La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 120
Algunos de los maestros que Sovieshu asignó a Rashta fueron también mis propios maestros.
—¡No puede ser!
El rostro de la Condesa Eliza se tornó pálido de ira al escuchar la noticia. Mientras tanto, yo relajaba mis pies en un baño de agua tibia.
—¿Qué pasó?
La Condesa Eliza trataba de calmarse mientras yo pedía más información a otro asistente.
Era de esperarse que Rashta recibiera lecciones, dado que no tenía conocimiento de la etiqueta de la corte, pero no esperaba que tuviera la misma educación que yo. ¿Realmente intentaba copiar mi formación? Además, ¿Cuántos maestros tenía en realidad?
—No es la educación de una princesa heredera, sino la misma que usted recibió cuando aún estaba bajo el cuidado del Duque Troby.
Ah... eso lo explicaba. Fue cuando era Princesa que mi educación coincidió con la de Sovieshu. Había supuesto que aquellos que enseñaban al Príncipe heredero y a la Princesa también instruirían a Rashta. Pero...
—Debe tener más de uno o dos maestros.
Eso era evidente. El asistente asintió.
—Tiene lecciones de etiqueta de la corte, danza, filosofía de vida, pintura, piano, y así sucesivamente. Todos de los maestros básicos de los jóvenes aristócratas sociales.
—Entendido.
Señalé que podía retirarse. El asistente salió de la habitación, y me recosté cómodamente en mi silla.
—¿Por qué esa mujer sigue imitándola, Su Majestad?
El rostro de la Condesa Eliza mostraba una fría ira.
—Primero copia su vestido, luego su educación.
Murmuré en respuesta.
—Quiere parecerse aún más a mí.
—¿De verdad lo cree?
Asentí. No era raro en la sociedad que alguien imitara la formación educativa de un modelo a seguir. Los educadores también ganaban prestigio cuando sus alumnos ascendían en la escala social. El sistema educativo que formó a la Duquesa Tuania y a mí se hizo famoso por esa razón.
Si Rashta fuera una aristócrata ordinaria, podría haberlo considerado adorable. Sin embargo, ella era la mujer que me arrebató a mi esposo. Un malestar y desagrado burbujeaban en mi interior. Sentía lo mismo que la Condesa Eliza al escuchar esta noticia...
Recordé el banquete especial durante la celebración de Año Nuevo, cuando Rashta imitó mis gestos y voz al saludar a los enviados. Ayer, la vi escribir algo en su libreta.
¿Hasta dónde llegará para imitarme?
En ese momento, ya no sentía el calor del agua. Terminé el baño de pies y llamé a Sir Artina.
—¿Cómo va la investigación?
Tan pronto como llegó, le pregunté por el Vizconde Roteschu y Rivetti.
—Nada relevante aún.
Sir Artina respondió en un susurro, y asentí indicando que podía retirarse.
El pensamiento de Rashta imitándome se cernía sobre mí como una nube. Entendía que no podía esperar resultados de una investigación en uno o dos días, y aunque se revelara un gran secreto, aún no sabía cómo manejarlo.
—Bueno... Su Majestad.
Sin embargo, en lugar de irse, Sir Artina habló con cautela. Lo miré con curiosidad mientras se acercaba y bajaba la voz de nuevo.
—No hay nada importante que informar, pero hay algo curioso.
—¿Qué es?
—Ha habido un número inusualmente alto de sirvientas y criados despedidos mientras trabajaban para el Vizconde Roteschu.
Como dijo Sir Artina, esto no era necesariamente condenatorio. Había muchos nobles cuya naturaleza exigente y dura provocaba una alta rotación de empleados domésticos.
—Entendido.
Asentí con cuidado, sin dejarme llevar por la debilidad de la información de Sir Artina. Pero sus palabras no terminaron ahí.
—Me acerqué a algunos de los despedidos por el Vizconde Roteschu y escuché una historia de una de las doncellas.
Bajó la voz aún más.
—Hay un área secreta en la mansión a la que solo los miembros de la familia y el mayordomo principal pueden acceder.
—¿Un área secreta...?
La Condesa Eliza intervino en la conversación.
—Pero Su Majestad, Sir Artina. Muchos nobles tienen áreas secretas en sus hogares.
Estuve de acuerdo con la Condesa Eliza. A menudo, los nobles tenían habitaciones o áreas secretas para esconder tesoros o reliquias familiares. Sir Artina también asintió.
—Sí, por eso no lo informé de inmediato.
—Entendido...
—Pero hay algo más extraño.
—¿Qué es?
—El Vizconde Roteschu tiene un bebé pequeño, pero nadie ha visto su rostro. Se cría únicamente en el área secreta.
Entonces no se trataba de un tesoro o reliquia... sino de una persona. ¿El bebé?
—Qué interesante.
Había escuchado que el Vizconde Roteschu había traído un bebé cuando se mudó a la mansión. ¿Sería ese mismo bebé? Intenté deducir algo: tal vez el bebé pertenecía a uno de sus hijos solteros, un sobrino o algún otro pariente lejano. Pero ¿Ocultar al bebé? Despertó mi curiosidad.
¿Estoy exagerando...?
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Cuatro días después del baile de debutantes, el Vizconde Roteschu finalmente se enteró de lo ocurrido allí. Rivetti trató de mantenerse en silencio, pero eventualmente no pudo contener su enojo.
—¡Yo solo estaba sentada, y Rashta me hizo quedar como una tonta! ¡Descubrió qué vestido llevaba y deliberadamente usó el mismo! ¿Cómo lo hizo?
Sin saber que su vestido había sido elegido por Rashta, Rivetti pensó que ella había conseguido la información de algún modo. El rostro del Vizconde Roteschu se tornó morado, y no le dijo a su hija que había chantajeado a Rashta para que le diera un vestido.
Al día siguiente, el Vizconde Roteschu confrontó a Rashta.
—¡Te dije que le dieras un vestido a mi hija para el baile de debutantes, no que la hicieras el hazmerreír!
Ante la furia del Vizconde Roteschu, Rashta simplemente permaneció sentada con su libreta pequeña.
—¡Rashta!
Cuando él le gritó, ella colocó su libreta boca abajo y ladeó la cabeza.
—¿Qué?
Al ver esto, el temperamento del Vizconde Roteschu aumentó.
—Haces una broma solo por un vestido. No saldrás de esto tan fácilmente.
—¿Quién le dio un vestido gratis cuando no tenía uno?
—¡¿?!
El Vizconde Roteschu retrocedió sorprendido al escucharla hablar con un tono tan calmado.
—Discuta con su hija, no con Rashta.
—¿Quién crees que manda aquí?
El Vizconde Roteschu estaba incrédulo. Era como si Rashta, no Rivetti, hubiera pasado un debutante.
Rashta se acarició el vientre creciente y sonrió con frialdad.
—Incluso si el pasado de Rashta se revela y pierde el favor, todavía tiene un bebé con la sangre de Su Majestad. Él la aceptará incluso si es una esclava.
—¡!
—Pero a usted no. Recuérdelo.
Traducido por: Valiz
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