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La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 117


Desilusionado por el fracaso de los abortivos, así como por la continua molestia hacia Navier, Koshar estaba más decidido que nunca a investigar a Rashta por su cuenta.

Navier había dicho:

—Incluso si te deshaces de Rashta, el Emperador traerá a una nueva concubina.  —¿Y qué importaba? Se trataba de deshacerse de ellas también. ¿Y si aparecía otra concubina más? Golpearla una vez más. Todos los emperadores tenían concubinas, pero ¿Qué importaba? Los emperadores no estaban casados con ellas.

—Hubiera sido más fácil si su esposo no fuera el Emperador.

Koshar mantuvo la vista fija en la nuca del Vizconde Roteschu mientras lo seguía. Después de varios días de investigación, Koshar sabía que el Vizconde Roteschu estaba ayudando a Rashta. De hecho, el Vizconde ni siquiera lo ocultaba, alegando que, como su error había causado problemas a Rashta, quería compensarla…

—De ninguna manera.

Justo entonces, el Vizconde Roteschu entró en una taberna. Koshar esperó un tiempo prudente afuera antes de entrar.

La taberna estaba llena de actividad y bullicio. La mayoría de los clientes eran plebeyos, pero como era un establecimiento antiguo, había algunos nobles dispersos.

El Vizconde Roteschu estaba sentado en una mesa, aparentemente disfrutando del ambiente. Tenía a dos amigos más sentados frente a él. La mesa frente a ellos estaba vacía, como si aún no los hubieran atendido.

Koshar intentó encontrar un asiento cercano, pero no había ninguno, así que se vio obligado a tomar una mesa en el segundo piso. No podía escuchar la voz del Vizconde, pero desde su nuevo punto de vista podía observarlo desde arriba.

—¿Qué desea ordenar, señor?

Un camarero que no parecía tener más de dieciséis años apareció a su lado. Koshar señaló hacia la mesa del Vizconde Roteschu.

—Lo mismo que ellos pidan.

El camarero giró la cabeza hacia donde Koshar indicaba.

—Es mejor si se sienta con ellos para conversar.

Koshar deslizó una pequeña joya al camarero, y los ojos del joven se agrandaron antes de guardarla rápidamente. A veces recibía propinas en monedas de plata, y una vez una moneda de oro, pero era la primera vez que recibía un pago tan generoso.

—Espere un momento. Le traeré su orden pronto.

El camarero hizo una rápida reverencia y se apresuró al primer nivel. Mientras Koshar observaba, pudo ver cómo el camarero deambulaba por el grupo de Roteschu y servía su pedido.

Finalmente, Koshar se relajó y se recostó en su silla, empezando a escuchar la conversación de los demás clientes.

Sin embargo, apenas lo hizo, no pudo relajarse.

—¿Entonces Su Majestad la Emperatriz…?

—Sí. La concubina del Emperador organizó una fiesta de té, y la Emperatriz celebró una el mismo día a propósito.

—Vaya. No lo puedo creer. ¿Entonces la Emperatriz la está acosando?

—Bueno, nadie asistió a la fiesta de la concubina.

—Una concubina es solo una concubina. Esas cosas pasan también.

—Claro. Pero la concubina es una plebeya como nosotros. Quizás la menosprecian por eso.

—Sí. Los nobles la atormentan y la ignoran.

—He visto a la concubina antes en un baile. Es un verdadero encanto.

—También he oído eso. Todos los nobles se comportaban de manera condescendiente, y ella era la única que se llevaba bien con el pueblo.

—Aunque no lo haya visto personalmente, es evidente cómo la tratan en el palacio.

—Estoy de su lado.

—Sí, la Emperatriz es simplemente una de esas personas.

Aunque sus oídos captaban conversaciones aquí y allá, estaba claro que la gente hablaba sobre el Emperador, la Emperatriz y la concubina.

Koshar estudió a las diversas personas que hablaban. Aproximadamente la mitad le parecían sospechosas. Algunos hablaban como si conocieran las intenciones de la Emperatriz y difundían hábilmente rumores de que ella era una acosadora. Sin embargo, aún más desagradables eran los rumores que empezaban a surgir.

—El Emperador es un cobarde y la Emperatriz es una mujer cruel.

—Si tienes una concubina, deberías protegerla adecuadamente.

—¿Cómo pudo una plebeya como Rashta convertirse en concubina? El Emperador debe haberla forzado.

—Quizás. La Emperatriz no lo sabe y solo atormenta a Rashta… tsk.

Al principio, Koshar sospechaba que eran enviados del Emperador, pero no parecía ser el caso, ya que también criticaban al Emperador.

—¿Fue ella?

Koshar apretó los puños.

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Habían pasado cuatro días desde la fiesta de té. El Marqués Farang vino a contarme los rumores que circulaban recientemente.

—Que ese rumor se esté difundiendo…

No era una historia agradable de escuchar. Me miró con simpatía mientras sorbía su café, luego dejó la taza y me hizo una confesión.

—Koshar lo oyó.

—Mi hermano…

Qué molesto debía ser para él escuchar tales calumnias contra su hermana menor. Me dolía el corazón.

El Marqués Farang continuó con voz vacilante.

—No se enoje, Su Majestad. Koshar escuchó los rumores, pero no hizo nada.

—… no estoy enojada. Estoy triste.

—¿Oh?

—De verdad.

El Marqués me miró, desconcertado, antes de hablar con cautela.

—¿Le gustaría que hiciera algo al respecto? Puedo hacer que Rashta parezca una mujer despreciable.

—Eso me consumiría.

—¿Cómo es eso?

—Algunos creerán nuestras palabras, pero otros creerán las de Rashta. Si eso continúa, luego surgiría la idea de que “ambas son iguales”, y la Familia Imperial se convertiría en un hazmerreír.

El Marqués se estremeció y murmuró.

—Pero no caerá en sus manos.

—La gente observará las acciones, no las palabras.

—Y sus acciones hablan por sí solas. Pero Su Majestad, la gente no cree en la perfección. ¿Siempre la admirarán si hace lo correcto? No. Y aunque la gente ama a los héroes, lo que les gusta aún más es un héroe caído.

—Marqués Farang. Esa mujer puede manipular la opinión pública para su propio beneficio, pero yo no puedo. Soy la Emperatriz, y debo pensar en mi país y mi pueblo.

No sabía si Rashta estaba detrás de esta nueva ola de rumores, o si era el Duque Elgy o el Vizconde Roteschu. Yo sospechaba del Duque Elgy. Sin importar quién fuera, los tres eran unos tontos.

—Ya sea que me presenten como la villana o a Rashta, al final el Emperador será visto como un hombre débil que cede fácilmente. Dañaría su dignidad. Una mala opinión pública dificulta el gobierno.

—¿Se preocupa por Su Majestad en medio de todo esto?

—Es una perspectiva a largo plazo.

¿Brillaría si Sovieshu se convirtiera en un Emperador incompetente? No. Si era destituido, yo sería una Emperatriz depuesta. Sin importar lo horrible que fuera, debía protegerlo mientras estuviera en el trono. Aunque me lastimara ahora mismo.

—Manténga un ojo en el Duque Elgy.

—¿Se refiere al mujeriego?

—Sí.

Traducido por: Valiz

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