La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 287
Me sentí el doble de culpable. Las palabras,¿Estás actuando otra vez?llegaron hasta la punta de mi lengua, pero el deseo de tirar de sus labios adorables, junto con lo encantador que se veía, me impidió hablar.
Heinley, probablemente pensando que mienojopersistía, levantó mi mano derecha con ambas manos y frotó suavemente su mejilla contra mi palma.
—No te enojes. ¿Sí?
¿Cómo podría estar enojada al ver su rostro encantador? Finalmente, me decidí.
—No estoy enojada.
—¿De verdad?
—Es solo que…
Después de dudar, confesé con sinceridad,
—Creo que lo que dijiste en ese momento podría ser cierto.
Acababa de pensar en eso. Estaba luchando por no amar a Heinley, pero no podía evitar encontrarlo adorable. En cierto sentido, ¿No es que realmente solo amaba su cuerpo? Pero entonces, como sentía este peso en el corazón…
Sonriendo levemente, Heinley movió los labios unas cuantas veces. Entonces, justo cuando finalmente iba a decir algo, un grito surgió de la nada.
—¡Joven amo, no puede ir por ahí!
Poco después, miré con curiosidad en dirección a la voz, y un niño pequeño apareció entre los arbustos.
¿Quién es?
Miré perpleja al pequeño niño que nunca había visto antes, y Heinley dijo:
—Ah. —Frunciendo el ceño.
—¿Lo conoces?
Cuando le pregunté confundida, Heinley respondió ladeando la cabeza,
—Sí. Lo he visto antes…
Aunque le resultaba familiar, no lo recordaba bien.
Por el contrario, el niño reconoció a Heinley al instante y gritó:
—¡Papá!
¿...papá?
Al mirar desconcertada a Heinley, él negó rápidamente con la cabeza y exclamó como si hubiera recordado algo,
—Ah. ¡Es el sobrino de McKenna!
—Entonces tú…
—No, este niño no tiene nada que ver conmigo.
A pesar de sus duras palabras, Heinley sonrió y cargó al niño tan pronto como este se le acercó corriendo diciendo:
—¡Papá!
—¿Cómo has estado, Sally?
—No me llamo Sally.
Pero parecía que ni siquiera recordaba su nombre.
—Entonces, ¿Te llamas Sen?
Justo entonces una voz vino desde atrás.
—Se llama Sebastian, Su Majestad.
Al voltear la cabeza, apareció McKenna con las manos en la cintura, como si estuviera molesto.
El niño también le gritó a McKenna,
—¡Papá!
—Lo siento, Su Majestad la Emperatriz. Es mi sobrino, no tiene nada que ver con el Emperador. Quería ver el palacio imperial, así que le permití acceder a ciertas áreas. No sé cómo llegó hasta aquí.
Llamando a McKenna papá, el niño corrió hacia él. McKenna lo cargó y trató de calmar al inquieto niño en sus brazos mientras decía que al pequeño le gustaba impedir que otras personas se casaran. Sus palabras no eran agradables, pero era evidente que amaba a su sobrino.
Mientras sonreía pensando que era una escena adorable, esta vez el pequeño me llamó a mí:
—¡Papá!
Heinley susurró:
—Papá. —Riendo como si lo encontrara divertido.
Después de mirar fríamente a Heinley, me acerqué al niño en brazos de McKenna y le acaricié la cabeza. Entonces el niño gimoteó para que McKenna lo bajara, y esta vez vino hacia mí. Era un niño muy amable.
—Cariño, ¿Cuántos años tienes?
—Doce años…
—¿Por qué mientes hasta con eso? Su Majestad, tiene tres años.
—¡Doce años!
—¡Tienes tres años!
Mientras observaba a McKenna discutir con su sobrino, una mujer que nunca había visto antes estaba siendo llevada a la fuerza por unos caballeros.
Repetía:
—¡De verdad no soy una persona sospechosa! —Pero al ver a McKenna, gritó con un rostro que parecía a punto de llorar,
—¡Gran Maestro!
—¿Cómo te arrestaron otra vez?
—Me arrestaron por hacer un escándalo en el palacio imperial mientras seguía al joven amo. ¡Gran Maestro, por favor dígales a estos caballeros que no soy una persona sospechosa!
Todos los miembros de la familia McKenna son ruidosos.
No pude evitar reír mientras McKenna revelaba la identidad del niño y de la mujer a los caballeros.
Después de un rato, McKenna se disculpó con nosotros y se llevó al niño y a la mujer. Mientras los veía alejarse, de repente mis ojos se posaron en Heinley.
Sovieshu estaba impaciente por tener un hijo. ¿Y Heinley? Por la forma en que cargó al niño cuyo nombre ni siquiera recordaba bien, ¿Era posible que Heinley también lo deseara?
Cuando me preocupaba por si podía tener un bebé, Heinley me habló de los secretos del lecho de maná y sus palabras me hicieron pensar que, incluso si realmente era estéril, esta vez podía tener un bebé. Sin embargo, a pesar de hacer el amor tan seguido, aún no había señales de embarazo.
