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La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 233


Capítulo 233 - Noche de bodas (2)

—Oh…

En realidad, era solo un dormitorio.

El único mueble en su interior era una cama con una alfombra mullida debajo.

La cama en este dormitorio era incluso más grande que la cama en la Habitación de la Emperatriz y la del Emperador, que ya de por sí eran muy grandes.

¿De verdad era un lugar solo para dormir?

Sin embargo, no se sentía vacío porque había ramos de flores de aliento de bebé por todo el lugar.

También salía un resplandor tenue de la cama. ¿Qué función tendría?

Mientras miraba alrededor, escuché un:

—Mi reina. —Desde detrás de mí.

Para mi sorpresa, vi a Heinley apoyado contra la pared junto a la puerta que conectaba mi habitación con el dormitorio.

Como era de esperarse, llevaba la misma bata que yo, pero…

—Ah.

Avergonzada, me di la vuelta apresuradamente.

Podía ver gran parte de su pecho porque el cinturón de su bata estaba atado de forma floja.

Mientras intentaba evitar el contacto visual por la incomodidad, Heinley se acercó y me rodeó suavemente la cintura con los brazos desde atrás.

Luego me besó en la oreja, en la mejilla, y de nuevo en la oreja, susurrando.

—Enséñeme rápido.

Me sentí tan avergonzada e incómoda que estuve al borde de las lágrimas.

Además, el calor se elevó en las zonas por donde pasaron sus labios. Y probablemente porque acababa de bañarse, sus labios estaban húmedos.

—Ve... ve a la cama.

A mis cuidadosas palabras, Heinley soltó una risita suave y fue hacia la cama sin apartar los ojos de mí.

Luego se sentó en la cama, extendiendo los brazos con las piernas ligeramente separadas.

—Venga rápido.

Me había pedido que tomara la iniciativa, pero ¿De verdad quería que lo hiciera?

Sin embargo, me acerqué lentamente, sintiéndome un poco más tranquila. En un instante, estaba de pie entre las piernas de Heinley.

Pero parecía que eso era todo lo lejos que iría con su comportamiento audaz…

Me miró con una expresión indescifrable, y tragué saliva mientras miraba fijamente sus pupilas misteriosas.

Su cabello aún húmedo lo hacía parecer más atractivo que de costumbre.

Extendí la mano lentamente y la pasé por su cabello. Heinley entonces cerró los ojos y levantó ligeramente la cabeza, parecía decirEstoy en tus manos.

…tan lindo. Es como un gran cachorro. Un cachorro muy manso.

Su actitud me dio un poco de valor.

Deslicé mis dedos entre su cabello para acariciarlo, mientras se enredaba suavemente en mis manos.

Después de hacer esto un poco más, le di un beso ligero en la frente y susurré.

—Sube. Muévete más al centro.

Heinley abrió los ojos y sonrió, subiendo obedientemente a la cama.

Aunque dudé, empujé ligeramente su pecho para que recostara completamente la parte superior de su cuerpo.

Una vez que mis dedos tocaron su cuerpo desnudo, Heinley se estremeció por un momento, pero se recostó en la cama sin protestar.

En esa posición, me miró y susurró con ojos llenos de expectativa.

—No me importa si es brusca.

—Águila traviesa. No te importa si soy brusca… ¿O quieres que lo sea?

Cuando pregunté con una sonrisa, Heinley murmuró:

—Como usted quiera está bien. —Luego bajó una mano para agarrar el cinturón de su bata y lo desató completamente.

Una vez que desató su cinturón, su torso quedó completamente expuesto.

Solté mis pantuflas al suelo, subí a la cama de rodillas y me deslicé sobre su abdomen, montándolo.

—Argh.

Heinley soltó un suspiro de sufrimiento, como si no pudiera soportarlo más, y puso las manos sobre mis muslos.

Aunque sus manos tocaban mi bata, sentí como si estuvieran tocando directamente mi piel.

Mientras el calor subía rápidamente a mi rostro y mordía mi labio inferior, las manos de Heinley recorrieron lentamente los costados de mi cuerpo, deteniéndose cerca del coxis.

—Esposa, ¿Cómo me ve desde arriba?

—...encantador. Y travieso.

—Usted solo hace que lo sea más.

Sus susurros me hicieron cosquillas en los oídos. Extendí lentamente mis manos y recorrí su torso. Heinley gimió, mientras acariciaba su piel con mis manos, desde el pecho hasta el cuello.

Pero aún así, continuó moviendo las manos lentamente de forma atrevida…

En ese punto, tomé sus manos y las presioné firmemente contra la cama cerca de su rostro.

—¿Esposa?

—¿No dijiste que hoy debía tomar la iniciativa?

—¡!

Besé a un sorprendido Heinley unas cuantas veces en las mejillas, antes de colocar lentamente mis labios sobre los suyos.

Queriendo disfrutar completamente del momento, bajé las manos y le quité lentamente los pantalones.

Ah.

…esa parte ya estaba completamente preparada.

—Mi astuta águila.

