La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 91
No podía creer lo que oía por un momento. Casi me reí, pero cuando vi los ojos del Gran Duque Kapmen, la risa murió en mis labios. Sus ojos hablaban claramente de su ansiedad. Un hombre que conocía por su franqueza y confianza ahora temía mi rechazo. Quizás era por la poción, pero en este momento era sincero. Un sentimiento de pesar se apoderó de mí.
Sin embargo… sacudí la cabeza.
—No.
—Su Majestad.
—Gran Duque Kapmen. Piense racionalmente. Está haciendo esto por la poción.
—Lo sé. Lo sé… estoy bien.
¿Lo estaba? Fruncí el ceño.
—No. No está bien.
—Son mis emociones. Depende de usted rechazarlo, pero por favor, no trate mis sentimientos con indiferencia.
—Gran Duque Kapmen. Lo conozco. Solo me está proponiendo esto por la poción.
—…
—Se sentirá culpable cuando su efecto desaparezca.
Hablé deliberadamente con una sonrisa, pero la expresión del Gran Duque Kapmen no se suavizó. Suspiré.
—No apueste su vida conmigo por lo que siente en este momento, Gran Duque.
—Cuando esta droga desaparezca, ¿Cómo puede estar segura de que mis emociones volverán a la normalidad?
—Al principio no le agradaba, ¿Recuerda?
—Son mis enemigos los que no me agradan.
—¡!
—Solo me sentía frustrado.
El rostro del Gran Duque Kapmen estaba cuidadosamente impasible, pero había algo en él que inspiraba lástima. Sin embargo, su propuesta no era algo que pudiera decidirse por simpatía o impulso. Deliberadamente aparté la mirada.
—Gran Duque Kapmen. Puede que lo que hago le parezca frustrante, pero… esta carga no es difícil de llevar para mí.
—¡!
—Admito que es doloroso que el Emperador ame a otra mujer mientras es frío conmigo. Pero soy la Emperatriz.
Dejé escapar un pequeño sonido ininteligible y volví a girar la cabeza.
—He vivido y aprendido para convertirme en Emperatriz toda mi vida. Este es mi sueño y mi realidad. No quiero perder mi vida solo por el sufrimiento que me está causando mi esposo.
Cuando el Gran Duque Kapmen habló, su voz estaba cargada de pesar.
—Es una gran convicción, pero peligrosa.
—¿Cómo es peligrosa?
—¿Qué hará si su esposo le pide el divorcio primero?
Eso no sucedería, pero él continuó antes de que pudiera responder.
—Tiene una identidad tan fuerte como Emperatriz. Pero si se divorcia del Emperador, ya no será la Emperatriz. Me temo que entonces se derrumbará.
Negué rotundamente sus palabras.
—Eso no sucederá. El Emperador no es un tonto.
Hablaba en serio. Sovieshu no carecía completamente de juicio razonable. Sin embargo, el Gran Duque Kapmen me refutó fríamente.
—Fue un tonto desde el momento en que se alejó de usted. Las personas adictas al amor tienden a actuar por impulso y a hacer cosas que normalmente no harían. Como cuando golpeé a su esposo.
—¡!
Dejó escapar un suspiro. Parecía que había más que quería decir, pero no lo hizo. En su lugar, hizo una pregunta con cautela.
—Antes de irme, ¿Podemos abrazarnos?
Un abrazo ligero era común entre los nobles, así que accedí. Tan pronto como di mi permiso, él avanzó y me envolvió entre sus brazos. Pero no era el tipo de abrazo que tenía en mente. ¿Dónde había quedado su actitud serena y reservada? Su abrazo era impaciente e intenso. Me faltaba el aire mientras me mantenía firmemente atrapada en sus brazos. Su frente tocó mi hombro.
Esto… esto no era un simple abrazo.
—Gran Duque.
—…
—Gran Duque Kapmen.
No creí que esto fuera una buena idea, así que pronuncié su nombre con cautela. Afortunadamente, se apartó. Cuando me soltó, su expresión estaba cuidadosamente controlada. Hizo una reverencia calmada y cortés, se puso el sombrero y caminó hacia la puerta. Echó una última mirada hacia atrás y luego se marchó.
