La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 140
Desafortunadamente, hoy era el día en que debía cenar con Sovieshu. Como acababa de regresar de mi viaje, podía posponerlo con la excusa de que estaba cansada. Sin embargo, en lugar de hacer eso, me lavé rápidamente, me cambié de ropa y fui al palacio oriental tan pronto como fue la hora.
—¿Cómo estuvo Wirwol, Emperatriz?
Sovieshu me sonrió, como si no hubiera mandado a revisar mi habitación mientras estuve fuera.
¿No fue Sovieshu quien dio la orden?
No podía bajar la guardia. Le había confesado a Rashta que me divorciaría, y luego al día siguiente me trató con calma. No era la única que sabía cómo controlar sus expresiones faciales.
—Me encontré con el decano y Evely en la academia.
Me senté en la mesa preparada.
—¿Está bien?
—Está luchando con la pérdida de sus poderes.
—Ah… ¿Aún los está perdiendo?
—Cuando llegué, ya los había perdido por completo.
Sovieshu parpadeó, sorprendido.
—Oh.
Sacudió la cabeza con tristeza.
—Debe estar muy angustiada.
—Dijo que se sentía inútil.
—Eso no puede ser.
Sovieshu parecía genuinamente preocupado.
—Si su maná se fue, entonces no podrá asistir a la academia mágica… ¿Qué tal si la mudamos a una academia regular y le damos algún tipo de apoyo?
A diferencia de la academia mágica, donde la matrícula y el alojamiento eran completamente gratuitos, las academias regulares eran costosas. Como resultado, había dos tipos de plebeyos que asistían a esas academias: aquellos que no eran nobles pero eran demasiado ricos como para ser ignorados, y aquellos lo suficientemente inteligentes como para recibir becas.
Los nobles, por otro lado, podían entrar a cualquier escuela siempre que aprobaran el examen de ingreso. Como resultado, existía una gran tensión entre los nobles y el pueblo llano.
¿Y yo iba a empujar a Evely ahí? ¿La niña que casi se convierte en maga?
—Lo haré si es lo que Evely quiere, pero lo desaconsejo firmemente.
—Pero no será fácil devolver a una niña que fue a la academia mágica de nuevo a la sociedad.
—Le pedí al decano que revisara el horario de Evely. La mayoría de sus clases mágicas ahora son teóricas. Los eruditos investigarán juntos cómo restaurar su maná.
—¿Investigar? ¿Convertir a la niña en un sujeto?
—Evely accedió.
Sovieshu me miró incrédulo y comenzó a criticarme.
—Está en una posición difícil. Es solo una niña. ¿No debería usted, como Emperatriz, impedir que tome esa decisión?
—Era lo mejor para su bienestar mental.
—Si no parece su camino, debe saber cómo hacer que lo abandone.
—Es Evely quien decide si era su camino o no. No usted, Su Majestad.
Los ojos de Sovieshu temblaron. Sostuvo su copa con fuerza y me miró, hasta que finalmente apartó la mirada. Al percibir su repentina debilidad, solté la pregunta que había querido hacerle desde hace tiempo.
—¿Registró mi habitación?
Se estremeció levemente. En lugar de responder, cortó cuidadosamente su langosta a la parrilla y formuló una pregunta propia.
—¿Está ocultándome algo?
—No.
La debilidad que había visto en él desapareció de repente. Resopló y se levantó, luego se alejó hacia algún lugar. Yo continué comiendo, y él regresó con una pequeña caja. No tenía tapa, y la volcó, derramando su contenido. Inmediatamente supe que eran mis cartas con Heinley. Sovieshu realmente había revisado mi habitación y robado mis cartas.
—¿Nada que ocultar, dice?
Sovieshu habló con voz fría y se sentó casualmente en su silla.
—Sí.
Lo miré con calma.
—No era necesario decírselo.
—¿No era necesario?
—Tiene unos modales terribles en la mesa.
—Intercambió cartas privadas con el Rey mujeriego. ¿No pensó en contárselo a su esposo?
—Cuando la señorita Rashta tome clases de etiqueta, pueden sentarse juntos.
Sovieshu bebió con furia su copa de agua. Mientras tanto, recogí cada trozo de papel manchado de comida y salsa. En realidad, no habíamos intercambiado muchas cartas.
