vizconde Roteschu por el cuello y lo sacudió con todas sus fuerzas mientras las lágrimas se desbordaban por sus mejillas.
¡Si tan solo este bastardo no me hubiera dado un bebé muerto! ¡Si tan solo no hubiera sostenido en mis brazos al bebé muerto, a quien creí el hijo que esperé durante nueve meses! Entonces habría podido abrazar con calma a mi hija, cantarle una nana, susurrarle que era su madre y decirle que estaba feliz de verla. Habría tejido gorritos para la bebé, que se parecía a mí, y habría bordado en sus pañuelos los hermosos diseños que había empezado a aprender hace poco.
Apenas recordaba el cálido cuerpecito en sus brazos, los diminutos dedos que se estiraban hacia ella, los adorables ojos negros y el fresco aroma del bebé, el corazón de Rashta se rompía. Gimió y abofeteó al Vizconde Roteschu.
—¡Maldito! ¡Eres un maldito! ¡Un bastardo sangriento! ¡Muérete!
Rashta arremetió contra el Vizconde Roteschu.
—¡Detente! ¡Detente! ¡Detente!
El Vizconde Roteschu gritó, incapaz de librarse de la Emperatriz Rashta.
Poco después, Rashta aflojó el agarre y lo soltó sin fuerzas, solo entonces el Vizconde Roteschu resopló y arregló sus ropas desordenadas.
—La Emperatriz no debe comportarse así.
—¡Cállate!
Rashta intentó abofetearlo de nuevo, pero esta vez el Vizconde esquivó ágilmente echando el cuerpo hacia atrás y chasqueó la lengua.
—¿Cómo puedo contarte las noticias de tu padre si me quedo callado?
Finalmente, una luz misteriosa apareció en los ojos llenos de ira de Rashta.
—¿Mi padre? ¿El Vizconde Isqua?
—¿Es necesario que actúes delante de mí? No hablo de tu padre falso. Hablo de tu verdadero padre. Ese estafador.
Sus ojos negros se contrajeron rápidamente. Hace un momento estaba un poco ida, así que no comprendía sus palabras. Solo ahora pudo entender perfectamente al Vizconde.
—¿Mi verdadero padre?
Preguntó Rashta con una expresión de desconcierto.
—¿Cómo puede haber noticias de mi padre?
El Vizconde Roteschu volvió a chasquear la lengua.
—Eso es normal, supongo que ha venido a buscar su parte al enterarse de que te convertiste en Emperatriz.
Su rostro pálido se distorsionó abruptamente.
—¿De verdad?
—Bueno, no vino directamente a pedir dinero. Fue a mi casa y me mostró tu retrato. Luego dijo, ‘nuestra Rashta lo ha logrado’.
—Quizás… solo fue por eso que te buscó.
—Dijo que volvería.
Rashta habló con frialdad.
—No es posible que tenga la sangre de un esclavo común.
—Yo también intenté esa excusa, pero él estaba seguro.
—Deshazte de él.
Rashta habló con firmeza, tenía una mirada decidida.
La había abandonado cuando era una esclava, pero ahora la buscaba. Evidentemente, no parecía tener buenas intenciones.
Sin embargo, el Vizconde Roteschu se mostró indiferente.
—¿Por qué no se lo pides a Su Majestad?
—¿Qué?
—¿No es cierto que Su Majestad sabe todo sobre tu pasado? Y aun así hace la vista gorda. Creo que este asunto se resolvería mejor si se lo pides a Su Majestad en vez de a mí, ¿No crees?
—¿Qué está diciendo? ¿No me pide dinero para ayudarme en casos como este?
La expresión del Vizconde Roteschu se crispó de inmediato.
—Te dije que Rivetti había desaparecido.
—¿...todavía no la ha encontrado?
—Así es, no he podido encontrarla. Así que además de buscar a mi propia hija, tengo que encontrar a la verdadera hija de tus padres falsos como me ordenaste.
Rashta se mordió los labios.Eso es todo, ¿No puede hacer tres cosas al mismo tiempo?
Las palabras,¿No puedes deshacerte de él mientras los buscas?llegaron a la punta de su lengua. Sin embargo, Rashta era responsable de la desaparición de Rivetti, así que no podía decir nada.
—No es que me moleste, pero últimamente he estado muy ocupado. Apenas puedo ver el rostro de Alan.
El Vizconde Roteschu suspiró y alzó la cabeza para mirar el reloj de pared. Como si intentara hacerle ver que estaba muy ocupado.
—Saldré esta noche en carruaje para recorrer toda la Región de Parme. Así que no me busques aunque sea urgente.
En medio de todo esto, el Vizconde Roteschu tomó un puñado de joyas. La razón era que necesitaba pagar muchos gastos de viaje para movilizarse.
¿Qué debería hacer?
Una vez que el Vizconde Roteschu se fue, Rashta se levantó y empezó a caminar nerviosamente por la habitación.
Traducido por: Valiz
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