La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 166
Capítulo 166 - El choque de Sovieshu (1)
¿Iba a decirme algo? ¿Palabras de ira, o tal vez buenos deseos? Ciertamente no diría que se alegraba de que me hubiera vuelto a casar. Chispas parecían salir de sus ojos, así que no podía ser nada bueno.
—Emperatriz. No, Navier. ¿Qué te pasa?
Sorprendentemente, su voz era relativamente calmada. Aunque el fuego en sus ojos era innegable, su tono era tan sereno que no parecía enojado en absoluto.
—Esta propuesta de matrimonio, explícamela.
Me relajé frente a él y respondí con un asentimiento.
—Sé la respuesta que quiere.
Quería saber por qué me había casado justo después de nuestro divorcio, y por qué fue con Heinley. Sin embargo…
—Lo sé, pero no responderé.
Mantuve mi voz lo más estable posible.
—No es asunto de mi exesposo.
Sovieshu casi retrocedió tambaleándose ante mi respuesta.
—¿Exesposo?
Me miró con una expresión incrédula.
—¿Exesposo?
Abrió la boca, y una carcajada aguda escapó de sus labios.
—Sí, exesposo. Soy tu exesposo…
La compostura de Sovieshu se rompió. Una vena azul palpitó en su frente y sonrió con desafío. Dio un paso más cerca de mí; su voz era peligrosamente baja al hablar.
—Sigo siendo tu emperador. Y no permitiré que mi exesposa se case.
Así que había llegado a esto. Lo sospechaba, por eso hice bien en conseguir que el Sumo Sacerdote aprobara el nuevo matrimonio delante de él…
El Sumo Sacerdote volvió a intervenir y chasqueó la lengua con desaprobación.
—Emperador Sovieshu. Esto cae bajo mi autoridad.
Alguien cercano se rió. Fue bastante fuerte, y el rostro de Sovieshu se endureció mientras sus orejas se enrojecían aún más. ¿No parecía ya esta situación una obra ridícula?
La mirada de Sovieshu se paseó entre Heinley y yo, luego se dio media vuelta y salió del salón por una puerta lateral. Quise agradecer al Sumo Sacerdote, pero él también se alejó, siguiendo a Sovieshu por la salida.
Con ambos, el Emperador y el Sumo Sacerdote, ausentes, la sala estalló en un estruendo de ruido, como si una orquesta entera hubiera comenzado a tocar al mismo tiempo. Mis padres, las damas de compañía y el Marqués Farang corrieron hacia mí y me bombardearon con preguntas.
—Navier, ¿Qué está pasando?
—Navier, casarte de repente…
—¿Qué ha ocurrido, Navier…?
Notaron a Heinley, pero como no era solo un Príncipe extranjero sino ahora un Rey, dirigieron su atención a mí.
—Lo siento por no habérselos dicho con anticipación.
Me disculpé con ellos, avergonzada. El plan debía mantenerse en secreto para eliminar cualquier posibilidad de que fallara. Estas personas que se preocupaban por mí debieron haberse sentido molestas… pero afortunadamente, las damas de compañía no me culparon. Más bien, me abrazaron y lloraron de alegría.
—No, esto es maravilloso.
—No sabe lo gratificante que es esto.
—¡Casi me rompí los dientes de tanto apretarlos cuando aprobaron el divorcio!
Laura apretó los puños e hizo una promesa.
—¡Lo he decidido! ¡Me iré al extranjero y seguiré a Navier!
—Laura, eso es…
—¡Necesitará una dama de compañía cuando se convierta en reina ahí, de todos modos!
Laura, a diferencia de las otras mujeres, se convirtió inicialmente en mi dama de compañía para aprender etiqueta de la corte. Sin embargo, dudaba en llevarla a un país extranjero. Entonces, la Condesa Jubel intervino.
—Entonces Laura y yo te seguiremos, Navier.
—¿Condesa Jubel?
Laura no esperaba que la Condesa Jubel se ofreciera, y la miró sorprendida. La Condesa Jubel continuó hablando.
—A la Condesa Eliza le resultará difícil seguirla al extranjero, ya que se lleva bien con su esposo. Pero mi esposo y yo llevamos separados mucho tiempo. Le llevará un año darse cuenta de que no he vuelto a casa.
—…
Miré a la Condesa Jubel, y ella soltó una risita astuta.
—Ni siquiera sabe si estuve en casa anoche.
Su actitud humorística me hizo sonreír.
—Me alegraría si pudiera acompañarme, Condesa Jubel…
Aún me sentía algo indecisa. Heinley, que había estado observando tranquilamente desde un lado, intervino y saludó con la cabeza a Laura y a la Condesa Jubel.
—En nombre de mi esposa, gracias. Será mejor tratada allá, así que siéntanse libres de acompañarla.
Laura hizo un sonido ahogado ante la palabraesposa, y mis padres parpadearon atónitos. Aún parecía que les costaba aceptar esta nueva situación.
—Ah, suegra, suegro.
Cuando Heinley se dirigió a mis padres, estos se desconcertaron aún más y se miraron entre sí con incertidumbre. Percibiendo su vacilación, Heinley inclinó su cabeza hacia ellos y dijo en voz baja:
—Su hijo está en el Reino Occidental.
Los ojos de mis padres se abrieron sorprendidos, y mi padre rompió en llanto. Mi madre no lloró, pero se notaba inmensamente aliviada. Ya estaría lo bastante feliz con que no me abandonaran como ex Emperatriz, pero además estaba agradecida de que su hijo exiliado estuviera bien.
Mientras observaba la escena, me enderecé un poco más. Ya no sentía mi corazón vacío, ni enojado, ni dolido. Aunque pasé por la vergüenza del divorcio y la deposición, todos a mi alrededor sonreían y celebraban mi aprobación para volver a casarme. La felicidad se hinchaba dentro de mi pecho, desplazando la tristeza y la rabia que me habían perseguido durante tanto tiempo.
Estaba especialmente agradecida con Heinley.
Sin él… estaría aquí escuchando a las damas de compañía intentar consolarme. Mis padres se culparían por haberme enviado a ser Princesa heredera, y todos me mirarían con lástima.
Sin embargo, aunque me encontrara en una ocasión que justificara lágrimas de alegría, no quería llorar frente a la gente. Respiré hondo, y le sonreí a Heinley para calmar mis ojos.
Traducido por: Valiz
◈❖◈
Si te gustó, Puedes apoyarnos aquí ~ [http://www.paypal.com/paypalme/MangoNovelas]
Tambien contamos con página de facebook ~ [https://www.facebook.com/MangoNovelas]
Tambien visítanos en TikTok ~ [https://www.tiktok.com/@mangonovelas]
Comentarios