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La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 300


Capítulo 300 - La decepción de Rashta (1)

Momentos antes, Sovieshu le había pedido a su secretario que trajera a Rashta a su habitación. Pero Rashta había vuelto a rechazarlo y Sovieshu murmuró fríamente.

—Siempre usando al bebé como escudo.

Aunque honestamente no esperaba que ella viniera, le sorprendió que siempre pusiera la misma excusa.

El secretario miró a Sovieshu a la cara.

—Si lo pide un poco más fuerte...

—Olvídalo. No quiero que diga de nuevo que le duele el estómago o alguna excusa por el estilo.

Después de que Sovieshu agitara la mano, tomó una caja de una mesa pequeña, la abrió y se acercó a la jaula.

El pájaro azul dejó de rascarse y se apresuró hacia Sovieshu, abriendo su pico inmediatamente.

Sovieshu examinó al pájaro juguetón mientras echaba algo de comida de la caja en el comedero.

Todavía estaba un poco delgado, pero ahora tenía un bonito plumaje.

Sovieshu sonrió amargamente mientras observaba al pájaro comer del comedero con impaciencia.

Este pájaro, que había intentado darle a Navier pero que fue devuelto, ahora se convertía en su pequeña paz.

Y estaba decepcionado al concluir que fue Rashta quien arrancó las plumas de este adorable pájaro.

¿Cómo podía hacerle eso a un pájaro tan débil y delicado?

—Después...

—Le escucho, Su Majestad.

—Después de que nazca el bebé, asignaré a una niñera para que lo cuide.

—¿Qué?

—Necesitaré a alguien que cuide del bebé cuando no pueda.

—Hmm...

—Tendré que empezar a leer libros sobre crianza.

—...

—Los bebés son pequeños y débiles.

El secretario guardó silencio, ya que no entendía los pensamientos de Sovieshu.

¿Acaso Rashta no se encargará del bebé cuando Su Majestad esté ocupado? ¿Eso significa que la niñera cuidará al bebé cuando Su Majestad no pueda y el resto del tiempo lo hará él mismo? ¿Su Majestad quiere hacerse cargo completamente de la crianza de su hijo?

Varias preguntas estaban a punto de salir de su boca, pero logró mantenerse en silencio.

El secretario estaba desconcertado.

La familia imperial, al igual que la nobleza, no se encargaba principalmente de la crianza de los hijos. Esa responsabilidad recaía usualmente en la niñera.

De todos modos, Sovieshu no cambiaría de opinión por la opinión de su secretario.

—¿Y el certificado de esclavo? ¿Aún no lo encuentran?

—Mis disculpas. Sería fácil encontrarlo si pudiera contar con la ayuda de muchas personas, pero eso no es posible, por lo que el progreso no es tan rápido como se podría esperar, Su Majestad.

—Debe conseguirlo lo antes posible. Lo antes posible.

Una vez que el secretario se fue, Sovieshu metió los dedos a través de la jaula y acarició al pájaro por un momento antes de sentarse en su cama.

Con la frente descansando sobre sus manos entrelazadas, cerró los ojos y reprimió su ansiedad.

Había salvado a Rivetti porque sabía de los crímenes que Rashta había cometido, pero también para mantener la boca cerrada del Vizconde Roteschu.

Además, tenía varios planes en caso de que el certificado de esclavo saliera a la luz, pero lo mejor sería encontrarlo y destruirlo.

Mientras Sovieshu permanecía en la cama durante un rato, presionando sus sienes con los dedos, escuchó una voz inesperada.

—¡Su Majestad, la Emperatriz está entrando en parto prematuro!

Sovieshu saltó de la cama. ¿Parto prematuro?

Cuando abrió la puerta y salió al salón, vio que su asistente tenía una expresión que hacía difícil saber si estaba feliz o preocupado.

Sin embargo, Sovieshu entendió tarde la situación.

—¡Parto prematuro!

En ese instante, Sovieshu salió corriendo y se dirigió rápidamente al Palacio Oeste.

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Después de dos partos, Rashta se dio cuenta de que el dolor era el mismo, sin importar dónde diera a luz.

Rashta gritaba y se retorcía con las manos en el vientre debido al dolor, mientras sentía que sus entrañas temblaban.

El dolor, que parecía no acabar nunca, comenzó a disminuir lentamente después de unas horas. Finalmente, Rashta empezó a jadear con todo su cuerpo empapado en sudor.