Cuando recogí la cuarta, Sovieshu golpeó su vaso sobre la mesa y me arrebató la carta de la mano. Rápidamente tomó las demás, colocó un candelabro a su lado y sostuvo el extremo de una carta sobre la llama. Le lancé una mirada furiosa.
—¿Qué está haciendo ahora?
—Las estoy quemando.
Cuando terminó con una, tiró el trozo a un lado, luego sostuvo una segunda carta sobre la vela.
—La amiga por correspondencia que el Príncipe Heinley buscaba antes. ¿Era usted?
—¿Por qué hacer una pregunta cuya respuesta ya sabe?
—¿Se divirtió?
—¿?
—¿Fue divertido confabular con el Príncipe Heinley y hacer que Rashta pareciera una mentirosa?
Sovieshu quemó cada una de las cartas, limpió las cenizas de sus manos y me miró con una expresión sombría. Fingí una risa.
—¿No sabía ya que la señorita Rashta mintió sobre eso?
—El comportamiento de Rashta es un asunto aparte. La Emperatriz no debería burlarse de Rashta.
—Creo que ella dijo con toda seguridad que no era amiga del Príncipe Heinley.
—Usted lo dijo de manera burlona frente a otros.
Realmente me preguntaba qué pasaba por la cabeza de Sovieshu. Rashta había actuado con engaño hacia el Príncipe Heinley, pero él insistía en que era ella quien estaba siendo tratada injustamente.
—Si de verdad le importara, habría venido a mí y revelado la verdad en privado. O le habría dicho a Rashta que no se presentara porque ya sabía que era otra persona.
Era inútil tratar de razonar con él. Solo intentaba apartarme del camino para convertir a Rashta en la Emperatriz. Dijera lo que dijera, yo era la villana aquí.
—Mi comida está hecha un desastre. Ya no puedo comerla.
En lugar de seguir peleando por el pasado, me levanté de mi silla con la mayor gracia posible.
—Aún no he terminado.
—Tendré en cuenta sus palabras. Después de todo, va a decir que todo es culpa mía, ¿Verdad?
Sovieshu se levantó de su silla y se paró justo frente a mí. Me miró a los ojos y habló con firmeza.
—Probablemente usó aves mensajeras para las cartas. Ya no más. Ordenaré a los caballeros que disparen a todas las aves que intenten llegar a su habitación.
—No veo por qué con quién intercambio cartas tiene algo que ver con usted.
—Soy su esposo.
—Pero no es mi amante, ¿Cierto?
—¿Qué?
Me di la vuelta y salí de la habitación sin responder. ¿De qué servía darme cuenta de que en realidad me gustaba? Sovieshu se transformaba en una persona completamente diferente cuando se trataba de Rashta.
Mis ojos se llenaron de lágrimas ardientes, y caminé tan rápido como pude. Afortunadamente, cuando logré salir al exterior y tomar aire, mis lágrimas se calmaron. Tal vez ya me había acostumbrado a esto, o tal vez ya estaba preparada.
Sin embargo, me surgió una duda. Pensé que Sovieshu había registrado mi habitación para encontrar una razón para divorciarse de mí. ¿Por qué quemaría él mismo la evidencia?
…
Bueno, había una o dos cosas que no entendía sobre él. Aclaré mi mente y me apresuré de regreso al palacio occidental. Cuando llegué a mi dormitorio, le pedí a la Condesa Eliza que me trajera una tela azul.
—¿Se refiere a una tela azul, no a un vestido azul?
—Sí.
El azul era el color que simbolizaba peligro. Sovieshu había amenazado con disparar a todas las aves que se acercaran a mi habitación, así que quería colgar una tela azul con anticipación. Ya no podía ponerme en contacto con Heinley mediante aves mensajeras…
Aunque me sentía decaída, mi primera tarea era asegurarme de que no murieran aves.
—Por favor, tráigala lo antes posible.
—Sí, Su Majestad.
Cuando vi el final del vestido de la Condesa Eliza mientras entraba en la sala de estar, me di cuenta de que había cometido un error.
—Un momento.
—Sí, Su Majestad.
—Tráigame una tela roja, no azul.
El símbolo de peligro en el Reino Occidental era el color rojo. Queen era inteligente, pero seguía siendo un ave. Si estaba entrenado como un pájaro del Oeste, sabría que una bandera roja significaba que no debía acercarse.
Traducido por: Valiz
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