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La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 258


Capítulo 258 - La Reina solo ama su cuerpo (1)

El Marqués Karl estaba informando a Sovieshu sobre el Duque Elgy.

Según el informe del Marqués Karl, había muchos rumores sobre peligrosos piratas asociados con el Duque Elgy.

Pero todos esos rumores no tenían fundamento, así que era difícil saber si eran simplemente falsos.

Una vez que el Marqués Karl terminó, Sovieshu soltó una pequeña risa burlona.

—Todo el mundo sabe que las familias reales de los países marítimos están en contubernio con los piratas.

Sovieshu lo dijo porque el Duque Elgy pertenecía a la familia real del país marítimo Blue Bohean.

—Está bien. ¿Algo más?

—El Duque Elgy ha tenido varios escándalos amorosos en la alta sociedad.

—Eso es bien sabido. ¿Cómo podría llamarse rumor?

—Pero hay algo extraño.

—¿Extraño?

—Especialmente en los escándalos amorosos más graves, parece que el Duque Elgy siempre terminaba siendo la víctima, así que la otra parte tenía que pagar un alto precio.

—¿Un alto precio?

—No se conocen esos detalles porque la otra parte permaneció en silencio en todos los casos, pero…

El Marqués Karl añadió con preocupación.

—Creo que es un mal sujeto en muchos aspectos. Es costumbre permitir que los invitados distinguidos se queden el tiempo que deseen, pero ¿No sería mejor enviar al Duque Elgy lejos aunque se tenga que inventar una excusa?

Entonces el Marqués Karl vaciló por un momento antes de hablar de nuevo,

—El Duque Elgy tiene una relación cercana con la Emperatriz, y me preocupa porque se dice que todos con quienes tuvo un escándalo no terminaron bien.

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Los nobles que asistieron tras recibir la invitación enviada por Rashta quedaron impresionados.

La fiesta de té no era una farsa. Las grandes mesas blancas dispuestas en el jardín de la Casa de Cristal se veían impecables, los manteles reflejaban sutilmente la luz del sol, dando una apariencia muy glamurosa.

Las mesas estaban repletas de todo tipo de platillos deliciosos, como galletas horneadas crujientes, nueces espolvoreadas con chocolate, merengues de color rosa claro y amarillo pálido, y pudín de durazno, entre otros. Todo estaba tan bien preparado que haría suspirar a cualquiera.

Lo que desconcertó a los nobles fue que, alrededor de las glamorosas mesas de té, solo estaban ellos vestidos con trajes. No se veían damas charlando alegremente alrededor de las mesas de té.

¿Vendrán más tarde? ¿Se ha cambiado la hora de la fiesta? ¿Llegamos demasiado temprano? Los nobles hicieron varias conjeturas. Pero Rashta apareció poco después, y sus preguntas fueron olvidadas.

Cuando Rashta apareció con un vestido púrpura oscuro y una sombrilla, los ojos de los nobles brillaron. No pudieron evitar maravillarse. ¿Quién más podría llevar un color tan espléndido y digno con tanta pureza?

Rashta, que se encontraba sola en su vestido púrpura, parecía una lila floreciendo entre la maleza.

—Bienvenidos.

Rashta sonrió dulcemente, dando la bienvenida a los nobles con gracia.

—Espero que todos se diviertan.

Luego Rashta tomó una uva de un plato y se la metió en la boca. En un instante, los ojos de los nobles se fijaron en la boca de Rashta.

En lugar de comerse la uva de inmediato, Rashta colocó la uva redonda entre sus labios rojizos y la chupó. La uva, que revelaba un color verde claro por dentro, desapareció lentamente de sus labios, entrando en su boca. La escena despertó pensamientos obscenos.

Los nobles que observaban esto contuvieron la respiración inconscientemente o tragaron saliva. Rashta dijo lentamente con una sonrisa,deliciosa, y se sentó en la cabecera de su mesa.

—Siéntense todos. ¿Por qué están ahí parados mirándome?

Rashta sonrió, levantando ligeramente las comisuras de su boca. Pensaba que conocía bien a los hombres. Pero no sabía cómo retener sus corazones.

Si lo hubiera sabido, Alan no la habría traicionado. Pero sin duda sabía cómo atraparlos en poco tiempo.

Según la experiencia de Rashta, los hombres que no pertenecían a la nobleza se sentían atraídos por las mujeres nobles. Fantaseaban con mujeres nobles, elegantes e inteligentes.

En cambio, los nobles fantaseaban con mujeres que no pertenecían a la nobleza. Consideraban que las mujeres nobles eran altivas y calculadoras, y que solo las mujeres no nobles podían ofrecer un amor genuino.

Rashta solo tenía que mostrarles lo que querían.