Debe ser un niño.

Pensó Rashta mientras yacía flácida sobre la cama.

Debe ser un niño.

Cuando tuvo una relación especial con Sovieshu, no le importaba si era niño o niña, pero ahora la situación había cambiado.

Tenía que ser un niño. No habría segunda oportunidad.

A su lado, la Vizcondesa Verdi exclamó con alegría,

—¡Su Majestad, Su Majestad, es un bebé realmente hermoso!

Rashta no tenía fuerzas para responder, así que solo giró la cabeza hacia el lado de la Vizcondesa. Parpadeó varias veces, tratando de aclarar su visión borrosa.

La Vizcondesa Verdi sostenía al bebé envuelto en un suave paño.

Los llantos del bebé se extendieron por toda la habitación.

Mientras tanto, las sirvientas trajeron una palangana con agua tibia y un par de toallas pequeñas para limpiar el cuerpo de Rashta.

—¿Y el bebé?

Rashta le preguntó a la Vizcondesa Verdi con voz débil.

—¿Es un niño?

Rashta vio claramente cómo la sonrisa de la Vizcondesa Verdi se endureció al instante.

—Entonces es una niña —murmuró Rashta atontada—. Una niña.

Su visión volvió a nublarse. Rashta cerró los ojos con fuerza y mordió sus labios para intentar contener las lágrimas.

—Esto no puede ser. Tenía que ser un niño.

Una profunda sensación de desesperación comenzó a surgir dentro de ella, como si se estuviera hundiendo en un pantano viscoso.

Rashta se sujetó la cabeza con ambas manos mientras las lágrimas caían por sus mejillas.

—Uh...

Por el bien del bebé y por el suyo propio, definitivamente tenía que ser un niño.

Pero resultó ser una niña.

Rashta tembló con una ansiedad vaga.

El dolor del parto disminuyó, pero ahora su corazón dolía.

—Su Majestad. Mire al bebé.

La Vizcondesa Verdi trató de entregarle el bebé, pero Rashta negó con la cabeza y agitó la mano.

—Más tarde.

Ahora estaba tan decepcionada que no quería mirar al bebé.

—Lo sostendré más tarde.

Cuando el bebé comenzó a llorar nuevamente, la Vizcondesa Verdi la meció en sus brazos para intentar calmarla.

En ese momento, una sirvienta se acercó y le preguntó a Rashta.

—Su Majestad, el Emperador me pidió que le preguntara si puede entrar.

—¿Ha llegado el Emperador?

—El Emperador ha estado esperando en la puerta durante horas.

Rashta se frotó los ojos, estiró los brazos y le dijo a la Vizcondesa Verdi,

—Dame al bebé.

En los brazos de Rashta, el bebé se calmó al instante.

—Dile a Su Majestad que pase.

El bebé movió sus manitas como si pudiera reconocer a su madre.

Un profundo amor por el bebé y una intensa decepción. Estos dos sentimientos contrarios hicieron que Rashta llorara nuevamente.

—¿Rashta?

Sovieshu pronunció el nombre de Rashta sorprendido al entrar en la habitación.

Rashta luchó por reprimir sus lágrimas y sonrió a Sovieshu.

—Su Majestad, es un bebé verdaderamente hermoso.

Sovieshu se acercó rápidamente al bebé y lo tomó en sus brazos.

—Hermosa... una hermosa niña —repitió Rashta.

El rostro de Sovieshu se iluminó al ver al bebé, pero Rashta no se dio cuenta porque estaba secándose las lágrimas.

Sovieshu sostenía al bebé cuidadosamente en sus brazos, un poco nervioso sin saber dónde debía poner las manos.

Tal vez el bebé era demasiado pequeño porque había nacido prematuro.

Sin embargo, Sovieshu miraba la piel arrugada del bebé con cariño.

Él también no pudo contenerse y las lágrimas le vinieron a los ojos.

Para proteger a este bebé, se divorció de la mujer que más amaba.

Por el bien de este bebé.

—Su Majestad, debe sostenerla de esta manera.

La Vizcondesa Verdi le mostró cómo hacerlo.

—¿Está bien así?

—Sí.

Sovieshu sostuvo correctamente al bebé en sus brazos y acarició cuidadosamente su piel roja y arrugada con sus grandes manos.

Traducido por: Valiz

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