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La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 214


Rashta se puso nerviosa cuando me acerqué. Cuando extendí la mano y le pedí que bailara, abrió los ojos con sorpresa.

—¿Eh?

Parecía que nunca se lo habría esperado.

Los nobles que nos rodeaban también estaban desconcertados.

Aunque teníamos la cara cubierta con una máscara, los presentes podían reconocer claramente que éramos la nueva Emperatriz y la ex Emperatriz.

Para todos resultaba extraño que de pronto yo le pidiera a Rashta que bailara.

Señalé en silencio con la otra mano el escenario de baile. Rashta parecía confundida, pero se levantó y me siguió, quizás para evitar que dijera algo incómodo en voz alta.

Cuando nos detuvimos en medio del escenario, la música se detuvo con un chirrido inusual del violín; los músicos también estaban sorprendidos.

Hubo un momento de silencio.

Luego, unos treinta segundos después.

La música comenzó de nuevo.

Probablemente por consideración hacia nosotras, la música que sonó no era necesariamente para un baile entre un hombre y una mujer.

Los pasos eran idénticos, solo había que moverse igual.

Rashta preguntó con calma mientras adoptaba la postura de baile.

—¿Quiere derrotar a Rashta con tantas ganas?

—¿?

—Baila mejor que Rashta, eso es lo que quiere oír ahora.

—…

Tenía una imaginación realmente particular.

Pero no había razón para alabarla, mucho menos para perder el tiempo en cosas sin importancia.

—Vamos a hacer que parezca una buena bailarina.

Concluí con firmeza, y fui al grano.

—Si alguna vez se encuentra en apuros junto al Barón Lant, pida ayuda al Marqués Karl.

—¿Eh? ¿Qué?

Rashta estaba aún más desconcertada, volvió a abrir los ojos.

Como si no pudiera entender por qué decía eso de repente. No quería profundizar demasiado en el tema. Así que simplemente continué.

—El Marqués Karl es subordinado de Su Majestad, pero es un hombre justo que no se deja llevar por los sentimientos personales. Si es por el bien del país, la ayudará.

—¿Qué está…?

—No es necesario apartar completamente a quienes buscan solo poder y beneficio. Incluso algunas de esas personas son talentosas, solo que persiguen objetivos distintos. Sin embargo, no deben ser parte del círculo cercano de uno, y en caso de que lo sean, siempre hay que vigilar qué persiguen.

—¡!

—Será mejor que se aleje de la persona que eligió su atuendo hoy.

Rashta quedó completamente atónita, incluso tropezó un poco en el baile. Sus ojos estaban llenos de confusión.

Lo sé. No tengo por qué decirle nada de esto.

Pero…

No lo hago por ti. Es un consejo por el bien de mi patria.

Después de añadir eso con frialdad, la mirada de Rashta finalmente se tornó un poco altiva.

—¿Qué hay de los pagarés que le di? ¿Se lo dió a alguien más ya?

Sin embargo, su mirada altiva desapareció rápidamente tras esa pregunta.

Dejó de mirarme al oír la mención de los pagarés, su mirada comenzó a moverse con un rostro pálido.

—Hmm, Rashta no entiende muy bien de qué está hablando…

—Si puede recuperarlos, hagalo. Si no puede, de ahora en adelante tendrá que financiar las instituciones con su propio dinero.

Rashta resopló.

Pensó que lo decía porque no quería que se aprovechara de mi dinero.

No es tanto eso, Rashta.

Temía que surgiera un problema por ese dinero y que las instituciones que había financiado se vieran implicadas.

Legalmente, que surgiera un problema para Rashta no significaba que esas instituciones también lo tendrían, pero un patrocinador no donaría a una institución involucrada en un escándalo.

Sin embargo… en lugar de señalar posibles escenarios, decidí detenerme ahí.

Solo le dije cómo evitar lo peor.

Si entraba en detalles, podría terminar disparándome en el pie.

No tanto por el dinero que le había dado, sino más bien porque Rashta ya había culpado a otros por sus errores en otras ocasiones.

Si le daba más información, podría prepararse para culpar a otra persona de nuevo en caso de que surgiera un problema.

En ese momento, Rashta se desplomó repentinamente en el suelo y comenzó a gritar.