Sin embargo, este comportamiento de Rashta pronto dio lugar a malos rumores en la alta sociedad. No era raro que los nobles invitaran solo a hombres nobles a reunirse, y que las mujeres nobles invitaran solo a mujeres nobles a reunirse.

Pero invitar solo a nobles del sexo opuesto a una fiesta de té nunca había ocurrido en la historia del Imperio Oriental. Al menos eso pensaban los nobles al enterarse de la ‘Fiesta de Té de Hombres’ de Rashta.

Incluso los nobles que asistieron a la fiesta de Rashta y quedaron fascinados por su encanto, no se pusieron de su lado en esto.

La alta sociedad era un conjunto único, en el que los nobles no se dividían por hombres y mujeres, sino por intereses y facciones. Las nobles excluidas por la Emperatriz pertenecían a la misma familia que los nobles invitados. Naturalmente, no tenían más opción que ponerse del lado de su familia.

Rashta se sintió herida cuando Alan prefirió a su familia antes que al amor, y esta vez cometió el mismo error de nuevo. La razón era que no podía comprender por completo a las familias nobles.

Además, el hecho de que Rashta estuviera tan cerca del Duque Elgy generaba aún más sospechas sobre su comportamiento.

Entre los nobles conservadores y de mente cerrada, muchos no estaban contentos con que la verdadera Emperatriz, Navier, hubiera sido desplazada por una Emperatriz plebeya, sobre quien circulaban muchos rumores negativos.

Ni siquiera se inmutaron al enterarse de la noticia de que los Vizcondes Isqua eran los verdaderos padres de Rashta. Aunque tenía sangre noble, aún la consideraban una plebeya porque había crecido como tal.

¿Ser Emperatriz significaba reunirse con otros hombres para pasar el rato? Incluso su amigo, con quien siempre andaba, era miembro de la familia real de otro país, un playboy bien conocido. Estaban indignados, considerando que Rashta no era digna de pertenecer a la Familia Imperial del Imperio Oriental.

Tras bastidores, el Marqués Farang también jugó un papel importante al agitar las aguas, ya que estaba muy enojado porque Koshar había sido desterrado.

—¿No son los Isqua Vizcondes caídos de un país extranjero? ¿Deberían ser tratados como nobles en nuestro país? Incluso teniendo una posición respetable.

El Marqués Farang se refería al Vizconde y a la Vizcondesa Isqua como una piedra rodante, instigando sutilmente a la nobleza autoritaria.

—Además, la sangre de una familia noble extranjera caída correrá por las venas del Príncipe Heredero. Sería diferente si se tratara de una familia real extranjera o una familia extranjera de alto estatus.

Debido a la tensa atmósfera, el Barón Lant finalmente fue a visitar a Rashta y le aconsejó con preocupación,

—Su Majestad. Últimamente han estado circulando malos rumores.

—¿Qué quiere decir con malos rumores?

—Esto...

—¿Qué ocurre? ¿Cuáles son los rumores?

El Barón Lant no quería decir los rumores vulgares tal como eran, así que le aconsejó de la mejor manera posible:

—El Duque Elgy tiene mala reputación, Su Majestad. Es inevitable que surjan rumores desagradables si se relaciona con él. No es alguien digno de estar cerca de la Emperatriz del Imperio Oriental.

—¿A la gente no le gusta que Rashta se relacione con el Duque Elgy?

—Así es. Y el hecho de que hace unos días organizara una fiesta de té solo con nobles varones...

—Qué escandaloso.

Rashta mostró severamente su disgusto.

—¿Acaso es malo ver con malos ojos una amistad? Las personas que malinterpretan a otras como les da la gana son malas, las personas que son malinterpretadas sin hacer nada no son malas.

Rashta no aceptó en absoluto las palabras del Barón Lant. Sorprendido, el Barón Lant intentó aconsejarla de nuevo, pero finalmente se fue sin lograr nada y pidió a Sovieshu que se encargara.

Sovieshu también había oído rumores sobre Rashta en todas partes, así que inmediatamente y con amargura la aconsejó esa noche.

—Últimamente he estado escuchando malos rumores sobre ti. Ten cuidado, Rashta.

Aunque Rashta se sintió agraviada, finalmente respondió con desánimo:

—Sí. —Pero interiormente le parecía muy injusto.

Todo es culpa de esa maga en el Palacio del Sur.

Rashta se refería a Evely, la posible concubina en el Palacio del Sur.

—Pero he oído que siempre está trabajando...

—Los nobles hablan mal de Rashta porque Su Majestad protege y cuida a esa chica. Todo acabaría si Su Majestad ordenara con firmeza que se detuvieran esas tonterías.

La Vizcondesa Verdi pensó que la conclusión de Rashta era un poco extraña, pero no se atrevió a decirlo para no enfadarla.

Traducido por: Valiz

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