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La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 225


Capítulo 225 - Corazón negro de Kapmen (2)

Kapmen había sido tan grosero que pensó que Christa no volvería a buscarlo.

Pero al atardecer de ese mismo día, para su sorpresa, Christa, la ex Reina, fue a visitarlo en persona.

Esta vez, Kapmen no podía ser tan grosero como para echarla.

—Adelante.

Una vez que Kapmen la invitó a pasar tras intercambiar saludos, Christa sonrió en silencio y entró.

Kapmen ordenó al escudero traer café y otros refrigerios antes de invitar a Christa a sentarse en la mesa de té.

Pero en lugar de sentarse frente a ella, permaneció de pie y preguntó,

—¿A qué se debe su visita?

—Ya que es un invitado distinguido, consideré natural venir a saludarla personalmente.

Este hombre es Kapmen…

La voz de Christa era tranquila. Su voz interior era igual.

Kapmen murmuró con frialdad,

—Ya veo.

Realmente no le gustaba interactuar con otras personas. No tenía gracia alguna conversar y escuchar al mismo tiempo los pensamientos de los demás. Además, según los pensamientos de su doncella, Christa y la reina Navier no tenían una buena relación.

Eso le molestaba a Kapmen, así que deseaba que ella hablara pronto y se marchara.

Sin embargo, por más brusco que fuera, no podía decirle de repente que se marchara sin motivo alguno.

Kapmen simplemente la observó en silencio, como diciéndole que fuera al grano.

Christa preguntó vacilante.

—¿Tiene alguna incomodidad?

—Debo ser cortés.

—Si tiene alguna incomodidad, hágamelo saber, Gran Duque.

Necesito tenerlo de mi lado.

Kapmen frunció el ceño y respondió con firmeza.

—Si tuviera una.

—¿Cuál? Ah, lo pregunto solo porque quiero ayudarlo.

—Dígame cualquier cosa… lo ayudaré.

—Gracias, pero no es necesario.

—¿?

—Recibiré ayuda de la persona adecuada.

Los ojos de Christa temblaron ante la respuesta de Kapmen.

—¿No soy yo la persona adecuada?¿...quiere decir que no me meta en sus asuntos?

—Está bien…

En ese momento, Kapmen pensó que Christa se marcharía. Sin embargo, ella dudó en levantarse. En cambio, escuchó su ansiosa voz interior.

¿Cómo podría hacer de este hombre mi invitado…? No parece odiar solo a la Reina Navier, sino a todos.

Kapmen alzó las cejas. No entendía por qué Christa, la ex Reina, actuaba así frente a él.

¿Qué estoy haciendo aquí?¿...esto hace alguna diferencia?

Por suerte, Christa finalmente se puso de pie, sonriendo con impotencia como si no pudiera hacer nada al respecto.

—Hablaré con él otra vez en otro momento, ya que parece querer estar solo por ahora.

Aliviado, Kapmen la acompañó hasta la puerta.

Sin embargo, los tristes pensamientos de Christa que siguieron llamaron su atención.

Hay tantos hombres guapos como este. ¿Por qué eligió a Heinley entre tantos?

Kapmen no pudo evitar llamarla.

—Espere.

Los efectos de la poción comenzaron a intensificarse de nuevo. Su corazón se teñía de negro.

—¿Eh?

Christa se volteó, desconcertada. Kapmen seguía siendo seco, pero habló con un tono más suave,

—Aún no han servido el café. Sentémonos mientras tanto.

La voz de Navier, a quien había encontrado antes, resonó en sus oídos como una alucinación auditiva.

—¿Puede hacer otra botella de esa poción?

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Por la tarde, Sovieshu, quien visitó a Rashta, dijo con voz severa,

—¿Quieres administrar el presupuesto como Emperatriz?

Parecía que el Barón Lant le había informado.

Rashta juntó las manos y dijo,

—Sí… —su voz apenas audible. Solo quería lo que le correspondía por derecho.

Cuando Sovieshu le preguntó así, Rashta se desanimó. Mientras Sovieshu la miraba en silencio desde arriba, Rashta dudó y murmuró:

—Sé que administrar el presupuesto imperial es parte del rol de la Emperatriz.

—…

—Rashta se convirtió en Emperatriz, pero aún no sabe qué hacer… así que pensó que lo mejor sería comenzar con lo que uno sabe.

Rashta habló mientras miraba a Sovieshu con ojos asustados.

—Rashta quiere ser una buena Emperatriz, Su Majestad.

—Rashta.

—Sí.

—Solo estarás en la posición de Emperatriz por un año, ya te lo había dicho.

—Ah, lo sé, pero… aunque sea por un año, realmente quiero ser Emperatriz.

Rashta miró a Sovieshu como un animal débil con grandes ojos.

—Rashta quiere cumplir con esos deberes aunque sea por un año.

—…

—Desde el principio, no confió al Barón Lant la administración del dinero de Rashta porque se gastara en cosas raras. Fue por el Vizconde Roteschu.

Rashta extendió lentamente las manos y dijo, aferrándose con fuerza a las de Sovieshu.

—Rashta ya no está siendo chantajeada por él, Su Majestad.

Sovieshu estrechó con fuerza las manos de Rashta. Pero la respuesta fue una negativa firme,

—Aún no has aprendido lo suficiente para administrar el presupuesto, Rashta.

