La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 170
¿Cómo podríamos romper esto? ¿Cómo podríamos atravesar esa muralla de caballeros?
Me quedé en el pasillo, lanzando de vez en cuando una mirada por la ventana hacia la barrera. Por más que pensara, no se me ocurría ningún plan. Los caballeros inspeccionaban minuciosamente a cualquiera que entrara o saliera del recinto, así que cubrirme el rostro no era una opción. Si intentaba saltar la muralla, sólo me harían retroceder, y el camino para los carruajes estaba bloqueado.
La esperanza de escapar parecía lejana. Como había dicho Heinley, nuestra única opción era esperar a que el Reino Occidental presentara una queja oficial.
¿Fui demasiado egoísta al volver a casarme? El nombre de Heinley fue manchado por mi culpa, y el corazón se me hizo más pesado.
Justo cuando pasaba frente a una ventana, una escena extraña llamó mi atención. ¡Un gran carruaje negro venía entrando!
¿Cómo?
Todos los carruajes habían sido retenidos por si acaso intentábamos escapar. Corrí escaleras abajo hacia la puerta principal.
¿Es Sovieshu?
Los guardias no dejarían entrar a nadie más. Sin embargo, la puerta del carruaje se abrió, y la persona que bajó no fue quien esperaba.
Era el Duquesa Elgy. Amigo de Heinley —y de Rashta.
—¿Heinley?
El Duque Elgy habló con un sirviente que ataba el carruaje, y cuando me vio acercarme, sonrió. El sirviente pareció aliviado por mi presencia. Se notaba confundido de que un desconocido visitara de pronto la mansión sin previo aviso. Le hice una seña para que continuara con su trabajo y me acerqué al Duque Elgy.
El Duque se rascó la mejilla con incomodidad, pero me saludó.
—Saludos. ¿Cómo está?
—…como ve.
Le ofrecí una leve sonrisa.
—No estoy seguro de si eso es algo bueno o malo.
—Depende.
—No creo que esté bien.
—¿Ha venido a ver a Heinley?
La boca del Duque Elgy se torció ligeramente.
—Sí. ¿Cómo está Heinley?
Lo llamó por su nombre, igual que yo, a pesar de que ya había sido coronado como Rey. Hasta donde sabía, el Duque Elgy ni siquiera asistió a su coronación. ¿Todavía mantenían una amistad cercana?
Si le preguntaba directamente, sabía que no me respondería. En cualquier caso, su amistad era irrelevante ahora.
Asentí y hablé de nuevo.
—¿El Emperador le dijo que viniera a ver a Heinley?
—¡!
—Lo supuse.
—Siempre tuve esta sospecha… tiene una intuición aguda.
Los guardias no habrían dejado pasar el carruaje si no fuera por orden de Sovieshu. No era una observación particularmente brillante, pero no dije nada al respecto y, en cambio, señalé el jardín con la mirada.
—Antes de que vea a Heinley, quiero hablar con usted primero.
—Bueno, eso no es lo que el Emperador pretendía, pero…
—Lo que usted pretendía.
El Duque Elgy desvió la mirada como si considerara la idea, luego sonrió e hizo una reverencia.
—Si usted me lo ordena.
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Lo llevé a un jardín que no se usaba con frecuencia, y miré a mi alrededor para confirmar que no había nadie más. El Duque Elgy soltó una carcajada, como si mi comportamiento le pareciera divertido.
—Entonces, ¿Cuál es la historia secreta?
—Algo que la gente no sabe. Algo que espero que mi familia no llegue a saber.
—Eso me intriga.
Apenas terminó de hablar, caminó hacia mí, y sus ojos brillaban mientras se apoyaba contra la muralla roja del jardín con una mano. Parecía una pintura de un socialité popular, sonriendo con coquetería como si el mundo girara a su alrededor.
De repente me pregunté si Heinley se comportaba igual cuando recorría los círculos sociales de todo el mundo.
Se lo preguntaré más tarde.
—No habla, así que debe ser algo difícil de decir. ¿Cómo supo que eso me gusta?
—Duque. ¿Es amigo de la señorita Rashta?
—…ah. No era por ahí por donde creía que iría esto.
El Duque Elgy era un personaje frívolo, pero no sin sentido. Bajó el brazo y me miró con seriedad. Las comisuras de su boca seguían siendo juguetonas, aunque su ánimo había cambiado. Miré a mi alrededor una vez más y hablé.
—No importa si la señorita Rashta hace esto por accidente o no.
—¿?
—Pero si cree que dañará al pueblo del Imperio Oriental, dígamelo tan pronto como sea posible.
El día de mi divorcio, noté que Rashta llevaba un vestido ostentoso que no encajaba con el contexto de la situación. Además, su forma infantil de hablar no había cambiado desde el día en que llegó al palacio. Claramente no había nadie cerca de ella que pudiera darle un buen consejo, incluso si estuviera dispuesta a luchar. Sería menos preocupante si Rashta permaneciera como concubina, pero Sovieshu tenía la intención de elevarla como Emperatriz.
Como acababa de decirle al Duque Elgy, no me importaba lo que Rashta hiciera por su cuenta. Casi no la veré más. Sin embargo, no quería que Rashta destruyera su posición o al pueblo del Imperio Oriental. Aunque ahora era la Reina del Oeste y viviría por el Oeste…
El Imperio Oriental seguía siendo mi patria, aunque no me hubiera convertido en la Emperatriz en primer lugar.
El Duque Elgy, que normalmente tenía una respuesta para todo, sólo suspiró ante mis palabras.
—Ay, madre mía.
—¿Eso es demasiado difícil?
El Duque Elgy fue un amigo que ayudó a Rashta durante sus momentos difíciles.
—¿Por qué quiere que esto sea un secreto?
No lo pedía por Rashta, sino porque mis padres o Heinley se enfadarían si supieran de mi petición. Pensé que parecería demasiado blanda si le decía eso al Duque, así que respondí con una expresión impasible.
—No creo que sea difícil.
El Duque Elgy me miró como si hubiera dicho algo equivocado, luego desvió la conversación en otra dirección.
—Mientras venía en el carruaje, luchaba con un dilema.
—¿?
—Apenas llegué a una conclusión.
¿Qué quiere decir?
—Es difícil para mí venir aquí de esta manera. Es como si cogiera un cuchillo y apuñalara mi conciencia.
—¿Conciencia?
El Duque Elgy suspiró otra vez y murmuró algo al respecto. Aún no entendía lo que quería decir. Lo miré con las cejas alzadas, y él agitó la mano y soltó una risita.
—Bueno, no es mi lugar intervenir entre la señorita Rashta y la antigua Emperatriz.
—¡!
—Vaya a su habitación de inmediato, tome la menor cantidad de cosas posible y venga a la puerta trasera.
Ni siquiera pensé que el Duque Elgy supiera dónde estaba la puerta trasera. Su rostro se iluminó al recordar algo más.
—Ah, ¿Dónde está Heinley?
—¿Por qué la puerta trasera?
—Porque es la esposa de un amigo, esto debe hacerse en secreto.
En secreto… ¡Ah, entonces!¿Está intentando sacarme de aquí?
Abrí los ojos de par en par, sorprendida. Por supuesto, Heinley tenía una amistad con el Duque Elgy.
—Su reacción no es nada divertida.
—Gracias.
—¿Eso fue un elogio?
—Por ayudarme a escapar. Puede que sea un poco sospechoso, pero tiene un lado bueno.
—¡!
Traducido por: Valiz
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