—¡Ah, mi vientre!

Empezó a gemir de dolor.

—¡Me duele el vientre!

Miré tranquilamente hacia abajo, donde estaba Rashta.

No sé si era verdad o mentira, pero seguía cubriéndose el vientre.

—¡Rashta!

Sovieshu corrió hacia ella con asombro. Rashta sollozó y se aferró a su brazo.

—¡Su Majestad, me duele mucho el vientre…!

Sovieshu dirigió su mirada hacia mí. Nos miramos sin expresión.

Sus labios temblaban, pero en lugar de decir algo, simplemente levantó a Rashta en sus brazos.

Sin embargo, siguió mirando mi rostro.

Aunque se suponía que yo había herido a Rashta, su rostro no reflejaba tal pensamiento.

Literalmente solo estaba mirando mi rostro.

¿Por qué?

¿Estaba recordando el momento en que bailábamos juntos antes de desecharme y quedarse con Rashta?

—Válgame Dios.

Heinley se acercó a mí, me tomó de la mano y le aconsejó a Sovieshu con voz suave.

—Su Majestad, será mejor que la lleve pronto con el médico del palacio.

Rashta se retorcía en el aire, con las manos pálidas.

Al ver que de verdad estaba sudando frío, debía ser cierto que le dolía el vientre.

Sovieshu finalmente se fue con Rashta en brazos.

Los nobles miraban en mi dirección. Podía sentir claramente sus miradas sobre mí, pero tomé dos copas de champán de un sirviente que pasaba con tranquilidad.

Le ofrecí una a Heinley y de inmediato tomé un sorbo de la mía.

Fue bueno haber hablado frente a los nobles. Sea que le doliera o no, Rashta definitivamente me culpará.

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—¿Y bien?

Ante la fría pregunta de Sovieshu, el médico del palacio retiró el estetoscopio y respondió rápidamente.

—Fue solo un susto, está bien.

—¿Qué le pasó?

—Parece ser por estrés.

—¿Estrés?

Sovieshu lo miró con una cara que decía,¿Qué estrés podría tener?

El médico sonrió con incomodidad. Eso era algo que Sovieshu debía saber mejor que él.

Cuando el médico finalmente se marchó, Sovieshu se acercó a Rashta, que estaba acostada en la cama, y le tomó la mano.

Rashta se aferró fuertemente a la mano de Sovieshu.

—Su Majestad, ¿Lo vio? La Emperatriz me amenazó. Estoy asustada.

—No vi nada.

—La Emperatriz me amenazó.

Sovieshu suspiró ante las palabras de Rashta.

—¿Con qué te amenazó la Emperatriz?

—Ella…

Rashta vaciló.

Para que alguien te amenace, esa persona debe conocer una debilidad tuya con la que pueda presionarte. Ella lo sabía mejor que nadie, porque antes había sido chantajeada por el Vizconde Roteschu.

Por eso, le resultaba difícil inventar sus palabras frente a Sovieshu. Obviamente no podía mencionar los pagarés.

Al final, Rashta se cubrió con las sábanas, con lágrimas en los ojos. Sovieshu suspiró profundamente al verla.

De verdad parecía estar bajo algo de estrés.

Desde el punto de vista de Sovieshu, la Emperatriz no era alguien que se aprovechara de las debilidades ajenas para chantajearlas.

Sin embargo, las intenciones del que habla y del que escucha no siempre coinciden. Rashta podría haber tomado las palabras de la Emperatriz como una amenaza.

De todos modos, en ese momento Rashta estaba visiblemente asustada.

—Descansa.

Sovieshu le acarició el cabello ondulado, dio unas palmaditas a las sábanas y se marchó.

Ambos la habían llamado inconscientemente

—Emperatriz.

Rashta frunció el ceño cuando se dio cuenta de este hecho.

¡Estúpida!

Rashta culpó a su propia boca.

Había llamado tantas veces Emperatriz a Navier que todavía salía de su boca de forma involuntaria.

La ceremonia de boda se celebró ayer, y ahora la Emperatriz del Imperio del Este soy yo. No hay razón para llamar Emperatriz a la Reina.

Traducido por: Valiz

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