—He estudiado mucho…

Rashta puso una expresión triste.

—¿Quiere que sea una Emperatriz de mentira?

—No es que no puedas desempeñar plenamente el rol de Emperatriz.

—Pero suena como si sí…

—A partir de ahora asistirás a las audiencias conmigo todos los días. Empecemos por eso.

Rashta frunció los labios, molesta.

Necesitaba administrar el presupuesto por sí sola cuanto antes para poder pagarle al Duque Elgy. Además, también necesitaba dinero para dárselo al Vizconde Roteschu.

Aunque se había aliado con él, Rashta sabía que él no haría nada gratis.

No quería desperdiciar dinero. Sin embargo, era importante usarlo en esas dos cosas.

—Tienes que ir despacio. Apenas estás comenzando.

Sovieshu acarició ligeramente la espalda rígida de Rashta,

—Incluso por el bien del bebé, deberías tomártelo con calma.

—…sí.

Rashta respondió con impotencia.

Sovieshu le acarició el cabello en tono tranquilizador, pero ella no estaba muy feliz.

—Um… su Majestad.

—¿Qué ocurre?

—Entonces, ¿Qué pasa con el castigo?

—¿Castigo?

—Si un noble menosprecia a Rashta, ¿Puede ese noble ser castigado?

—¿Por qué? ¿Quién te menospreció?

—El Marqués Farang menospreció a Rashta en la primera fiesta de té como Emperatriz.

—Ah. El Marqués Farang.

Sovieshu chasqueó la lengua.

—Es buen amigo de Koshar. Además, los Troby y los Farang son familias cercanas. No conseguirás que se acerque a ti, así que olvídalo.

—La posición de Emperatriz no debería ser menospreciada por nadie, Su Majestad.

—¿Te insultó abiertamente?

—Rashta se sintió insultada.

—Me informaron de lo que dijo.

Rashta se sorprendió por las palabras de Sovieshu.

¿Alguien le informó? ¿Quién fue?

¿Fue uno de los nobles presentes en la fiesta de té? ¿O alguien de la guardia imperial que estaba allí?

¿La Vizcondesa Verdi? ¿Las doncellas? ¿Los sirvientes?

Le disgustaba que Sovieshu se hubiera enterado por boca de otro.

—Aunque hayas sentido que fue un insulto en esa situación, no dijo lo suficiente como para ser castigado.

—¡Fue sarcástico delante de todos, Su Majestad!

—Pero al final no desobedeció lo que le ordenaste, ¿Cierto?

—¡!

Mientras Rashta murmuraba, Sovieshu le besó la frente con suavidad.

—No sé por qué estás tan alterada.

—Bueno…

Porque es evidente que los nobles me menosprecian. Además, me he convertido en Emperatriz, pero nada ha cambiado excepto mi lugar de residencia.

Rashta respondió en su mente. De pronto, recordó preguntar,

—Más importante, Su Majestad. ¿Iremos a la boda del Reino Occidental?

La expresión de Sovieshu se tornó fría, como si fuera un tema que no deseaba tocar.

Sin embargo, para Rashta ese tema era importante.

—Ya que ellos vinieron hasta aquí primero, creo que lo justo sería ir también.

—¿De verdad lo crees?

—Me gustaría felicitar a la Reina Navier por su nuevo comienzo.

—…

—Claro que me da miedo que vuelva a hostigarme, pero…

Sovieshu suspiró.

—Estás embarazada, viajar hasta allá será muy duro.

—Aun así puedo hacerlo.

Cuando Rashta habló con firmeza, Sovieshu se levantó y dijo,

—Lo pensaré.

Rashta también se levantó, siguiendo a Sovieshu, y le preguntó sorprendida cuando él estaba por salir del dormitorio.

—¿A dónde va, Su Majestad?

Pero Sovieshu simplemente se fue.

Al salir al pasillo, Sovieshu casi choca con la doncella de Rashta, Delise.

Delise se inclinó ante Sovieshu, asombrada, y se disculpó,

—Perdóneme, Su Majestad.

—Está bien.

Sovieshu agitó la mano para disuadirla, y salió inmediatamente del Palacio Occidental.

Delise observó la espalda de Sovieshu mientras se alejaba, pero pronto volvió en sí y atravesó la sala hasta llegar al dormitorio de Rashta.

Rashta estaba sentada en un sillón, frunciendo el ceño con las manos sobre el vientre. Su hermoso rostro angelical lucía muy triste.

Solo una persona así puede ser amada por Su Majestad.

Admirándola en silencio, Delise le dijo a Rashta:

—¿Puedo arreglar su cama, Su Majestad?

—Sí.

Era normal después del matrimonio seguir usando las mismas sábanas y fundas de almohada de antes por unos días.

Ahora que ese período había pasado, Delise iba a reemplazarlas por unas nuevas.

Después de cambiar las sábanas, colocó una pequeña piedra caliente dentro. Luego empezó a cambiar las fundas de las almohadas por unas nuevas.

Entonces Delise sacó la funda de una almohada grande y suave que Rashta había usado en el Palacio del Este. En ese momento, un puñado de plumas azules salió de su interior.

Traducido por: Valiz

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