La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 139
Capítulo 139 - Me gustaba más de lo que pensaba (2)
Unos días después, emprendí mi viaje de regreso al Palacio Imperial. Recordé el acuerdo que hice con Heinley. Él me daría el puesto de Reina, y yo le daría mi experiencia como gobernante.
Sin embargo, cuando consideré la idea con más calma en el carruaje, sentí arrepentimiento. Él había aceptado mi propuesta, pero ¿Y si ahora entraba en razón? Por muy feliz que estuviera, este trato era una pérdida para él. Si un hombre con fama de mujeriego como él se casaba conmigo, el escándalo entre nosotros estallaría y se esparciría por muchos países. Para un monarca que debía desechar su vieja imagen frívola y asumir una figura digna y con peso, esto no sería un buen asunto.
Además, el matrimonio entre monarcas extranjeros solía realizarse con la intención de crear una alianza política. No podía esperar eso después de divorciarme de Sovieshu. Mientras tanto, mi familia, conocida por haber producido a la Emperatriz del Imperio del Este, no podía ayudar a Heinley con la política interna del Reino Occidental.
Si no cambia de opinión, entonces simplemente debo hacer lo mejor posible.
Por fortuna, tenía algunas ventajas que podrían ayudar a Heinley. Me compararían con él. Mi juicio frío equilibraría la imagen despreocupada de Heinley. Podía usar mi experiencia como Emperatriz para fortalecer su posición…
¡Rwibt!
Sí, el Gran Duque Kapmen había dicho que seguiría buscando socios diplomáticos. ¡Quizás podríamos organizar una relación entre el Reino Occidental y Rwibt!
Mientras pensaba en lo que haría después de ir al Oeste, negué con la cabeza y respiré hondo. No estaba segura hasta dónde había planeado Heinley todo esto, y me estaba adelantando.
Finalmente, el carruaje se detuvo, y saqué mi espejo de mano para retocar mi rostro.
Si Heinley se casa conmigo y luego se enamora de otra mujer, no será tan difícil como con Sovieshu.
Justo entonces, una repentina realización me golpeó con fuerza en la nuca, y perdí la compostura. Cuando el caballero se acercó para ayudarme a bajar del carruaje, me miró con sorpresa.
—¡Su Majestad! ¿Está bien?
Tomé al caballero del brazo para equilibrarme, y puse una sonrisa mientras le aseguraba que estaba bien. Sin embargo, el pensamiento repentino me había dejado mareada. La puerta del carruaje se cerró detrás de mí, y mientras caminaba con el caballero, escuchaba saludos de varias personas aquí y allá. Paseaba por el pasillo sintiéndome completamente vacía, mientras poco a poco empezaba a aceptar mi realización.
A mi…
Me gustaba Sovieshu.
No sabía si había una distinción entre el amor como hombre y mujer o la amistad que compartimos durante tanto tiempo. Pero Sovieshu me gustaba mucho. Incluso más de lo que pensaba.
…
Admitirlo no hacía ninguna diferencia. No pensaba quedarme con él solo porque me gustara.
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—¡Su Majestad! ¡El Emperador ha enviado lejos a Lord Koshar!
Sin embargo, a pesar de haber reconocido mi afecto por Sovieshu, las heridas solo se hacían más profundas. No podía aferrarme a él. Tenía que encontrar una forma de proteger lo que me quedaba.
La noticia de que había desterrado a mi hermano me dolió con una mezcla de pena y soledad. ¿Acaso Sovieshu ya no tenía ningún afecto por mí?
—¿Escuchó a adónde fue Su Majestad?
—No lo sé. Todo ocurrió tan de repente…
La Condesa Eliza lloraba mientras me daba la noticia, mientras Laura caminaba de un lado a otro de la habitación. Me hundí en un sillón, medio resignada.
—Sabía que sería exiliado. Pero que sucediera tan rápido…
—Parece que el Emperador estaba esperando que usted se fuera, Su Majestad.
No podía creer que Sovieshu hubiera desterrado a mi hermano. Cerré los ojos para calmar mi corazón inquieto, y la Condesa Eliza me habló con una voz cuidadosa.
—¿Le enviará dinero y cartas a Lord Koshar?
—Debo hacerlo.
Me levanté del sillón y fui hacia mi escritorio. Sin embargo, cuando fui a abrir el cajón, me detuve. Había una fina capa de polvo de maquillaje entre la ranura de la puerta del cajón. Pasé mis dedos por encima, recogiendo el polvo en ellos.
…
Era de color plateado, pero tan sutil que apenas se notaba a menos que uno supiera buscarlo. Lo había dejado en el cajón antes de irme de Wirwol, por si alguien intentaba abrirlo.
—¿Su Majestad? ¿Hay algún problema?
Mientras me detenía y miraba mis dedos, la Condesa Eliza se acercó a mí. Rápidamente sacudí el polvo de mis manos.
—¿Alguien vino a mi habitación mientras estuve fuera?
—Las damas de compañía se tomaron unas vacaciones y se fueron a casa.
Salí al pasillo y le hice la misma pregunta a los guardias.
—Solo las sirvientas que vienen a limpiar, Su Majestad.
No creo que haya sido alguien que siempre entra y sale de mi habitación…
—¿Qué ocurre, Su Majestad?
—Hay rastros de que alguien registró mi habitación.
Las damas de compañía que me atendían y los guardias afuera de la puerta se miraron entre sí con asombro. Uno de los guardias entonces recordó algo.
—Ahora que lo menciona, Su Majestad. Hace unos días, se emitió una convocatoria colectiva, y estuvimos ausentes por un tiempo.
—¿Convocatoria colectiva?
—Sí. Llamaron a cada guardia del palacio en orden.
¿El intruso visitó mi habitación durante ese tiempo?
—¿Quién emitió la convocatoria?
—El comandante de los caballeros.
Sovieshu…
Una idea desagradable cruzó por mi mente. Rápidamente regresé a mi habitación y fui al lugar donde tenía escondidas las cartas de Heinley. Si el comandante de los caballeros estaba involucrado en esto, podría haberlas tomado. Sovieshu usaría cualquier herramienta a su disposición para divorciarse de mí.
Traducido por: Valiz
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