Me desplomé en el sofá en cuanto se fue. ¿Podría ser la resaca de su torbellino emocional? Me sentía entumecida, pero no tenía el lujo de permanecer así por mucho tiempo.
—Su Majestad, Lord Koshar está aquí.
Quince minutos después de la partida del Gran Duque Kapmen, mi hermano mayor, Koshar, vino a verme.
—¡Navier!
Tan pronto como la Condesa Eliza abrió la puerta, mi hermano irrumpió en la habitación y me abrazó. Era tan fuerte como el Gran Duque Kapmen, pero sus brazos eran más reconfortantes. Cuando me quedé quieta, mi hermano apoyó la frente en mi hombro, igual que el Gran Duque Kapmen. ¿Era natural que las personas altas se posicionaran así?
—Navier. Tus hombros están húmedos.
Lo miré, confundida.
—¿De qué estás hablando?
—Hay algo de agua en tu hombro.
—¡!
Tan pronto como mi hermano se apartó, toqué con la mano el lugar donde el Gran Duque Kapmen había apoyado la frente. Estaba realmente húmedo.
—Ah…
¿El Gran Duque… lloró? ¿Lloró y luego se fue con el rostro completamente inexpresivo? Bajé la mano mientras mi corazón se hundía con pesar, y mi hermano me observó atentamente.
—Tienes un semblante sombrío, Navier. ¿Es por tu esposo y esa mujer?
—¿Eh?
—Cómo se atreve a hacerte tan miserable.
Levanté la mirada hacia mi hermano, sorprendida, y vi que apretaba los dientes mientras cerraba los puños con fuerza.
—Todos los plebeyos están hablando de tu esposo y la concubina.
—Ah…
Así que Koshar debía haber escuchado todo. Bajé la vista, insegura. No quería oír a mi hermano hablar sobre mi esposo enamorado de otra mujer. Por supuesto, sabía que en algún momento el tema surgiría, pero…
Tan pronto como bajé la mirada, vi unas bolsas de compras a los pies de mi hermano. Cambié deliberadamente de tema.
—¿Qué es eso?
—Regalos.
Mi hermano sostuvo las bolsas con delicadeza, como si estuviera entregándome una bomba, y me incliné desde el sofá para aceptarlas.
—¿Puedo abrirlas?
Sin embargo, mi hermano no respondió afirmativamente.
—Revísalas después. No voy a huir con los regalos.
Se quedó de pie frente a mí.
—Navier, ¿Dónde se está quedando esa mujer?
—¿Qué mujer?
—Oh, mi astuta hermana. ¿Dónde pretendes que no lo sabes? La mujer con el bastardo. Junto con ese maldito imbécil.
—¡Hermano!
Me puse de pie rápidamente y cubrí la boca de Koshar.
—Cuida tu lenguaje. Es peligroso.
El palacio tenía muchos oídos y ojos. Todos aquí eran mis asistentes, pero recordé que la Vizcondesa Verdi una vez había estado cerca de mí. Incluso mis propias damas de compañía podían traicionarme dependiendo de las circunstancias. Los ojos de mi hermano destellaron y apartó mi mano.
—Todo el mundo ya sabe que mi personalidad es basura. ¿Dónde están, Navier?
—¿Qué vas a hacer?
—Voy a matar a esos dos bastardos.
Mi mano voló de nuevo a su boca. Le lancé una mirada desesperada a la Condesa Eliza y ella hizo salir a todas las damas de compañía de la habitación. Una vez que se fueron, cerré la puerta con llave, empujé a mi hermano hacia el sofá y le susurré con voz baja y tensa.
—Ten cuidado, hermano. La gente buscará cualquier pretexto para atacarte.
—Lo digo en serio.
Respondió con firmeza, y sus ojos estaban afilados. Me preocupé. Parecía realmente decidido. Temía que mi hermano hiciera algo que no pudiera controlar.
Traducido por: Valiz
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