Sin darme cuenta, puse mi mano sobre mi vientre. Está plano… plano.
Me estremecí al recordar las palabras de Sovieshu. Solo porque el lecho de maná restaure el cuerpo, ¿Realmente podría quedar embarazada? El hermano de Heinley y Christa nunca pudieron tener un bebé, ¿Cierto?
Si nosotros tampoco podemos tener un hijo…
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Un bebé…
Sentada en una mecedora, puse mi mano sobre mi vientre e intenté imaginar cómo sería ser madre.
No podía imaginarlo. ¿Habría sido diferente si hubiera tenido un hermano menor? Tampoco pasé mucho tiempo con niños pequeños.
De repente, recordé lo feliz que se veía Heinley mientras sostenía al niño, cuyo nombre ni siquiera conocía. Aunque no dijo nada, ¿Acaso Heinley, en el fondo, quería un hijo tanto como Sovieshu? Con un sucesor, su trono estaría aún más sólido, ¿Verdad?
—Su Majestad, el Emperador está aquí.
—¿Ahora?
Es un buen momento, pero… ¿Por qué vino de repente?
Acabábamos de tener una reunión sobre Whitemond. Ni siquiera era hora de cenar juntos.
Estaba bien si venía a intentar terminar con la atmósfera incómoda, pero… no pude evitar sentirme un poco nerviosa. Así como el Gran Duque Kapmen vino de repente con malas noticias sobre el equipo enviado a Whitemond, probablemente Heinley también tenía algo urgente que decirme, ¿Verdad?
Mi suposición fue correcta.
—Mi Reina, hay algo desagradable que debo decirte.
Heinley se sentó frente a mí y abrió la boca con dificultad.
—Se trata de esa mujer.
Se refería a Rashta al deciresa mujer. Y Heinley no solía hablar de Rashta ni de Sovieshu frente a mí a menos que fuera importante.
Enderecé mi postura, reprimiendo la creciente ansiedad.
—¿Qué pasó?
—Esa mujer contrató a un mercenario para un asesinato.
El hecho de que Heinley me dijera esto…
—¿Está intentando atacarme?
Pregunté, sintiéndome confundida y sin palabras. Pero Heinley negó con la cabeza.
—Va tras padre y madre.
—¿Te refieres a mi padre y mi madre?
Sorprendida, mi voz se elevó naturalmente.
Hubiera sido absurdo que Rashta quisiera asesinarme, pero parecía aún más absurdo que quisiera asesinar a mis padres.
—¿Por qué?
—Eso no lo sé. Ni siquiera son del tipo de personas que confrontarían abiertamente a esa mujer.
Heinley tenía razón. Mis padres son del tipo que se quedarían en su mansión si no quisieran ver a Rashta y Sovieshu. Por eso me parecía más extraño. ¿Por qué mis padres? ¿Y por qué ahora?
Los días en que Rashta era la concubina y yo la Emperatriz eran cosa del pasado. Yo ya estaba en el Imperio Occidental, y ella había asumido el puesto de Emperatriz del Imperio Oriental. ¿Por qué tenía que atacar a mis padres ahora…? Ah.
—Cree que mi familia se interpondrá en el camino de su hijo.
—Yo también creo que ese es el problema.
—¿El mercenario es muy hábil?
Pregunté rápidamente, muy preocupada. Pero entonces, Heinley dijo con una leve sonrisa, como para tranquilizarme,
—No te preocupes, Mi Reina. Mi informante intercambió al mercenario que contrató esa mujer por un subordinado suyo.
—¿Un informante?
—Sí. Gracias a él pude saberlo.
—Ahh.
Presioné mi mano contra el corazón. Escuchar las palabras de Heinley calmó un poco mi corazón acelerado.
—El plazo también es lo suficientemente largo, así que puedes estar tranquila por ahora.
La voz de Heinley me tranquilizó, pero aún tenía una expresión seria.
—Pero esa mujer podría haber contratado a más de un mercenario, así que no está de más tomar precauciones.
—Tengo que avisar a mis padres. Es necesario reforzar su seguridad.
Respondí lo más calmada posible, pero una llama se encendió dentro de mí.
Cuando estaba en el Imperio Oriental pasé por alto las acciones de Rashta porque estaban bajo la responsabilidad de Sovieshu.
Sovieshu tenía mucho más poder que Rashta, y fue él quien la convirtió en su concubina, así que Sovieshu debía hacerse cargo de sus actos y palabras.
Además, si hubiera usado todo mi poder para suprimir a Rashta, habría terminado siendo vista como una Emperatriz malvada. Al final, la gente simpatiza con los débiles.
Sin embargo, Rashta ahora estaba en una posición donde debía responsabilizarse de sus acciones. ¿Y lo que hace en cuanto tiene poder es intentar asesinar a mis padres?
—No puedo quedarme de brazos cruzados.
Traducido por: Valiz
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