Cuando solté una carcajada por lo adorable que era, Heinley se sonrojó hasta las orejas, agarró el cinturón de mi bata y lo jaló suavemente.

—Es vergonzoso, por favor hágalo mientras me besa.

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Sovieshu regresó al lugar donde se hospedaba tan pronto como Navier salió del salón de fiestas.

Después de pasar un tiempo sentado en la cama aturdido, fue hacia la ventana y apoyó la cabeza contra el marco.

Se sentía mareado y destrozado. Incluso ahora se sentía con náuseas, como si su corazón estuviera a punto de romperse en pedazos.

La imagen de Navier sonriendo mientras sostenía la mano de ese maldito Rey apareció ante sus ojos.

Apretó el puño.

¿Ahora estará en la habitación donde pasará la noche de bodas?

Cuando ese pensamiento le vino a la mente, se puso blanco como una hoja.

Odiaba ver a Navier sonriendo junto a Heinley más que el hecho de que el Reino Occidental se hubiera convertido en un imperio.

Odiaba verlos bailar juntos, y odiaba el hecho de que ese maldito muchacho se pegara a Navier como si fueran muy cercanos.

—Huhh.

Sovieshu se llevó la mano al pecho y se dobló del dolor. Dolía mucho.

El dolor era lo suficientemente fuerte como para suprimir su ira.

Su esposa, que había sonreído a su lado, ahora estaba al lado de otro hombre.

Ese solo hecho hacía que la sangre en su cabeza hirviera. Sentía como si la sangre fuera a salírsele por los ojos.

Al final, la sangre no salió de sus ojos, sino de su nariz.

Sovieshu sacó un pañuelo y se limpió la nariz mientras la sangre goteaba.

—Navier… Navier, Navier…

De repente, se preguntó si ella había sentido lo mismo cuando él trajo a Rashta.

¿Si estaba enojada, al no mostrarlo, se lo guardó?

—…no puede ser.

Sovieshu murmuró de inmediato, rechinando los dientes.

Si fuera así, lo habría notado en algún momento, pero Navier no parecía afectada. No tenía interés en mí. Por eso actuó con tanta indiferencia.

Sin embargo, pensó que era lo mejor. Porque si Navier había experimentado estos mismos sentimientos, habría sido terrible.

Sus piernas flaquearon.

Sovieshu se sentó en el suelo con la espalda contra la ventana. Apoyó la cabeza contra la pared y bajó el pañuelo.

¿Estoy borracho?

Pudo ver a la Navier del día de la coronación frente a él.

La Navier de ese día le extendía la mano a Sovieshu.

—Debemos ir rápido, Su Majestad.

Frunciendo el ceño, continuó en un tono de reproche,

—Todos están aquí.

—Navier…

Sovieshu respondió inconscientemente, completamente borracho.

—No puedo levantarme, Navier.

—¿Qué está diciendo?

Ella fingió mirarlo severamente, y luego le extendió la mano otra vez.

—Vamos rápido.

—De verdad, no puedo caminar.

—Solo tome mi mano.

Lo dijo claramente.

Esto no era lo que recordaba de ese día.

Había preparado desde el inicio la ceremonia de coronación con gran dignidad y no se había quejado de no poder levantarse.

¿Entonces quién era la Navier que estaba frente a mí? ¿Qué demonios era esto?

Cuando lo pensó, recordó que eso sucedió poco antes del día de la coronación.Probablemente fue la primera vez que me embriagué. ¿Importaba eso ahora?

—Navier.

Sovieshu intentó alcanzar la mano de su esposa. Sin embargo, en el momento en que sus manos se superpusieron, la ilusión de Navier desapareció.

Estaba por levantarse cuando cayó de espaldas otra vez, golpeándose la cabeza contra el marco de la ventana.

Sin embargo, le importó más la ilusión que se desvaneció ante sus ojos que el dolor del golpe.

—¿Navier? ¿Navier?

Sovieshu gritó su nombre desconcertado y agitó las manos en el aire.

—¿Navier? ¿Dónde fuiste?

Estaba justo frente a mí. ¿Dónde fue? ¿Dónde se fue justo ahora?

—¿Navier?

Murmuró y logró ponerse de pie. Se tambaleaba por los terribles efectos del alcohol.

Asustado, Sovieshu se apresuró a abrir la puerta y salió gritando.

—¡Navier! ¿Marqués Karl? ¡Busquen a Navier!

—¡Su Majestad!

El Marqués Karl, sorprendido, sostuvo a Sovieshu.

—¡Su Majestad, está borracho!

—Karl, Navier, Navier se ha ido. ¡Navier!

—¡Su Majestad!

El Marqués Karl llevó rápidamente a Sovieshu de regreso a su habitación mientras lo apoyaba.

—Tráiganme un remedio para la embriaguez.

De inmediato ordenó a uno de los guardias, luego ayudó a Sovieshu a recostarse en la cama.

Rashta, que había venido a buscar a Sovieshu para que le cantara una canción de cuna, se quedó paralizada en el pasillo, antes de darse la vuelta apresuradamente y salir corriendo.

Traducido por: Valiz

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