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La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 260


Heinley tenía la intención de responderno has tenido ni una relación amorosa, sin importar qué le aconsejara. Pero después de escuchar las palabras de McKenna, le parecieron bastante razonables.

Era cierto. Tanto Heinley como Navier estaban demasiado ocupados. Navier era tan apasionada con su trabajo que parecía adicta. Incluso, hacía apenas unos días, cometió el atroz acto de llevar trabajo al dormitorio matrimonial.

Heinley consideraba el dormitorio matrimonial un espacio solo para ellos, así que eso era realmente inaceptable. Sentía como si el país se interpusiera entre Navier y él.

Pero el problema era que Heinley también estaba ocupado. Tenía reuniones varias veces al día y le llegaban cientos de informes de distintos países. Tenía decenas de documentos oficiales que necesitaban ser firmados con urgencia, y además cosas que preparar en secreto.

De no ser por eso, Navier habría encontrado tiempo para estar con él sin importar lo ocupada que estuviera. De hecho, hubo varias ocasiones en las que Navier lo visitó durante un descanso, pero se marchó al enterarse de que Heinley estaba ocupado. Claro que él no lo sabía.

Una vez que Heinley murmuró:

—Tienes razón. —McKenna se apresuró a decir,

—Creo que es necesario hacer un juego de roles.

—Oh. Es una buena idea, pero no creo que Mi Reina quiera hacerlo todavía…

—¿De qué está hablando?

—¿No se trata deeso?

—Tiene una mente muy lasciva, Su Majestad. Me refiero a crear una situación peligrosa para salvarla. Los hombres y mujeres suelen acercarse más de esa manera.

Ante las palabras de McKenna, Heinley se dio cuenta de que el juego de roles en el que él pensaba era diferente al que McKenna se refería.

Heinley finalmente entendió a qué se refería McKenna. Eso también parecía bastante razonable. Pero considerando que su secretario nunca había tenido una relación amorosa…

—Aun así, no puedo poner deliberadamente a Mi Reina en una situación peligrosa.

Dijo Heinley con firmeza. Era bueno acercarse, pero era horrible poner a la persona que uno ama en peligro. Sin embargo, pronto se le ocurrió un buen plan.

—Oh… yo podría ser quien esté en una situación peligrosa.

—¿Eh?

—Al encontrarme temblando en un estado lastimoso, mi esposa correrá a salvarme.

—¿Eh?

—Me verá como si fuera un perrito indefenso. Se conmoverá tanto que me amará.

—¿Eh?

—Eh, eh, eh… basta, McKenna. Ocúpate de los preparativos para la cacería. Solo iremos a cazar con mi esposa y otras personas cercanas.

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Una tarde después de otro día ajetreado como siempre.

—¿Ir de cacería?

Preguntó Heinley mientras yo yacía sobre su pecho al mismo tiempo que me rodeaba con los brazos y me acercaba a su costado.

—Sí. No es una gran competencia. Solo es una pequeña diversión para aliviar el estrés.

Lo miré mientras jugaba con sus dedos. La piel de Heinley seguía siendo suave y tersa. Ahora que lo pensaba, él estaba en una edad de pleno vigor.

Tanto mi hermano como Sovieshu amaban las actividades al aire libre a esta edad, como cazar, montar a caballo y demás. En cambio, Heinley estaba encerrado en el Palacio Imperial trabajando todo el tiempo. Parecía ejercitarse todos los días, pero eso no era suficiente…

—Está bien.

Acepté con una sonrisa. No me gustaba cazar, pero sí montar a caballo. Sería agradable volver a montar.

—Los preparativos para la cacería...

—McKenna se encargará. No te preocupes, Mi Reina.

De repente, un grito como el de McKenna resonó en mis oídos. Cada vez que lo veía, se quejaba de lo ocupado que estaba. ¿Estará bien encargarse de los preparativos para la cacería…?

Estaba un poco preocupada, pero también demasiado ocupada como para ofrecer mi ayuda. Así que me quedé callada.

Unos días después, Heinley y yo fuimos juntos a un coto de caza cerca del Palacio Imperial.

El número de personas que nos acompañaron para la cacería era reducido. McKenna, Mastas, la Condesa Jubel, algunos nobles, los guardias de Heinley, los Caballeros Transnacionales, entre unos pocos más.

Aunque podía parecer que se habían llevado suficientes sirvientes para mayor comodidad, aún eran pocos.

Al llegar al coto de caza, los sirvientes comenzaron a montar tiendas y preparar la comida al aire libre con increíble rapidez. También empezaron a construir un almacén temporal para guardar los animales cazados a medida que los trajeran.

Incluso antes de que las tiendas estuvieran listas, todos los que íbamos a cazar montamos los caballos. Yo monté un caballo blanco y acaricié suavemente su cabeza.

Al principio todos cabalgamos juntos. Más que una cacería, parecía que íbamos charlando a caballo.

A medida que comenzó a aparecer la presa, el ambiente cambió a uno de caza. Mastas estaba especialmente animada, y juró capturar un oso mientras blandía su lanza.

—He oído que no hay osos por aquí, señorita Mastas.

—Condesa Jubel, los osos viven en todas partes.

—Hmm, es la primera vez que oigo eso.

Los demás nobles expresaban con entusiasmo que iban a cazar algo, y los caballeros también parecían emocionados.

En medio de todo eso, Heinley de pronto miró al capitán de la guardia Yunim y dijo:

—Quiero ir solo con mi esposa, así que síguenos a cierta distancia.

—Es peligroso, Su Majestad.

Objetó Yunim sorprendido. Pero como Heinley no parecía dispuesto a ceder, Yunim me miró para que lo detuviera.

Últimamente, la hostilidad de Yunim hacia mí había disminuido mucho. Era un poco más cortés que cuando lo conocí por primera vez.

Pero antes de que pudiera decir algo, Heinley dijo con firmeza:

—No es peligroso. —Luego me miró y preguntó.

—¿Estás de acuerdo, Mi Reina?

Asentí con la cabeza en señal de acuerdo. El coto de caza no era grande, y los guardias nos seguirían desde cierta distancia de todas formas.

Además, había escuchado que como era un coto de caza cercano al palacio imperial, no había animales peligrosos. Si un animal peligroso salía a una casa privada, causaría un gran alboroto, así que todo estaba completamente bajo control.

No era una exageración que la Condesa Jubel chasqueara la lengua cuando Mastas dijo antes que cazaría un oso.

Al final, Yunim se retiró con disgusto y Heinley me pidió que me acercara.

—Está bien.

Acepté con una sonrisa y cabalgué al lado de Heinley.

Traducido por: Valiz

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